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jueves, 13 de enero de 2011

Hallan posible naufragio de cuatro siglos

Soriano. Un hecho fortuito llevó a encontrar elementos que abren una nueva puerta a la historia

Aún no puede afirmarse fehacientemente, pero los científicos estudian los restos de un posible naufragio que, a su vez, podría dar pistas sobre una ciudad perdida.

Aldo Roque Difilippo l MERCEDES
Restos. Estas cadenas están siendo analizadas para datar su antigüedad.
Restos. Estas cadenas están siendo analizadas para datar su antigüedad.
Buceando. Por vía subacuática se encontraron los primeros restos y se sigue investigando.
Buceando. Por vía subacuática se encontraron los primeros restos y se sigue investigando.
 
Un hecho fortuito, la búsqueda de un cuchillo caído al agua, derivó en el hallazgo de lo que podría presumirse un naufragio de hace algunos cientos de años. Aunque todavía los elementos encontrados no permiten aventurar fehacientemente que las cerámicas, restos de botellas, clavos e incluso lastres de piedra y de metal correspondan a un barco que naufragó en esa zona, se abre para los técnicos, una posibilidad importante de investigación y de exploración.
El hallazgo se produjo en un lugar clave de Soriano, la desembocadura del arroyo Espinillo con el río San Salvador, donde en 1527 Sebastián Gaboto estableció un puerto o fuerte del San Salvador, primera incursión española en tierra firme. Un año después, en 1528, allí se realizó la primera plantación de trigo en América. Años más tarde por esa zona también estuvo la Ciudad Zaratina, de la cual se tienen solamente registros escritos pero ninguna referencia física.
La Comisión Nacional de Patrimonio dispuso que tres técnicos, especialistas en arqueología submarina, llegaran hasta el lugar y realizaran la exploración de la zona, acompañados de técnicos locales y de autoridades departamentales. En una primera exploración pudieron encontrarse restos de cerámica europea, botellas de vidrio soplado (lo que estaría dando una aproximación histórica del hallazgo), algunos clavos, cadenas y un par de lastres, lo que haría presumir que se trata de un naufragio.
Uno de esos lastres es un lingote de metal y el otro es un enorme granito que por su característica no corresponde a material geológico de la zona. Además se encontró una especie de polea o trozo mecánico que podría corresponder a una pieza de un barco de principios del siglo XX, por lo que los técnicos se encuentran abocados a clasificar y datar el material para poder determinar fehacientemente a qué etapa corresponde cada uno.
Paralelo a ello se iniciaron los trabajos de conservación del material encontrado, especialmente los hierros, para evitar su degradación al tomar contacto con el aire. En posteriores exploraciones en esa zona los buzos intentarán determinar si debajo del lastre encontrado existen vestigios de madera, lo que sería un indicio fehaciente de que se trata de un naufragio.
Aunque un comunicado emitido por la Intendencia de Soriano se aventuró a afirmar que se trata de "hallazgo de barcos históricos de fines del siglo XVII y principios del XVIII", el arqueólogo Aparicio Arcaus prefirió no fijar ninguna fecha hasta no continuar con los trabajos exploratorios de esa zona y de terminar de relevar y chequear el material recogido. Lo cierto es que se trata de un significativo hallazgo para esa zona del departamento, que pauta la presencia europea en los años de la conquista española.

El hallazgo

El arqueólogo Aparicio Arcaus del Museo Paleontológico Alejandro C. Berro de Mercedes comentó a LA REPUBLICA las características de este hallazgo y las perspectivas de investigación que se abren.

­¿Qué características tiene este hallazgo?
-Fue casual, por parte de dos buzos de Dolores, Alfonso Quian y José Luis Gómez, que buscando un cuchillo se tiraron a bucear en el arroyo Espinillo y después en el San Salvador, y realizaron un hallazgo interesante de material colonial, en general, que fue lo que derivó en nuestra presencia en toda la zona.

­Se encontraron metales, cerámica y algún indicio, ¿de que podría tratarse? ¿de un naufragio?
­Sí apareció cerámica, claramente de torno, que corresponde a la traída por los europeos; no es de aquí. También algunos restos de vidrio y de metales de elementos domésticos y de uso cotidiano. Después, probablemente, y subrayo esto, aparecieron algunos elementos que darían el indicio a un posible naufragio. Pero esto está en una etapa de evaluación superprimaria. No se puede ser concluyente.

­El Ministerio de Educación y Cultura mandó tres técnicos para trabajar en la zona. ¿Se va a recibir apoyo económico para seguir con la investigación?
­El Ministerio, sobre todo a través de la Comisión de Patrimonio, nos envió los técnicos. Entre las tres instituciones participantes, la Intendencia, Prefectura y la Comisión de Patrimonio, estamos desarrollando un plan de trabajo y viendo de dónde van a venir los recursos para continuar con la investigación.

­¿Cuál será el destino de estos materiales?
­La voluntad de las personas que lo encontraron es que queden en el Museo Lacan- Guazú de Dolores. A partir de eso desde el Museo Berro y desde la Comisión de Patrimonio se les va a brindar el asesoramiento técnico en cuanto a catalogación, inventario, conservación y exhibición de los materiales.

­Hay un viejo proyecto en Dolores de dar con un indicio de lo que fue la Ciudad Zaratina. ¿Esta podría ser una de las puntas para llegar a ubicarla?
­Hay una iniciativa de gente vinculada a la historia de hacer una puesta en valor de lo que fue el fuerte San Salvador y la Ciudad Zaratina. Hay que recordar que por el año 1986 u 87, ese lugar fue objeto de excavaciones realizadas por el arqueólogo Arturo Toscano, que recabó materiales y realizó una publicación que refieren a la posible ubicación del fuerte San Salvador. Es un lugar que tiene mucha historia, con un potencial enorme si se lograra profundizar un poco más en las investigaciones, porque sería el primer asentamiento español en nuestra zona. Nuestra intención es integrar todo el proyecto en ese plan de trabajo: lo del fuerte San Salvador con la arqueología subacuática.

­Por el movimiento del río en el correr de los años, ¿podría aventurarse que este descubrimiento corresponda a un asentamiento humano?
­Justamente, las etapas posteriores que estamos iniciando ahora son el estudio de la evolución del paisaje, lo que nos va a permitir ver ese tipo de cosas. No es de descartar que las costas se muevan, más en un río tan meándrico como el San Salvador. No es de descartar que eso en algún momento haya estado seco. Pero esos temas se resuelven con aproximaciones de fotografía aérea y estudios de aproximación del paisaje, que es lo que estamos encarando ahora.

-Alguno de los materiales encontrados serían del siglo XX.
­Sí, en el sitio tenemos lo que se llama un palimpsesto, una mezcla de materiales de distintas cronologías, que por la dinámica del propio sitio es muy factible que se hayan mezclado. Lo que vamos a intentar en las próximas intervenciones es acotar cronológicamente cada uno de los materiales.

­En un hallazgo de estas características, es decir menores a 500 años, ¿qué margen de error puede llegar a tener la datación de estos materiales?
­El Carbono 14, que es la técnica que se utiliza más comúnmente en fechas tan recientes, tiene un margen de error importante, porque no llega a medir bien los materiales históricos, pero hay otras técnicas como la dendrocronología, en el caso de que apareciera alguna madera, con que se puede estudiar la edad. La cerámica también se puede datar mediante otras técnicas.

Fuente: http://www.larepublica.com.uy/comunidad/437769-hallan-posible-naufragio-de-cuatro-siglos

jueves, 12 de agosto de 2010

ARCHEOSUB – LE ANFORE (seconda parte)

A cura di Ivan Lucherini
colophon_ivan_lucheriniQuando nel 146 a.C. Roma al termine della terza guerra punica, rade al suolo Cartagine, la Città eterna è impegnata anche sul fronte orientale della Grecia per ottenere il dominio del Mediterraneo. La costruzione di un impero, come sarà quello romano, è cosa impegnativa e richiede grossi sforzi organizzativi. Migliaia di soldati e di coloni che si spostano per sostenere questo sforzo bellico e di occupazione stabile dei territori, richiedono consistenti approvvigionamenti di materiali e di provviste alimentari. Il vino prodotto nella penisola italiana, dalle fattorie condotte utilizzando la manodopera schiavile, proveniente dalle regioni conquistate, ormai assurge alla qualità e al prestigio che noi oggi riconosciamo ai vini DOCG a denominazione d’origine controllata e garantita e figura fra i prodotti più richiesti in tutti gli stanziamenti più esterni al costituendo impero. Siamo nella seconda metà del II° secolo a.C. e l’anfora greco italica, nata ad imitazione dei contenitori provenienti dalla patria del simposio, la Grecia, nella sua forma tarda viene soppiantata da un altro contenitore, più adatto al trasporto, maggiormente affusolato, anche leggermente più alto: l’anfora Dressel 1.
 
 



anfore Dressel 1
anfore Dressel 1
La cronologia di produzione e diffusione di questo importantissimo testimone del commercio mediterraneo, va dalla seconda metà del II° secolo a.C. a tutto il I° secolo a.C. e dimostra come il vino, prodotto nelle regioni centro italiche, sia apprezzato ormai in tutto il vasto territorio conquistato dai romani: dalla Gallia alla Gran Bretagna, dalla Spagna ai territori del centro Europa.


Dell’anfora Dressel 1 ne sono state classificate tre varianti denominate A, B e C che si distinguono fra loro per alcune differenze morfologiche. Tutti i tre tipi hanno corpo ovoidale, lungo collo e anse anch’esse lunghe, a bastone, che partono sotto l’orlo e poggiano sulla spalla, che nel tipo C è più arrotondata mentre nei tipi A e B mostra una più evidente carenatura. L’altezza media di queste anfore va dai 100 ai 120 centimetri. Risultano più basse le tipo A circa 100 centimetri rispetto ai tipi B e C che possono arrivare ai 120 centimetri. Questa forma di contenitore anforario prodotto nei territori della penisola italiana fu imitato da figline delle provincie romane della Betica, della Narbonese e della Tarraconese.
 
 



anfora Dressel 1b
anfora Dressel 1b
Nella penisola iberica nasce su un evoluzione della Dressel 1B, la Pascual 1 che, oltre alla associazione per il prodotto trasportato è accomunata, al tipo precedente, dal medesimo orlo a fascia verticale svasato. Quest’anfora è diffusa nel mediterraneo dalla metà del I° sec. a.C. alla metà del successivo. Fu prodotta, in origine, in centri situati lungo la costa nord orientale della penisola Iberica. Successivamente se ne produssero altri esemplari nel sud est della Gallia.


Gli archeologi, studiando la distribuzione dei bolli impressi sui contenitori da trasporto prodotti dalle fornaci della regione del basso Ebro, hanno potuto definire che le anfore del tipo Pascual 1 viaggiavano nello stesso periodo e nelle stesse stive delle navi che trasportavano anche anfore Dressel 2/4 e Dressel 7/11; in particolare la figlina dell’Aumedina, vicino a Tarragona, utilizzò il bollo “TIBISI” per identificare tutti e indistintamente i tre tipi di anfore, certamente destinate a trasportare diversi prodotti, vino per la Pascual 1 e la Dressel 2-4 e salse di pesce per la Dressel 7-11. La distribuzione geografica dei ritrovamenti delle anfore Pascual 1, allo stato attuale delle conoscenze, comprende il solo Mediterraneo occidentale, con attestazioni lungo la costa della Catalogna, nel golfo di Leòn e nell’Italia tirrenica; precisamente a Empuries, Port la Nautique, Fos, Marsiglia, Sainti Cyr sur Mer e Pompei.
Il rinvenimento di questi contenitori a Pompei è attestato anche da altri esemplari con bolli diversi, come “C.MVSSIDI NEP”, quest’ultimo rilevato anche su un esemplare messo in luce dagli scavi nei magazzini di Ostia, che va a completare, la presenza, fino ad oggi accertata, insieme ad un altra Pascual 1 con il bollo impresso “M.PORCI” anch’esso presente a Pompei, di questo tipo di contenitore anforario sul suolo italiano. Nelle figline presenti nella penisola italiana l’evoluzione delle Dressel 1 prende il nome, nella primigenia classificazione anforaria, di Dressel 2-4 anch’esse destinate al trasporto del vino.
Questa forma, leggermente più bassa della progenitrice, presenta una spalla carenata, collo cilindrico più corto che nella Dressel 1, anse bifide, a volte con gomito arrotondato. Questo tipo di anfora è prodotta nelle figline delle regioni italiane costiere del Tirreno a partire dalla seconda metà del 1° sec. a.C. E fino a tutto il 1° sec. d.C. La sua diffusione è prevalentemente nel bacino Mediterraneo occidentale, lungo le coste italiane, in Francia e Spagna.
Negli stessi anni di diffusione della Dressel 2-4, arriva dalla Betica, all’estremo sud della penisola Iberica, l’anfora Dressel 7-11. In verità il Dressel quando compilò la suo famosa classificazione riconobbe questo tipo di anfora in ben 5 modelli diversi. Successivamente l’evoluzione degli studi, raggruppò questi cinque modelli in cinque varianti dello stesso tipo di contenitore. Il prodotto trasportato erano le salse di pesce. La Dressel 7-11 presenta un corpo ovoidale con una rastrematura superiore o meglio un allargamento della parte inferiore del corpo stesso, puntale alto e vuoto, orlo estroflesso e a volte modanato. L’altezza era di circa 85/90 centimetri.
 
 



anfora Pascual 1
anfora Pascual 1
Il vino della Gallia meridionale viaggia fra il I° e il III° sec d.C. In anfore ceramiche con un puntale particolare che le rende certamente identificabili: le Pelichet 47, anche riconosciute con il nome di Gallica 4. Queste anfore con il corpo piriforme e rastremato verso il puntale, avevano un collo corto, un orlo ad anello e piccole anse con scanalatura mediana. Erano piccole, 60, 65 centimetri e adatte, per questo, anche a trasporto su chiatte o su carri.


Uno dei prodotti più diffusi, nel mercato gestito dall’autorità romana, era l’olio. Serviva per cucinare ma anche per illuminare. Nella logica del nascente impero dove, allora come oggi, in Italia, pane e circo erano necessità assolute, l’olio era un prodotto che non doveva mancare alle centinaia di migliaia di cittadini romani presenti nell’urbe.
Roma, dopo aver sconfitto Cartagine e dopo essersi impossessata nell’ordine della Sardegna, della Penisola Iberica e di quelle che diverranno le provincie africane, trova ovvia soluzione al problema: importare nella capitale tale prezioso elemento in quantità industriali. Arriva così nella capitale l’anfora Dressel 20. Diffusa dal I° al III° sec. d.C. in tutto il Mediterraneo occidentale è prodotta nella Betica e ha un altezza di circa 75 centimetri. Ha un corpo tozzo e rotondo, molto pesante, circa 23 chilogrammi a vuoto, un puntale appena accennato e collo breve.
Le anse sono a forma di bastone molto spesse, innestate da sotto l’orlo alla spalla. A Roma ne arriveranno talmente tante che i frantumi dei contenitori Dressel 20 a perdere formeranno negli anni una collina artificiale: il monte Testaccio….


ARCHEOSUB – LE ANFORE (terza parte)

A cura di Ivan Lucherini
colophon_ivan_lucheriniL’epilogo del I° millennio a.C. accompagna storicamente e politicamente Roma, nel passaggio dall’epoca repubblicana a quella imperiale. L’ultimo secolo di quel millennio, il I° a.C. è il teatro di furiose lotte per il potere e in questo scenario, delle gesta di personaggi mitici della storia dell’Urbe, primo fra tutti Gaio Giulio Cesare, eletto console per la prima volta nel 59 a.C. Al termine del suo mandato annuale, nel marzo del 58 a.C Giulio Cesare concepisce e attua, con l’avvallo del Senato di Roma, una politica imperialistica di espansione sistematica della città eterna verso i territori della Gallia, con escursioni in Britannia e nelle terre al di là del fiume Reno, oltre il confine naturale delle Alpi.
Dieci anni più tardi, al suo rientro in Italia, dopo le vittoriose campagne militari, assurge agli occhi del popolo romano all’ideale del leader, personaggio carismatico e fondamentale per il raggiungimento del benessere e della sperata pacificazione in tutte le province. L’assassinio nel 44 a. C. del dittatore acclamato solo pochi giorni prima, scatena una lotta senza quartiere che si concluderà solo dopo la battaglia di Azio del 31 a.C. con il figlio adottivo di questi, Ottaviano proclamato dal Senato di Roma, Augusto, primo imperatore.
 



il carico delle anfore su una nave
il carico delle anfore su una nave

Queste vicende si inquadrano nell’arco cronologico che va dalla distruzione di Cartagine operata nel 146 a.C. alla fine del primo secolo a.C., dove pressante e continua era la necessità della Repubblica prima, e dell’Impero poi, di appezzamenti di terreno da assegnare ai veterani-coloni che avevano combattuto nelle campagne militari di Roma. Il nascente Impero troverà nella provincia Africana ampio soddisfacimento a queste istanze.


In breve tempo, nel solo volgere di poco più di cento anni dal 146 a.C. al 27 a.C. anno in cui Ottaviano assurge alla carica di Augusto, l’ Africa vetus associata alla Numidia diverrà Africa Proconsolare, una nuova provincia, considerata a ragione, il granaio dell’Impero. La produzione agricola e alimentare delle province africane, a cui si sono nel frattempo, aggiunte la Mauretania Cesariense e Mauretania Tingitana, comprende oltre che i cereali che viaggiano verso la capitale, presumibilmente in sacchi, anche l’olio e le salse e derivati di pesce.
Le province africane invadono il mediterraneo, verso i ricchi mercati della capitale e in genere della penisola Italiana, con i loro prodotti di prestigio e l’ormai ambito e richiestissimo garum. I primi secoli dell’Era di Cristo vedono così fiorire, in queste province, la produzione dei contenitori ceramici per il trasporto dell’olio: parliamo delle Anfore Tripolitane conosciute in tre varianti. L’A. Tripolitana I attestata a partire dal I° secolo d.C. e fino alla metà del II°, ha corpo cilindrico con un altezza variabile dai 95 ai 110 cm., il collo troncoconico si innesta nel corpo con un deciso stacco, l’orlo è a doppio gradino, le anse sono a nastro e il puntale cavo.
L’argilla è color rosso arancio e presenta una spessa ingubbiatura chiara sulla superficie. L’A. Tripolitana II° si diffonde prevalentemente a livello regionale e si differenzia dalla precedente per un collo meno pronunciato, e le anse presenti direttamente sul corpo dell’anfora anziché sulla spalla; l’altezza è di 115 cm. ed è attestata la sua presenza fino a tutto il IV secolo. L’A. Tripolitana III ritorna ad avere le anse sulla spalla ad innestarsi al di sotto dell’orlo e vede, a differenza delle due precedenti, la sua diffusione in tutto il bacino del mediterraneo fino alle regioni dell’Europa centrale a partire dall’inizio del III° secolo e per tutto il IV°. Il 193 d.C. vede salire al ruolo che fu di Augusto, il primo imperatore africano: Settimio Severo. 
 



anfora Tripolitana III - III e IV secolo
anfora Tripolitana III - III e IV secolo
Con la dinastia dei Severi Roma conosce una serie di distribuzioni gratuite di olio alla plebe nel corso del III° secolo, consentita anche dalla veicolazione di questo prodotto attraverso l’uso di anfore Africane nella variante definita -Africana Piccola- e in quella chiamata -Africana Grande-. Diffuse in tutto il bacino del mediterraneo occidentale dal II° al V° secolo d.C. questi contenitori erano fabbricati nella Byzacena e nella Zeugitana (grosso modo l’attuale Tunisia) gli archeologi ne hanno trovati in enorme quantità in moltissimi siti del mediterraneo occidentale.


L’africana Piccola o anche Africana I è alta circa 90/95 cm con un corpo cilindrico allungato, collo breve e orlo estroflesso, piccole anse a bastone appiattito dal collo alla spalla del contenitore e puntale cavo; l’argilla è rossa, tendente allo scuro, con sovente una ingubbiatura chiara all’esterno. L’Africana grande o Africana II differisce dalla sorella sopratutto per l’altezza che può raggiungere i 110 cm. Dall’inizio del IV° sec d.C.
Alla metà del V° dalle stesse zone di produzione delle Africane I e II vediamo la nascita delle Anfore cilindriche di medie dimensioni (classificazione Keay XXV, 1-3) sempre con corpo cilindrico, un collo più allungato delle precedenti, puntale più marcato, altezza di 100/110 cm con un’argilla rossastra e una ingubbiatura chiara. L’invasione Vandala dei territori africani a partire dalla prima metà del IV° secolo di fatto non produce un interruzione delle produzioni e delle esportazioni ma piuttosto un suo ridimensionamento e così assistiamo alla nascita delle particolarissime anfore chiamate Spateia, con un corpo assolutamente affusolato e collo e puntale allungati.
Queste anfore danno l’idea del ridimensionamento della necessità di trasportare grandi quantità di prodotto. Hanno un altezza molto variabile e si prestano per trasportare olio ma anche olive, conserve di pesce e vino. Sono diffuse dal IV° al VII° secolo sia nel bacino del mediterraneo sia nelle regioni Europee occidentali e orientali.
Termino questo terzo contributo sulle anfore da trasporto con una menzione speciale per il tipo Keay LII diffusa fra il IV° e il VII° secolo in molti centri del mediterraneo. Trasporta vino ed è prodotta nel meridione d’Italia, sopratutto in Calabria. Si caratterizza dalle sue ridotte dimensioni con un’altezza di soli 40 cm. corpo ovoide e fondo ombelicato, anse a sezione ovale a bastone e colori variabili dal beige rosato al marrone. 
 



anfora Keay LII
anfora Keay LII
Scrivendo queste ultime due righe mi sono domandato: ma perchè proprio concludere con la Keay LII? Per due motivi, fondamentalmente. Il primo per fornire un attestato di gratitudine agli straordinari lavori di scavo della Cripta Balbi, in cui si sono trovati frammenti di queste anfore a testimoniare la presenza, ancora in una fase tardo antica e alto medievale, dell’esistenza di un commercio, sia pure in scala ridotta, del vino verso Roma, non più capitale di un grande impero ma ormai piccola cittadina di un mondo in vorticoso divenire. La seconda motivazione è assolutamente attuale: riconoscere un tributo ad una regione italiana, la Calabria, oggi tanto funestata dalle recenti vicende legate alle navi dei veleni.



Ovviamente l’excursus tipologico sulle anfore che sono circolate nel mediterraneo nei due millenni avanti e dopo Cristo non può esaurirsi in questi tre contributi. Penso alle late roman, ai dolia, alle anfore provenienti dal bacino orientale del mediterraneo nella tarda antichità e nel corso dell’alto medioevo. I lettori che volessero avere maggiori informazioni e ragguagli possono contattarmi per approfondimenti e chiarimenti, sarò lieto di scambiare con loro opinioni e raffronti.

IL CENSIMENTO DEL PARKER. QUANTI RELITTI ANCORA DA SCOPRIRE NEL MEDITERRANEO? (parte prima)

A cura di Ivan Lucherini
il volume di Parker
Risale al 1992 l’opera – non ancora sostituita da una riedizione riveduta e aggiornata – di A.J. Parker, Ancient Shipwrecks of the Mediterranean and the Roman Provinces[1]: pubblicazione riportante il catalogo dei ritrovamenti subacquei nel bacino del Mediterraneo, nel mar Nero e in generale nelle provincie romane. Sono trascorsi ormai 18 anni, e da allora abbiamo potuto inserire nell’elenco degli antichi relitti o giacimenti archeologici presenti nel mar Mediterraneo e mar Nero, fra le altre e a puro titolo esemplificativo: le navi di Olbia[2], quelle di Pisa[3], tutte le risultanze delle ricerche effettuate sotto l’egida del Ministero per i Beni Culturali con il progetto Archeomar[4] (con oltre 287 siti censiti nelle 4 regioni di Puglia, Basilicata, Calabria e Campania, di cui oltre 100 inediti), le 5 navi onerarie di Ventotene (balzate ai clamori del grande pubblico nell’estate del 2009), e ancora ammassi d’anfore, statue in bronzo, elementi architettonici in marmo e quant’altro si possa scoprire, come è ovvio che sia, nel progredire della ricerca archeologica subacquea. Al momento non si ha notizia della pubblicazione di un eventuale aggiornamento di quella edizione e, giocoforza, si devono basare sui dati in essa contenuti i concetti enunciati ed elaborati nel presente lavoro. Sarebbe comunque auspicabile che qualche studioso ponesse mano a quello che per molti versi sarebbe un lavoro preziosissimo di aggiornamento e riordino delle segnalazioni archeologiche sommerse in questi mari, che hanno visto la genesi di buona parte della storia antica. A onor del vero, sul bel manuale a firma di Roberto Petriaggi e Barbara Davidde[5] possiamo trovare, nel secondo capitolo, sotto il titolo “Gli sviluppi recenti dall’archeologia subacquea nei paesi Mediterranei dal 1980 ad oggi”, una raccolta di informazioni divise Stato per Stato, fra quelli che si affacciano sul nostro mare. Ciò nonostante, l’auspicio che qualche studioso di archeologia subacquea elabori una nuova e aggiornata raccolta di dati rimane comunque attuale.
le anfore fanno ormai parte integrante del fondale
Fra i molteplici dati che si possono desumere dalla consultazione del lavoro del Parker, vi è una tabella che suddivide per gruppi, in base alla profondità di giacitura, gli oltre 1.189[6] relitti antichi in esso censiti[7]. La suddivisione considera i relitti giacenti in luoghi semi-asciutti, ovvero non attualmente immersi, ma con caratteristiche che possano far ipotizzare un passato di immersione; i relitti giacenti su fondali da 0 a 15 metri; i relitti ritrovati nella fascia batimetrica compresa fra i 15 e i 30 metri; i relitti affondati in aree dove la profondità va dai 30 ai 60 metri; infine quelli individuati oltre tale soglia. Come si potrà immediatamente notare, i relitti ritrovati sulle spiagge (anche per evidenti ragioni di riutilizzo dei materiali, depredazione o rimozione ai fini della sicurezza) sono in un numero fortemente limitato rispetto alla panoramica complessiva, con una percentuale pari al 4,037% del totale censito. Analogamente, i relitti affondati oltre i 60 metri di profondità e conosciuti dal Parker assommano a sole 47 unità, con una percentuale sul totale analoga al caso precedente: 3,952%. La tabella riportata qui di seguito evidenzia meglio di qualunque descrizione tali dati[8]:
TABELLA 1
A.J.Parker 1992 Tabella 1 Depth and Condition
Profondità
totali
A secco o nel limo
48
Poco profondo (0 – 15 metri)
336
Mezza profondità (15 – 30 metri)
166
Profondo (30 – 60 metri)
236
Molto profondo (oltre 60 metri)
47
Profondità sconosciuta
356
Totale relitti censiti
1.189

sommozzatori dei carabinieri risalgono con un reperto
Il dato di fatto che, come i relitti asciutti, quelli posti a grande profondità siano relativamente scarsi nel lavoro del Parker, si giustifica tranquillamente considerando che le quote operative dei subacquei ricreativi (spesso autori delle scoperte e delle relative denunce) e quelle dei corpi specializzati subacquei delle forze dell’ordine, rientrano nella massima profondità batimetrica di -50 metri. Oltre questa soglia, fino a poco tempo fa, ci si poteva immergere, ma solo con l’ausilio di sofisticate attrezzature e con un sistema di sicurezza complesso (ad es., attraverso l’utilizzo di campane batimetriche, camere iperbariche, navi appoggio dotate di gru di sollevamento per la campana, compressori e generatori di corrente ed altre sofisticate apparecchiature), il che lasciava di fatto tale prerogativa ai soli operatori professionali definiti di alto fondale e per scopi diversi e molto più redditizi dell’archeologia subacquea, come le trivellazioni e lo sfruttamento estrattivo dei fondi marini. Considerando appunto la quota di profondità di 50 metri come un confine fra la subacquea sia ricreativa[9] sia professionale in basso fondale e la subacquea professionale di alto fondale, ho provveduto a estrapolare dal totale delle schede presenti nel lavoro del Parker tutti quei ritrovamenti o relitti giacenti ad una profondità superiore ai 50 metri. Ne è derivata la tabella qui sotto riportata:

TABELLA 2
Dati derivanti dall’analisi delle profondità delle 1.189 schede di segnalazione per i relitti Mediterranei – A. J. Parker 1992
Profondità
totali
Oltre 50 metri e fino a 60 metri
40
Oltre 60 metri e fino a 70 metri
11
Oltre 70 metri e fino a 80 metri
11
Oltre 80 metri e fino a 90 metri
4
Oltre 90 metri e fino a 100 metri
7
Oltre 100 metri e fino a 120 metri
0
Oltre 120 metri e fino a 150 metri
0
Oltre 150 metri
7
Totale
80

un campo d'anfore integro, certamente su alto fondale (foto Gianni Roghi - relitto di Albenga)
Come si può osservare, il numero delle evidenze archeologiche diminuisce sensibilmente oltre i 60 metri fino a scomparire nella fascia di profondità ricompresa fra i 100 e i 150 metri, per poi riprendere una qualche consistenza (7 su un totale di 1189, pari dunque allo 0,59%) con le segnalazioni derivanti da ritrovamenti fortuiti contestuali a lavori di monitoraggio in alto fondale, non connessi quindi con la ricerca archeologica subacquea[10]. Da queste osservazioni si può ricavare quindi il principio generale che, laddove la presenza diretta dell’uomo in immersione, o attraverso l’uso di telecamere subacquee o sofisticati sistemi di rilevazione del fondo[11], si è fatta decisamente rara o inesistente, altrettanto rare e sporadiche sono le segnalazioni contenute nel Parker, a dimostrare una evidente lacuna di tale ricerca, generata – come si può facilmente intuire – dalla mancanza di informazioni relative ai giacimenti in alto fondale[12].
Proseguo l’analisi del corposo lavoro del Parker commentando la tabella 3 con la suddivisione dei relitti censiti e raggruppati per singolo Stato affacciato sul mare Mediterraneo e sul mar Nero, che qui riporto per comodità di lettura in un mio estratto tradotto in italiano ed allegerito dei dati non riferiti ai suddetti due mari:

TABELLA 3
Numero di relitti per ogni Stato – A. J. Parker 1992
Italia
 428
Francia
282
Spagna
134
Croazia
92
Grecia
84
Turchia
63
Israele
31
Cipro
15
Malta
12
Libano
9
Bulgaria
8
Marocco (con il Belgio )
7
Libia, Siria e Tunisia (con la Svizzera )
6
Algeria e Monaco
4
Romania
3
Egitto
2
Montenegro (con Georgia, Ungheria, Sudan e Ucraina)
1


Se consideriamo questi dati e li rapportiamo alle estensioni costiere dei singoli Stati che si affacciano sul mare Mediterraneo e sul mar Nero, possiamo sicuramente affermare che per alcuni di essi, grazie alla comparazione dei coefficienti generati da questa elaborazione, si evidenzia uno sforzo della ricerca maggiore rispetto ad altri Stati dove, probabilmente, tutto è stato lasciato alla casualità e alle circostanze.


[1]    A.J. Parker, Ancient Shipwrecks of the Mediterranean and the Roman Provinces, Oxford (BAR International, Series 580), 1992. E’ intrinseco e scontato che un elenco di ritrovamenti archeologici subacquei, soprattutto esteso su un tratto di mare così vasto come il Mediterraneo e il mar Nero, oltre a tutte le notizie riferite alle province romane, subisca l’invecchiamento dei dati generali nell’evoluzione della ricerca successiva alla sua pubblicazione, dove si vanno ad aggiungere nuove evidenze archeologiche, nuovi ritrovamenti, nuove segnalazioni, nuove e più approfondite notizie del patrimonio archeologico subacqueo già censito.
[2]    Si vedano i numerosi lavori di Ruben D’Oriano sull’argomento.
[3]    A. Camilli, A. De Laurenzi, E. Setari (a cura di), Pisa: un viaggio nel mare dell’antichità, Milano, MIBAC Soprintendenza per i Beni Archeologici della Toscana e Mondadori Electa s.p.a., 2006.
[4]    www.archeomar.it.
[5]    R. Petriaggi, B. Davidde – archeologia sott’acqua – 2007 Pisa, Siena – Fabrizio Serra editore.
[6]    In realtà le schede informative del Parker assommano al totale di 1.259 ma in questo lavoro, stiamo considerando solo le schede riferibili ai 1.189 siti nel Mediterraneo.
[7]    Va ricordato che l’arco cronologico preso in esame raggruppa interi relitti e evidenze archeologiche  ricomprese fra il 2.200 a.C. e il 1.500 d.C. quindi tutto l’evo protostorico, storico, tardo antico e medievale. Sono evidentemente esclusi i relitti appartenenti alle diverse epoche successive alla scoperta dell’Americhe da parte di Cristoforo Colombo.
[8]    A. J. Parker 1992 Tratta e tradotta dalla table 1 Depth and Condition pag. 5.
[9]    In realtà per la subacquea ricreativa le varie agenzie didattiche e gli stati o regioni che hanno normato al riguardo, hanno convenzionalmente stabilito in 40 metri, il limite massimo di profondità operativa. Si vedano, una per tutte, la Legge Regionale n° 9 /1999 recepita nella successiva Legge Regionale 20/2006 della Regione Autonoma della Sardegna.
[10]  In effetti le 7 schede raggruppano relitti o evidenze archeologiche poste a profondità comprese  fra i 240 metri e i 2.385 metri, tali da desumere sostanzialmente che le informazioni derivano da monitoraggi del fondale eseguiti in contesti diversi e giustificati da esigenze diverse dall’archeologia subacquea.
[11]  Si veda al riguardo il successivo capitolo 10.
[12]  Definendo con questo termine le profondità con batimetria oltre i 50 metri.

fuente:  http://www.sottacqua.info/2010/06/il-censimento-del-parker-quanti-relitti-ancora-da-scoprire-nel-mediterraneo-parte-prima/

IL CENSIMENTO DEL PARKER. QUANTI RELITTI ANCORA DA SCOPRIRE NEL MEDITERRANEO? (parte seconda)

A cura di Ivan Lucherini
una nave di epoca romana, tante sono ancora quelle che nascondono segreti affascinanti per lo studioso
È possibile un raffronto fra quegli Stati che hanno adottato nel tempo una politica di implemento della ricerca scientifica archeologica con altri dove la presenza di evidenze archeologiche subacquee è nota solo grazie alla buona volontà dei cittadini che ne hanno denunciato i ritrovamenti. Nella successiva tabella, da me elaborata, ho posto a confronto, appunto, il numero dei relitti segnalati per singolo Stato in rapporto all’estensione in km di costa dello Stato in esame. Ne è derivato quello che definisco un coefficiente di ritrovamento, enucleato in numero di relitti antichi per ogni 10 km di costa:

TABELLA 4
Numero di relitti presenti ogni 10 km di coste per singolo Stato – elaborazione
Ivan Lucherini da dati A. J. Parker 1992 e estensioni costiere
Stato
relitti
Km costa
n° relitti ogni
10 km di costa


Italia
 428
7.600
0,56


Francia
282
3.427
0,82


Spagna
134
4.964
0,27


Croazia
92
5.835
0,16


Grecia
84
13.676
0,06


Turchia
63
7.200
0,09


Israele
31
273
1,14


Cipro
15
648
0,23


Malta
12
253
0,47


Libano
9
225
0,40


Bulgaria
8
354
0,23


Marocco (con il Belgio )
7
1.835
0,04


Libia, Siria e Tunisia (con la Svizzera)
6
2.918
0,02


Algeria e Monaco
4
1.002
0,04


Romania
3
225
0,13


Egitto
2
2.450
0,01


Montenegro (con Georgia, Ungheria, Sudan e Ucraina)
1
199
0,05




le coste e i porti del Mediterraneo romano
Da una prima valutazione di questi dati si può notare sicuramente la preminenza dello Stato di Israele, con la presenza di 1,14 relitti ogni 10 km di costa e della Francia, con 0,82 relitti ogni 10 km di costa. Questi alti indici evidenziano come Israele e Francia siano stati – almeno fino al 1992, data della pubblicazione del rapporto del Parker – gli Stati nazionali più solerti nel raccogliere le informazioni riguardanti i relitti antichi naufragati lungo le loro coste. In effetti risale al 1966[1] l’istituzione, in Francia, del DRASM successivamente evoluto nel DRASSM (Département des recherches archéologiques 
subaquatiques et sous-marines), su iniziativa del Ministero della Cultura, con compiti attinenti alla ricerca, tutela e catalogazione del patrimonio archeologico subacqueo. Allo scopo la nascente organizzazione venne dotata dell’Archéonaute: una nave dismessa della Marina Militare che, opportunamente attrezzata, ben si adattava allo scopo e al servizio richiesto. E così in Israele, nel 1972[2], principiava l’opera del Recanati Center for Maritime Studies, diretta emanazione dell’Università di Haifa. Oltre agli scopi prefissi di ricerca, tutela e valorizzazione del patrimonio archeologico subacqueo prospiciente le coste israeliane, l’istituto vantava come attività anche la formazione di archeologi subacquei in ambito universitario, dimostrandosi così illuminato precursore in quel campo che poi avrà un enorme sviluppo e desterà negli anni successivi un’imponente attenzione anche da parte di settori della società civile non direttamente deputati a questo. In Italia, negli stessi anni, qualcosa si avviava con l’Istituto di Studi Liguri, generato dalla fervida intraprendenza del Professor Nino Lamboglia. Vennero attrezzate le navi da ricerca Cycnus e Cycnulus[3], che avevano preso il posto della Daino[4] e furono organizzati corsi per giovani studiosi e Congressi Internazionali: opportunità uniche di dialogo e confronto sui temi della nascente disciplina. La prematura scomparsa del professor Lamboglia per un banale incidente ebbe come conseguenza l’affievolirsi delle iniziative generate in tale direzione, che avevano coinvolto ampie schiere di volontari, iniziando a sensibilizzare la platea degli appassionati e perseguendo nel contempo gli obiettivi di valorizzazione e tutela attraverso la condivisione e la collaborazione di chi in mare ci va per passione e diletto.
la sezione di una trireme
Ritornando alla tabella 4, vediamo come si evidenzino con indici molto bassi gli Stati del Nord Africa: Egitto, 0,01 relitti ogni 10 km di costa; Algeria 0,04; Libia, Siria e Tunisia 0,02; Marocco 0,04 al fondo di una ipotetica classifica virtuosa a far compagnia alla Grecia, 0,06 relitti[5] e alla Turchia, 0,09. Questi dati dimostrano che laddove non si è proceduto a istituire organismi deputati ad affrontare una ricerca sistematica e programmata, i ritrovamenti sono risultati scarsi e legati alla casualità, ma soprattutto al senso civile e allo scrupolo di chi si è imbattuto in quelle evidenze archeologiche volendone segnalare la presenza alle Autorità competenti. In estrema sintesi, questi dati ci sostengono nel formulare un’ipotesi di lavoro: molti relitti antichi possono essere scoperti solo che se ne voglia attivare la ricerca metodica e sistematica, mutuando ed elaborando i concetti di ricerca dall’archeologia dell’ambiente e dalle linee guida teoriche della new archeology. Una precisa analisi dei fondali, attraverso l’uso di apparecchiature pensate e realizzate per le industrie estrattive in alto fondale, ma che possono essere impiegate e senz’altro contribuire anche allo sviluppo della ricerca archeologica subacquea, consentirebbe di annoverare fra i siti conosciuti molte più evidenze di quelle finora note, e questo solo perché mai indagate.  A supporto di questa tesi voglio citare i dati derivanti dal progetto Archeomar ed estratti dal sito web dove compaiono[6]. Dalla pagina dei risultati conseguiti possiamo rilevare come nell’indagine sulle prime quattro regioni italiane (Puglia, Basilicata, Calabria e Campania) siano stati schedati 287 siti di rilevanza archeologica, di cui 100 inediti. Con una rapida proporzione possiamo affermare che oltre il 34% dei ritrovamenti conseguenti a quell’indagine, svolta negli anni 2004/2005, erano sino ad allora sconosciuti.
Possiamo disporre di un’altra serie di dati significativi riguardo al potenziale target di ricerca sul numero dei relitti affondati lungo le rotte mediterranee e del mar Nero. Grazie alla cortesia dell’Ufficio preposto dell’Istituto Idrografico della Marina, diretta emanazione del Ministero della Marina Militare, ho potuto disporre di una carta che riporta, per l’intera superficie del Mediterraneo e del mar Nero, le suddivisioni batimetriche e il calcolo delle estensioni marine per singola profondità[7]. Ne ho così ricavato le percentuali statistiche di estensione per le quote batimetriche su cui si concentra questo lavoro. Eccone il risultato:

TABELLA 5
Il bacino del Mediterraneo e Mar Nero suddiviso in
kmq in rapporto alle profondità
elaborazione Ivan Lucherini
profondità
kmq
percentuali

Da 0 a 50 metri
296.245
9,69%

Da 50 a 100 metri
212.618
6,96%

Da 100 a 110 metri
30.637
1,00%

Da 110 a 120 metri
22.223
0,73%

Da 120 a 130 metri
22.056
0,72%

Da 130 a 140 metri
18.497
0,61%

Da 140 a 150 metri
18744
0,61%

Da 0 a 150 metri
621.020
20,32%

Da 50 a 150 metri
324.775
10,63%

Totale superficie Med. e Mar Nero
3.055.700
100,00%


Da questa tabella possiamo desumere che circa il 10% dell’intera superficie[8] del Mediterraneo e mar Nero, 296.245 kmq, ha una profondità da 0 a 50 metri ed è la zona di mare dove si concentra il maggior numero di segnalazioni presenti nel censimento del Parker. Le superfici di questi due mari con batimetriche da 50 a 100 metri corrispondono a 212,618 kmq, pari al 6,96% dell’intera superficie, mentre se allarghiamo il range operativo e di indagine, così come indicato dagli obiettivi di questa ricerca e cerchiamo il dato da 0 a 150 metri di profondità, scopriamo che la superficie interessata è pari a 621.020 kmq ed equivale al 20,63% dell’intero insieme.
Qualora volessimo aggiungere una colonna alla tabella 5, riportando in essa il numero dei relitti ritrovati alle corrispondenti profondità e dichiarati tali dal censimento del Parker, potremmo disporre di un’altrettanto importante strumento di raffronto e di analisi, che ci aiuti a comprendere come la ricerca mirata su determinate aree, di profondità nota, possa colmare una lacuna e generare una messe di evidenze da indagare. Ecco qui sotto la tabella:

TABELLA 6
Il bacino del Mediterraneo e mar Nero
suddiviso in kmq in rapporto alle profondità e relitti presenti
elaborazione Ivan Lucherini
profondità
kmq
Percentuali
n° relitti
Da 0 a 50 metri
296.245
9,69%
753
Da 50 a 100 metri
212.618
6,96%
73
Da 100 a 110 metri
30.637
1,00%
0
Da 110 a 120 metri
22.223
0,73%
0
Da 120 a 130 metri
22.056
0,72%
0
Da 130 a 140 metri
18.497
0,61%
0
Da 140 a 150 metri
18744
0,61%
0
Da 0 a 150 metri
621.020
20,32%
0
Da 50 a 150 metri
324.775
10,63%
0
Oltre 150 metri[9]
2.434.680
79,68%
7
Totale superficie Med. e Mar Nero[10]
3.055.700
100,00%
833

un'operazione di recupero
Come si può osservare, i ritrovamenti e le segnalazioni contenute nel censimento citato si condensano nelle batimetriche entro i 50 metri[11] giacché assommano a 753 unità, mentre nelle profondità comprese fra 50 e 100 metri si riducono significativamente a 73 unità. Interessante notare come le 7 segnalazioni evidenziate con profondità superiori a 150 metri siano in realtà poste a quote batimetriche che vanno dai 240 metri ai 2.385 metri, segno evidente che tali reports sono frutto di sondaggi operati da ricerche oceanografiche al servizio di indagini conoscitive che avevano scopi diversi da quelli precipui dell’archeologia subacquea. Elaborando ulteriormente tali dati, vediamo di enucleare attraverso l’organizzazione di una nuova tabella un altro coefficiente di ritrovamento corrispondente al numero di relitti per kmq, suddivisi nelle due fasce di profondità corrispondenti a quelle fino a 50 metri e a quelle dai 50 fino ai 150 metri:

TABELLA 7
Numero di relitti presenti a batimetriche differenti fino a 150 mt di profondità
bacino del Mar Mediterraneo e mar Nero
elaborazione Ivan Lucherini

numero
kmq
1 relitto ogni
Relitti censiti a prof. 0-50 metri
753
296.245
393 kmq
Relitti censiti a prof. 50-150 metri
73
324.775
4.449 kmq

Dall’analisi della tabella 7 si evidenzia, ancora una volta, una palese,  fortissima, incongrua disparità di dati: un relitto ritrovato ogni 393 kmq di mare con profondità fino a 50 metri contro un relitto ritrovato ogni 4.449 kmq, in un raffronto che tratta di superfici in realtà omogenee, poiché fino a 50 metri di profondità abbiamo 296.245 kmq pari al 9,69% dell’intera superficie marina mediterranea e del Mar Nero, mentre oltre i 50 e fino ai 150 metri di profondità copriamo 324.775 kmq, pari al 10,63% della stessa superficie in zone costiere che videro, in tutte le epoche di cui trattiamo, corposa la navigazione costiera e di cabotaggio. Questo confronto ci porta alla genesi e all’elaborazione di un nuovo concetto importante: dato atto che la navigazione nell’Evo antico era prettamente una navigazione costiera, è di fatto impossibile che in tratti di mare così vicini alla costa[12] non ci sia una diffusione omogenea di siti e di evidenze storico-archeologiche.
L’enorme numero di navigli che ha percorso le rotte costiere dei nostri mari e vi ha trovato cattiva fortuna in un arco cronologico così ampio (compreso almeno dalla prima metà del II° millennio a.C. a tutto il XV° secolo dell’era moderna), ci induce ad affermare, con ottime probabilità di cogliere nel segno, quanto segue: se fino a 50 metri di profondità sono state segnalate 753 evidenze archeologiche subacquee[13], almeno altrettanti siti e scafi affondati sono sepolti dall’oblio indotto da quella batimetria che li ha resi finora inaccessibili all’uomo che operi con i modesti mezzi messi a disposizione della ricerca archeologica subacquea. Ora questo limite può essere ragionevolmente superato, offrendo la concreta  possibilità a importanti – e finora impensabili – traguardi della ricerca.


[1]    R. Petriaggi, B. Davidde -2007- pag.41.
[2]    R. Petriaggi, B. Davidde -2007- pag.41.
[3]    N. Lamboglia -Ricerche e scoperte di archeologia sottomarina in Liguria dal 1959 al 1961, in Atti del III Congresso Internazione di Archeologia sottomarina- Albenga 1958 – Bordighera 1971a – pag. 176-192.
[4]    N. Lamboglia -Lo stato attuale dell’archeologia sottomarina in Italia, in Atti del II Congresso Internazione di Archeologia sottomarina- Albenga 1958 – Bordighera 1961a – pag. 12-17.
[5]    La Grecia risulta forse penalizzata in questo raffronto per via dalla notevole estensione delle sue coste  frastagliate e suddivise in migliaia di arcipelaghi, isole e penisole.
[6]    www.archeomar.it
[7]    Se ne riproduce una copia della carta in appendice.
[8]    Il bacino del Mediterraneo unito a quello del Mar Nero coprono una superficie totale corrispondente a 3.055.700 kmq.
[9]    I sette relitti censiti dal lavoro del Parker e posti oltre la quota di 150 metri di profondità sono individuabili nella stessa pubblicazione alla scheda 175 profondità 328 metri; scheda 356 profondità da 2.360 a 2385 metri; scheda 358 profondità 300-400 metri; scheda 447 profondità 400 metri; scheda 517 profondità 818 metri; scheda 767 profondità 240 metri; scheda 1.081 profondità 530 metri.
[10]  Dal totale dei relitti censiti sono esclusi da questo dato i 356 relitti che nel censimento del Parker sono evidenziati con profondità sconosciuta.
[11]  Probabilmente questo dato si accrerrebbe se si individuassero le reali profondità di giacitura dei 356 relitti dichiarati appartenere a quelli con profondità sconosciuta.
[12]  Occorre ricordare che batimetriche entro i 150 metri si possono ritrovare solo in tratti di mare vicinissimi alle coste. In certe zone della Liguria per esempio a soli 30-40 metri dalla costa.
[13]  Ricordiamo che anche questo è un dato vecchio di quasi un ventennio.

Fuente: http://www.sottacqua.info/2010/07/il-censimento-del-parker-quanti-relitti-ancora-da-scoprire-nel-mediterraneo-parte-seconda/

domingo, 25 de julio de 2010

Il mare di Gela restituisce un tesoro di anfore greche

Caltanissetta, 20 luglio. I fondali del mare di Gela restituiscono nuovi tesori. La squadra nautica della polizia di Gela ha recuperato alcuni reperti archeologici, presumibilmente di epoca greco-romana nello specchio di mare di località Bulala in provincia di Caltanisseta. A segnalare la presenza di anfore e vasi di terracotta è stato un ambientalista che aveva rinvenuto un piccolo reperto greco. Gli agenti sono riusciti a recuperare a circa 3 metri di profondità un'anfora di grandi dimensioni ancora integra e altri numerosi pezzi. Si ipotizza che il materiale provenga da un relitto di una nave non ancora individuato.

fuente y video 

jueves, 14 de enero de 2010

El barco griego de Cala Sant Vicent un referente en el estudio de la arqueología griega del Mediterráneo

Los griegos buscaban abrir nuevos mercados por el Mediterraneo para dar salida a sus manufacturas y Mallorca también fue objetivo comercial.

Ya se conocen las conclusiones de las excavaciones, realizadas en los veranos de 2002 y 2004 por el Centre d'Arqueologia Subaquàtica de Catalunya (CASC) y el Consell de Mallorca sobre este buque hundido en la Cala Sant Vicenç de Pollença en el año 520 a.C, apenas medio siglo después de que los griegos fundaran Empúries. Este buque, de más de veinte metros de eslora, es, hasta ahora, el más grande descubierto y el mejor conservado, con diferencia. Los arqueolgos coinciden en que este buque es en sí mismo un «testimonio excepcional para el estudio de la arquitectura naval del momento, al ser uno de los cinco encontrados en todo el mundo construidos con la técnica del cosido y el segundo más antiguo del Mediterráneo»

Las conclusiones contenidas en un detallado volumen ya son obra de referencia en el análisis de la arqueología griega del Mediterráneo y abren una nueva puerta para el estudio del comercio en la época talayótica.

Parece que la llegada de esta embarcación seguramente procedente de Ampurias, al litoral norte de la Isla de Mallorca,- donde hasta ahora los testimonios que se han encontrado sobre comercio griego son muy escasos-, se puede entender, según Nieto y la arqueóloga Marta Santos, coautora del volumen, dentro de la estrategia del comercio marítimo griego de acceder a nuevos mercados.

De momento, y debido al alto coste de la operacion de extracción, ésta se descarta, así que el barco permanecerá hundido bajo cinco metros de arena.

martes, 12 de enero de 2010

Un museo bajo el océano

Costa da Morte acoge, junto con Rande, el mayor número de pecios de Galicia. En la ría de Corcubión se localizaron 70 puntos de interés arqueológico. Veinticinco naves de Martín Padilla se hundieron en 1596.

La Costa da Morte es, junto con la ensenada de Rande, la que acoge una mayor concentración de pecios de Galicia. Todo un museo bajo el mar, testigo de una historia que se halla sumergida.
En los años 2007 y 2008, un equipo dirigido por el arqueólogo Miguel San Claudio llevó a cabo una prospección en la ría de Corcubión, al amparo del Plan de Arqueología promovido por la Consillería de Cultura, en la que se localizaron 70 puntos de interés arqueológico, en once de los cuales se constató la ubicación exacta de los pecios, tres de ellos correspondientes al siglo XVI, y el resto pertenecientes a barcos hundidos a lo largo de los dos últimos dos siglos.
Entre ellos, destaca la localización de una de las 25 naves de la flota dirigida por Martín Padilla que naufragaron en la zona, en el invierno de 1596, debido a un fuerte temporal.
Se localizaron grandes piezas de madera pertenecientes a la estructura del barco, dos cañones de hierro, lingotes de plomo, dos ruedas de artillería, así como elementos cerámicos y munición, recuperándose aquellos que corrían el riesgo de desaparecer.

También se localizaron los restos del galeón San Jerónimo, del que se recuperaron varias monedas y piezas de plomo; y del vapor Great Liverpool, que se hundió en el año 1846.
Se hallaron restos de su estructura, así como monedas, lámparas, cubiertos y piezas de porcelana.

Toponimia orientativa

Además de contribuir a crear un rico patrimonio en el fondo del mar, muchos naufragios han dado pie a una toponimia muy particular de cabos, bajos e islas, según explicó el investigador Fernando Patricio. Así, en la zona de cabo Cee hay un saliente que se conoce como Punta do Diñeiro. Unos pescadores submarinos hallaron en la zona un cañón de bronce, y posteriormente se realizó una prospección arqueológica, dirigida por el profesor Manuel Martín Bueno, que permitió recuperar numerosas monedas y proyectiles de plomo, entre otros materiales.
En Fisterra también es muy conocida la Punta do Almirante, nombre que adquirió porque allí fueron descubiertos los restos de una de las naves de Martín Padilla. Fernando Patricio destaca también los topónimos Os Boliños da Fortuna, de Camariñas, donde su hundió un barco de guerra en el siglo XVII; el bajo Magnánimo, tras las islas Sisargas, en Malpica, al que dio nombre una fragata española; y Malante, nombre de una de las islas, heredado de un navío.

Una pieza de un templo de Isis emerge de las aguas de Alejandría


Bloque perteneciente al Templo de Isis, cuando es izado en la Bahía de Alejandría. AFP

Los tesoros arqueológicos que oculta la bahia de Alejandría, en Egipto, continúan emergiendo de las aguas que los cubrieron hace miles de años. La última gran pieza del rompecabezas que se hundió hace siglos y ha sido localizada es parte de un pilón del templo ptolemaico de Isis, que ha sido extraído ahora del fondo.
Pese al mal tiempo reinante en la zona, con viento y oleaje, se ha llevado a cabo la recuperación de la pieza de la época ptolemaica (325 a.C.-30 a.C.), que despertó una gran expectación entre los numerosos periodistas egipcios congregados y algunos curiosos.
Con la ayuda de una grúa y un buzo, el fragmento del pilón de granito rojo, con una altura de 2,25 metros y un peso de nueve toneladas, emergió del mar, frente a la fortaleza alejandrina de Qaitbey. "Este es el inicio de la extracción de otras piezas del fondo del mar", aseguró el secretario general del Consejo Supremo de Antigüedades egipcias, Zahi Hawas.
El fragmento recuperado será, además, el objeto principal de un museo submarino proyectado en el puerto de Alejandría, explicó el arqueólogo egipcio, que no ofreció más detalles sobre esta iniciativa, que todavía está en fase de estudio.
Entretanto, el hallazgo, procedente del templo de Isis, diosa de la maternidad y del nacimiento en el Egipto Antiguo, será conservado en el anfiteatro romano de Alejandría.
El pilón al que pertenece la pieza fue descubierto hace siete años en el área submarina denominada "Zona Real", donde se encuentra también el palacio de Cleopatra, última gobernante de la dinastía ptolemaica, fundada en el año 305 a.C. por Ptolomeo I Sóter, general de Alejandro Magno.
Alejandría aún esconde muchos secretos
La bahía de Alejandría esconde aún muchos secretos, ya que el geógrafo griego Estrabón documentó en el 450 a.C. la existencia de 35 ciudades en este área.
En ese sentido, el ministro de Cultura egipcio, Faruk Hosni, explicó que solo han recuperado "un dos por ciento de todo lo que hay sumergido", porque todavía quedan cientos de piezas bajo el agua. Hosni, que destacó la importancia del descubrimiento, agregó que todavía continúan las investigaciones y que "el resto del templo de Isis también será sacado del mar".
Por su parte, Hawas adelantó que está prevista la extracción de una de las piezas del palacio de Cleopatra el próximo mes de mayo, sin especificar más.
Sobre el proceso de extracción de antigüedades submarinas, el jefe de la misión arqueológica griega que descubrió el pilón, Harry Tzales, señaló que se trata de una tarea delicada, porque al estar sumergidos se encuentran en un ambiente favorable para su conservación, algo que no ocurre en la superficie.
Tzales subrayó que el trozo de pilón recuperado hoy es "una pieza histórica que lleva más de 2.000 años bajo el agua, y ahora hay que protegerla".
Este nuevo descubrimiento "muestra la posición del templo de Isis y es una prueba de sincretismo y de la mezcla del estilo griego y faraónico", apuntó el arqueólogo.
"Los ptolomeos eran una dinastía griega que usaban la arquitectura faraónica", como demuestra la construcción de un pilón típico del arte de los faraones, afirmó Tzales, para quien hay que desterrar la idea de que "Alejandría era en su totalidad una ciudad griega"