Mostrando entradas con la etiqueta Agradecimientos. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Agradecimientos. Mostrar todas las entradas

miércoles, 5 de mayo de 2010

EN RECUERDO DE NUESTRO COMPAÑERO ANTONIO RODRÍGUEZ GUILLÉN.

Miércoles 05 de Mayo de 2010
El pasado viernes, 30 de abril, nos dejaba nuestro compañero, Antonio Rodríguez Guillén, “Antoñín”, como era conocido por todos.

Maestro de profesión, asumió el compromiso socialista en unos tiempos muy duros, en los que no era fácil dar la cara por las ideas que hoy defendemos en plena libertad.

Fue el primer concejal del PSC-PSOE en Gáldar en los primeros albores de nuestra Democracia, lo que ejemplariza, su lucha y compromiso por el proyecto socialista.

Fue también uno de los primeros galdenses socialistas en representar a nuestro partido como consejero en el Cabildo de Gran Canaria.

De Antoñín nos queda su esfuerzo para acercar el proyecto socialista a la ciudadanía. Nos queda el recuerdo del compañero que luchó para tener una sociedad mejor. Nos queda su labor y su buen humor.

Siempre te recordaremos, COMPAÑERO, porque formas parte imborrable de la historia de la agrupación socialista Jacinto Medina de Gáldar.

Secretaria General de la Agrupación Socialista Jacinto Medina de Gáldar. 
Encarnación Ruiz.

lunes, 11 de enero de 2010

LA IMPORTANCIA DE LOS ARCHIVOS PARA LOCALIZAR BARCOS HUNDIDOS


GRAN BRETAÑA: EL TESORO HUNDIDO

EN: PROCESO.COM.MX
SITE: http://www.proceso.com.mx
FECHA: 30/01/2009
AUTOR: LEONARDO BOIX

LONDRES, enero (apro).- Un barco hundido en 1942 en el Océano Atlántico, que transportaba una carga valuada en unos 3 mil 500 millones de dólares --la carga más valiosa en la historia naval internacional"y que buscaba pagar la ayuda de las fuerzas aliadas durante la Segunda Guerra Mundial (1939-1945), podría desatar ahora una grave pelea diplomática entre algunas de las potencias del mundo, que buscarán quedarse con el contenido del cargamento.

La compañía estadunidense de búsqueda de tesoros Sub Sea Research se lanzó de lleno a descubrir el barco. Lo hizo además en secreto.

El hecho fue dado a conocer en Gran Bretaña el 25 de enero por el semanario inglés The Sunday Telegraph, el cual indicó que para proteger el hallazgo hasta que el cargamento sea elevado a la superficie, la firma estadunidense con sede en Portland, Maine, decidió no dar a conocer el nombre especifico del barco, ni su ubicación exacta, y sólo se remitió a dar el nombre en código de la embarcación, Blue Baron, por temor a una "usurpación" de su contenido.

La empresa indicó que el buque mercantil, con tripulación mayoritariamente británica, había abandonado un puerto europeo cargado con bienes para el Tesoro estadunidense bajo el programa Préstamo y Arriendo (lend-lease), en virtud del cual Estados Unidos suministró a Gran Bretaña, la Unión Soviética, China, Francia y otras naciones aliadas, grandes cantidades de material de guerra entre 1941 y 1945.

Pero ello no era gratuito: a cambio, Gran Bretaña debería permitir a los estadunidenses construir bases militares en Terranova, Bermudas y las Indias Occidentales Británicas.

Siempre según esa versión, el cargamento del Blue Baron incluiría al menos diez toneladas de lingotes de oro, 70 toneladas de platino, 1.5 toneladas de diamantes industriales y 16 millones de quilates en diamantes de calidad.

También poseería varios miles de toneladas de lata y cientos de toneladas de cobre.

Aunque la lata y el cobre habrían perdido su valor después de décadas en el fondo del mar, por corrosión o proceso de oxidado, los metales preciosos y los diamantes sí habrían mantenido su valor.

Consultado por Apro, un vocero del Ministerio de Defensa de Gran Bretaña, quien pidió mantener el anonimato, indicó que si se demuestra que el hallazgo del tesoro hundido es verdadero y salió de Londres, "Gran Bretaña podría reclamar sin duda su parte".

"Por ahora son todas especulaciones, pero si se comprueba la veracidad del buque y si su cargamento provenía del Reino Unido, entonces reclamaremos. De eso no habrá dudas", insistió.

El Blue Baron, según investigaciones del Telegraph, fue construido en el histórico astillero Hogarth and Co, ubicado en Glasgow, Escocia. Los barcos de esa compañía eran conocidos como Hungry Hogarths.

El Blue Baron hizo escala en un puerto de Sudamérica, posiblemente en Chile, Argentina o Brasil, donde descargó parte de su contenido, antes de continuar con el resto del cargamento al puerto de Nueva York, en Estados Unidos.

Sin embargo, la empresa estadunidense afirmó al semanario londinense que el buque fue interceptado inesperadamente por un submarino alemán U-87 en aguas internacionales, que logró hundirlo con dos torpedos en un ataque perpetrado el 16 de junio de 1942, provocando además la pérdida de tres miembros de la tripulación, cuya nacionalidad se desconoce.

Sub Sea Research, una firma estadunidense de investigación marina y búsqueda de tesoros hundidos, indicó que los restos de la embarcación se encuentran a 250 metros de profundidad en el Océano Atlántico y a 65 kilómetros de las costas de Guyana.

Greg Brooks, fundador de la empresa, indicó al periódico que el buque británico "poseía un cargamento extremadamente valioso".

"Decidimos que no tenía sentido dejarlo en el fondo del mar. Definitivamente será el mayor tesoro jamás encontrado en un buque hundido", agregó.

Según el ejecutivo de Sub Sea Research, la empresa privada fundada en 1984 y que ha logrado hallar embarcaciones históricas en distintas partes del mundo, "tratará de mantener el asunto en secreto" hasta hacerse del barco, ya que el contenido "pertenecería a más de un país".

La investigación del Telegraph concluyó que ahora un buque de salvataje de 67 metros de largo alquilado por la firma estadunidense partirá del estado de Louisiana el próximo 1 de febrero, después de ser equipado con radares especiales y sistemas sonares de alta tecnología. Su misión: recuperar al Blue Baron del fondo del mar.

Según el periódico, la mayor cantidad del tesoro podría ser ruso, aunque parte, posiblemente los diamantes, serían británicos.

Gran Bretaña y Rusia fueron dos de los principales beneficiarios del programa Préstamo y Arriendo, por el cual Estados Unidos proveyó de 50 mil millones de dólares de ayuda (equivalente a 700 mil millones de dólares al cambio actual de la libra con respecto al dólar) en materiales de guerra, incluidas armas, municiones, radares y expertos para luchar contra la Alemania nazi de Adolfo Hitler.

Aunque por ley los exploradores pueden reclamar los tesoros hallados en el mar, los propietarios originales de esos valores también pueden presentar sus propias demandas.

Sub Sea Research dijo que localizó los archivos de viaje del submarino alemán U-87 que hundió al barco, así como documentos del puerto de origen, del Tesoro estadunidense y del programa Préstamos y Arriendo, lo cual certifica la autenticidad del Blue Baron.

La compañía, sin embargo, se vio obligada a dar a conocer su hallazgo luego de haber presentado, el pasado 23 de enero, su reclamo formal ante la Corte federal del Almirantazgo estadunidense, que hasta ahora no ha recibido otros pedidos relacionados con el Blue Baron por parte de gobierno alguno.

Mike Williams, experto en leyes de salvamento marítimo de la Universidad de Wolverhampton (norte de Inglaterra), afirmó al Telegraph que los posibles gobiernos dueños del buque tendrán derechos legales para reclamar el cargamento.

"Tanto Gran Bretaña como Rusia transportaban grandes cantidades de bienes preciosos a Estados Unidos para pagar por los esfuerzos de guerra. Es muy improbable que la empresa que halle el barco se quede con todo. De todos modos, los verdaderos ganadores serán los abogados", concluyó el experto, quien además asesora a varios organismos británicos sobre los derechos legales de tesoros y embarcaciones históricas en el fondo del mar.

El capitán inglés Richard Woodman, autor de los libros Arctic convoys 1941-1945, Battle of the River Plate: a grand delusion y The real cruel sea -este último sobre la historia de la Marina Mercante en la Segunda Guerra Mundial--, declaró a Apro que muchas embarcaciones mercantes de la época "solían transportar cargamentos de gran valor".

El experto sostuvo que cualquier metal pesado "tuvo que haberse transportado por mar", pues "era la única forma de trasladarlo de un puerto a otro. Tuvo que haber existido algún elemento de protección, pero finalmente todo depende de la coincidencia de guerra, el hecho de que un buque sea detenido por un submarino con torpedos".

Según Brooks, hasta ahora ningún gobierno del mundo ha presentado un reclamo en la Corte "porque probablemente desconocen del tesoro".

"Sabemos de hecho que todos los implicados tratarán de quitarnos este tesoro, por eso nosotros estamos haciendo todo legalmente al pie de la letra. Creo que en el peor de los casos, bajo la ley de salvamento, nos quedaríamos con 90% del total, pero nosotros trataremos de quedarnos con el ciento por ciento", concluyó.

La batalla por el tesoro hundido del Blue Baron recién ha comenzado

El patrimonio subacuático español, o la época dorada...

Hace pocos días se ha sabido que Odyssey tendrá que devolver el tesoro encontrado en el pecio español Nuestra Señora de las Mercedes. Aparte de la satisfacción que me produce semejante noticia, por aquello de la protección del patrimonio nacional, de la soberanía, y de los recuerdos de la época dorada, esta publicación me permite explorar una parte de nuestra historia que para algunos está olvidada o, peor aún, que nunca fue aprendida. Resulta que hubo una época, hace ya algunos siglos, en la cual, lo que hoy se conoce como España (formada entonces por reinos, ducados, condados y principados), contaba con “propiedades” por todo el globo. En la “hacienda del rey” no se ponía el sol. Lejos de nostalgias y añoranzas acerca de tiempos ya muy lejanos, mi intención con estas líneas es repasar la historia. Con el descubrimiento de América (1492) y el “tráfico” fluido de plata hacia las arcas reales, se despierta un interés moderado por parte de los monarcas sobre las empresas “indianas”, frente a la preocupación, eso sí, de “perdurar” o “permanecer en la historia”. Los primeros fueron, como no, Isabel y Fernando “tanto monta, monta tanto”, pero no fueron los únicos. Y es que, se puede decir que con el reinado de Carlos I (1517 – 1555) se inició una época llena de abundancia, aunque no exenta de complicaciones debidas principalmente al desigual reparto de las riquezas, que desembocaría, con la continuidad de sus sucesores, en el único reinado que contaba con posesiones en todos y cada uno de los continentes, lo que convirtió a España en el motor económico y en la primera potencia europea. Esto, como digo, fue el comienzo, porque el sucesor de Carlos I, Felipe II (1555 – 1598) continuó con este período de bonanza, manteniendo y ampliando las zonas de influencia (en algunos casos con alguna dificultad que otra, como Portugal, lugar en el cual sólo contaba con apoyos en la altísima nobleza, creando continuos conflictos con la incipiente burguesía mercantil).

Aparte de las leyendas sobre su crueldad, personalidad despótica y fanática y demás “fantasmas inquisidores” (la Inquisición no fue una institución exclusiva en la España de la época, existía en todos los países de la Europa occidental, un ejemplo, Juana de Arco, que no olvidemos no se quemó “sin querer”. Dejando esto como parte de otro debate, lo que sí quiero reflejar es su buen hacer (o la suerte de coincidir con un ciclo positivo para la economía, como dirían algunos) en lo que se refiere a la gestión de una superficie que superó los 20 millones de kilómetros cuadrados, en la cual habitaban más de 20 millones de personas. Empieza en estos momentos lo que se ha denominado “El siglo de Oro”, por dorado e idílico, claro, pero también por las toneladas de oro y plata “extraídas” de las Indias (o fruto del expolio, que dirían otros). En estas circunstancias cabe pensar en los innumerables barcos que surcaban los mares cargados de materia prima, oro, plata y demás, y cuantos de ellos no llegarían a su destino, bien por las inclemencias del tiempo, el asalto de los piratas y otros imprevistos. Las costas de Florida, Cuba, la isla de la Española (República Dominicana y Haití) esconden en sus fondos marinos restos de este esplendor, los cuales, desde mi punto de vista, forman parte del patrimonio español en el mundo y están bajo la soberanía española “por los siglos de los siglos”, lo que no quita que podamos hacer una serie de reflexiones con las que pretendo acabar este texto. Siguiendo con lo que iba, obviamente, esta época de esplendor económico, viene de la mano de la producción cultural y del reconocimiento social y político (aquello que suele decirse de “con el estómago lleno, se piensa mucho mejor”), pero también despierta recelos y envidias por parte de los vecinos europeos, sobre todo Francia e Inglaterra. En estas circunstancias, además de “problemillas” financieros de los bancos de la época (I, esto ya es un precedente), como es el caso de las bancarrotas que declararon en su momento Carlos I y Felipe II, y el inicio de la hegemonía “prestamista” de los genoveses, llega al poder Felipe III (1598 – 1621), el cual no tenía excesivo interés en nada en general, y en política, gestión de territorio y mantenimiento de posesiones en particular. Como suele decirse, las fortunas las producen los abuelos, las mantienen los padres y las dilapidan los nietos. Y este es un gran ejemplo de esta gran verdad (salvo alguna excepción, que lo que hace es confirmar esta regla universal). La paz con Francia e Inglaterra se convirtieron en una prioridad, porque vecinos enfadados no prestan perejil, al igual que la recuperación de Flandes de la mano de los Tercios Españoles, lo que nos introdujo de lleno (cuesta abajo y sin frenos) en la Guerra de los Treinta Años. Felipe IV (1621 – 1665) encumbra moderadamente los intereses españoles, estando de nuevo en la vanguardia del poderío económico y religioso, aunque con numerosos problemas como el resurgir de la peste, la corrupción propia de épocas de “vacas gordas”, la humillante derrota de Rocroi en 1643, la expulsión de los moriscos y la consiguiente despoblación de tierras hortofrutícolas en Valencia, así como la “servilización” del campesinado frente a la cada vez más poderosa nobleza. Y poco duró “lo bueno”: la devaluación de la moneda, la inflación asfixiante, las guerras interminables, la incapacidad para la recaudación de impuestos y el recrudecimiento de otros conflictos bélicos, trajeron consigo sublevaciones de los territorios conquistados (o dominados por herencia, acuerdo, “prenda” u otra forma jurídica no específica) como la rebelión de Andalucía, Navarra y Cataluña (que se ofreció en vasallaje al rey de Francia como alternativa a la unificación española); la pérdida de Sicilia y Nápoles, o la separación de Portugal y el hervidero de Flandes. Con este panorama, unido a la llegada al trono de un chiquillo de 4 años, Carlitos II (1665 – 1700), con mala salud (y diría yo que serios problemas genéticos debidos a la mezcla de tanta sangre azul), fue fácil para los franceses hacerse fuertes y tomarnos el relevo. Y ahora llega el momento de reflexión que predecía unas líneas atrás: no dudo que lo que se encuentre en un barco con bandera española (o escudo real o cualquier otra insignia que designe su pertenencia) sea de la misma titularidad, pero eso no quita que podamos y debamos analizar si la forma de hacer las cosas fue ética, correcta o si preferís ajustada a derecho. Francisco de Vitoria, precursor del derecho internacional cuestionó ya en el siglo XVI los derechos de la Corona sobre las Indias. Y es que reclamar soberanía sobre mercancías que si bien no fueron robadas directamente, fueron obtenidas en unas circunstancias que no caben en ninguna fórmula de derecho internacional, es cuando menos, cuestionable. Un caso similar, y sobre el cual todavía en la actualidad existen numerosos conflictos es cuando los británicos al final del protectorado en Egipto, trataron de llevarse obras de arte de incalculable valor. Aún hoy una oficina del Ministerio de Cultura egipcio trata de recuperar lo que considera patrimonio nacional. ¿Acaso puede hacerse una aplicación interesada o parcial del derecho internacional? ¿Y la deuda externa? ¿No debería plantearse como “lo comido por lo servido”? Quizás tendríamos una mejor imagen frente a nuestros “hermanos del otro lado del charco” si no tratásemos empecinadamente de recuperar y lucir (y presumir) aquello que, nos guste o no, nos llevamos sin permiso. ¿Qué opináis vosotr@s?


por : Mi foto

Angélica, Sevilla.
Fuente : http://cabofarvel.blogspot.com/

El patrimonio subacuático español, o la época dorada...

Hace pocos días se ha sabido que Odyssey tendrá que devolver el tesoro encontrado en el pecio español Nuestra Señora de las Mercedes. Aparte de la satisfacción que me produce semejante noticia, por aquello de la protección del patrimonio nacional, de la soberanía, y de los recuerdos de la época dorada, esta publicación me permite explorar una parte de nuestra historia que para algunos está olvidada o, peor aún, que nunca fue aprendida. Resulta que hubo una época, hace ya algunos siglos, en la cual, lo que hoy se conoce como España (formada entonces por reinos, ducados, condados y principados), contaba con “propiedades” por todo el globo. En la “hacienda del rey” no se ponía el sol. Lejos de nostalgias y añoranzas acerca de tiempos ya muy lejanos, mi intención con estas líneas es repasar la historia. Con el descubrimiento de América (1492) y el “tráfico” fluido de plata hacia las arcas reales, se despierta un interés moderado por parte de los monarcas sobre las empresas “indianas”, frente a la preocupación, eso sí, de “perdurar” o “permanecer en la historia”.

Los primeros fueron, como no, Isabel y Fernando “tanto monta, monta tanto”, pero no fueron los únicos. Y es que, se puede decir que con el reinado de Carlos I (1517 – 1555) se inició una época llena de abundancia, aunque no exenta de complicaciones debidas principalmente al desigual reparto de las riquezas, que desembocaría, con la continuidad de sus sucesores, en el único reinado que contaba con posesiones en todos y cada uno de los continentes, lo que convirtió a España en el motor económico y en la primera potencia europea. Esto, como digo, fue el comienzo, porque el sucesor de Carlos I, Felipe II (1555 – 1598) continuó con este período de bonanza, manteniendo y ampliando las zonas de influencia (en algunos casos con alguna dificultad que otra, como Portugal, lugar en el cual sólo contaba con apoyos en la altísima nobleza, creando continuos conflictos con la incipiente burguesía mercantil).

Aparte de las leyendas sobre su crueldad, personalidad despótica y fanática y demás “fantasmas inquisidores” (la Inquisición no fue una institución exclusiva en la España de la época, existía en todos los países de la Europa occidental, un ejemplo, Juana de Arco, que no olvidemos no se quemó “sin querer”. Dejando esto como parte de otro debate, lo que sí quiero reflejar es su buen hacer (o la suerte de coincidir con un ciclo positivo para la economía, como dirían algunos) en lo que se refiere a la gestión de una superficie que superó los 20 millones de kilómetros cuadrados, en la cual habitaban más de 20 millones de personas. Empieza en estos momentos lo que se ha denominado “El siglo de Oro”, por dorado e idílico, claro, pero también por las toneladas de oro y plata “extraídas” de las Indias (o fruto del expolio, que dirían otros). En estas circunstancias cabe pensar en los innumerables barcos que surcaban los mares cargados de materia prima, oro, plata y demás, y cuantos de ellos no llegarían a su destino, bien por las inclemencias del tiempo, el asalto de los piratas y otros imprevistos. Las costas de Florida, Cuba, la isla de la Española (República Dominicana y Haití) esconden en sus fondos marinos restos de este esplendor, los cuales, desde mi punto de vista, forman parte del patrimonio español en el mundo y están bajo la soberanía española “por los siglos de los siglos”, lo que no quita que podamos hacer una serie de reflexiones con las que pretendo acabar este texto. Siguiendo con lo que iba, obviamente, esta época de esplendor económico, viene de la mano de la producción cultural y del reconocimiento social y político (aquello que suele decirse de “con el estómago lleno, se piensa mucho mejor”), pero también despierta recelos y envidias por parte de los vecinos europeos, sobre todo Francia e Inglaterra. En estas circunstancias, además de “problemillas” financieros de los bancos de la época (I, esto ya es un precedente), como es el caso de las bancarrotas que declararon en su momento Carlos I y Felipe II, y el inicio de la hegemonía “prestamista” de los genoveses, llega al poder Felipe III (1598 – 1621), el cual no tenía excesivo interés en nada en general, y en política, gestión de territorio y mantenimiento de posesiones en particular. Como suele decirse, las fortunas las producen los abuelos, las mantienen los padres y las dilapidan los nietos. Y este es un gran ejemplo de esta gran verdad (salvo alguna excepción, que lo que hace es confirmar esta regla universal). La paz con Francia e Inglaterra se convirtieron en una prioridad, porque vecinos enfadados no prestan perejil, al igual que la recuperación de Flandes de la mano de los Tercios Españoles, lo que nos introdujo de lleno (cuesta abajo y sin frenos) en la Guerra de los Treinta Años. Felipe IV (1621 – 1665) encumbra moderadamente los intereses españoles, estando de nuevo en la vanguardia del poderío económico y religioso, aunque con numerosos problemas como el resurgir de la peste, la corrupción propia de épocas de “vacas gordas”, la humillante derrota de Rocroi en 1643, la expulsión de los moriscos y la consiguiente despoblación de tierras hortofrutícolas en Valencia, así como la “servilización” del campesinado frente a la cada vez más poderosa nobleza. Y poco duró “lo bueno”: la devaluación de la moneda, la inflación asfixiante, las guerras interminables, la incapacidad para la recaudación de impuestos y el recrudecimiento de otros conflictos bélicos, trajeron consigo sublevaciones de los territorios conquistados (o dominados por herencia, acuerdo, “prenda” u otra forma jurídica no específica) como la rebelión de Andalucía, Navarra y Cataluña (que se ofreció en vasallaje al rey de Francia como alternativa a la unificación española); la pérdida de Sicilia y Nápoles, o la separación de Portugal y el hervidero de Flandes. Con este panorama, unido a la llegada al trono de un chiquillo de 4 años, Carlitos II (1665 – 1700), con mala salud (y diría yo que serios problemas genéticos debidos a la mezcla de tanta sangre azul), fue fácil para los franceses hacerse fuertes y tomarnos el relevo. Y ahora llega el momento de reflexión que predecía unas líneas atrás: no dudo que lo que se encuentre en un barco con bandera española (o escudo real o cualquier otra insignia que designe su pertenencia) sea de la misma titularidad, pero eso no quita que podamos y debamos analizar si la forma de hacer las cosas fue ética, correcta o si preferís ajustada a derecho. Francisco de Vitoria, precursor del derecho internacional cuestionó ya en el siglo XVI los derechos de la Corona sobre las Indias. Y es que reclamar soberanía sobre mercancías que si bien no fueron robadas directamente, fueron obtenidas en unas circunstancias que no caben en ninguna fórmula de derecho internacional, es cuando menos, cuestionable. Un caso similar, y sobre el cual todavía en la actualidad existen numerosos conflictos es cuando los británicos al final del protectorado en Egipto, trataron de llevarse obras de arte de incalculable valor. Aún hoy una oficina del Ministerio de Cultura egipcio trata de recuperar lo que considera patrimonio nacional. ¿Acaso puede hacerse una aplicación interesada o parcial del derecho internacional? ¿Y la deuda externa? ¿No debería plantearse como “lo comido por lo servido”? Quizás tendríamos una mejor imagen frente a nuestros “hermanos del otro lado del charco” si no tratásemos empecinadamente de recuperar y lucir (y presumir) aquello que, nos guste o no, nos llevamos sin permiso. ¿Qué opináis vosotr@s?

Fuente: http://cabofarvel.blogspot.com/

jueves, 3 de septiembre de 2009

Al Ayuntamiento de Gáldar.


Desde esta humilde asociación queremos agradecer al Ayuntamiento de Gáldar toda la colaboración prestada para la realización del I curso de Arqueología Subacuática, sin su colaboración quizás este no podría haberse celebrado nunca.

Gracias.

sábado, 29 de agosto de 2009

AGRADECIMIENTOS




A todos aquellos que confiaron en nosotros para la realización de esta primera sesión del curso Arqueología Subacuática os damos las gracias.




Al Centro de buceo Buceo Norte y la asociación cultural La Gorgonia, gracias.