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martes, 3 de agosto de 2010

El viaje más arriesgado de la arqueología española

La aventura de la Arapiles


Por Ignacio Monzón, 19 de julio de 2010
Es triste que una de las aventuras más arriesgadas y bienintencionadas de la Arqueología española haya pasado tan desapercibida. Un viaje en barco por el Mediterráneo, la búsqueda de objetos y la intención de aprender fueron las enseñas de un periplo que, iniciado con muchas esperanzas, tuvo más de un bache.

En los institutos y facultades de España, cuando toca tratar el siglo XIX español no son pocos los que bostezan o piensan que no es el mejor momento de la Historia de la Península. Y no es algo que carezca de razones. Durante mucho tiempo se ha explotado, quizá en demasía, los enormes entuertos políticos y la inestabilidad que generaron, con grandes cambios de gobierno y una serie de problemas económicos galopantes que ni con las cacareadas desamortizaciones se solventaron. Pero en todo punto donde hay sombras existen luces, aunque las primeras sean más largas, más importantes o más numerosas –otras veces puede ser al revés-. El caso de la aventura de la Arapiles puede verse como una luz –tenue, dirían algunos, pero luz al fin y al cabo- que sentó precedente, si bien no pudo o no se quiso continuar.

Una coyuntura poco favorable

Durante los días del efímero Amadeo I (1871-1873) el mundo de la Historia en España estaba iniciando sus pasos hacia la consolidación como ciencia. Los yacimientos se empezaban a excavar de forma rigurosa y los objetos y documentos se revisaban con una metodología moderna. Incluso en 1867 se había fundado, todavía bajo la égida de Isabel II, el Museo Arqueológico Nacional, -en una ubicación diferente a la actual, que se encontraba en obras- con el propósito de convertirse en un organismo cultural de primera magnitud.

Fue en semejante institución –que como cualquier museo no es un mero almacén de artefactos- donde se gestó una idea de lo más ambiciosa. Si Napoleón Bonaparte había partido con un contingente de sabios y doctos en su famosa expedición a Egipto (1798-1801), recabando una enorme cantidad de información –aunque buena parte de los objetos que sacaron del País del Nilo se las requisaron los británicos-, España, modestamente, podía seguir esa estela. El proyecto, ideado y desarrollado por Juan de dios de la Rada y Delgado, se concibió con fines múltiples. El viaje por el Mediterráneo, además de conseguir objetos de interés para los fondos del museo, pretendía documentar las prácticas en otros museos para aprender de ellos –un primer paso de la museología- y establecer relaciones diplomáticas y comerciales con otros puntos del antiguo Mare Nostrum.

A pesar de que las condiciones del país no eran las más afortunadas, debido a las crisis políticas y económicas y a la pérdida paulatina de los territorios transoceánicos, el gobierno probablemente vio en este proyecto una buena publicidad para un rey que necesitaba afianzarse. Por eso, el 10 de junio de 1871, se promulgó una Real Orden por la que se autorizaba la expedición. Hasta se dispuso una nave de guerra para servir de transporte, elegida especialmente por el ministro de Marina, José María de Berenguer. El buque, la Arapiles, era una fragata blindada construida en el Reino Unido que en esos momentos era uno de los exponentes más modernos de la flota. De hecho había sido enviada a Nápoles para formar parte de una exposición marítima. El vehículo llevaría a una Comisión Científica formada por tres especialistas: Juan de Dios de la Rada, impulsor de la idea, sería el líder por su alta formación en Arqueología, Numismática y Diplomática, Jorge Zammit y Romero el epigrafista e intérprete y finalmente Ricardo Velázquez Bosco, que como sus apellidos indican –una de esas ironías de la Historia- se ocuparía del dibujo y la fotografía. Por supuesto, se les dotó económicamente para los gastos del viaje y la adquisición de piezas, avisando a los diferentes consulados españoles para que se les prestara toda la ayuda posible. Así, el 28 de Junio partieron en tren hacia Bayona, llegando a Nápoles el día 30, donde les esperaba su transporte.

Comienza el viaje

La primera fase del viaje consistió en la exploración de la costa sur de Italia por el Mar Tirreno, comenzando por la mismísima Nápoles. Visitaron el Museo Borbónico, organizado por Giuseppe Fiorelli y nutrido con restos de los grandes yacimientos de la zona: Pompeya, Herculano, Stabia, Puteoli, etc., que lógicamente también fueron visitados por los tres sabios. El día 7 de Julio embarcaron rumbo a Palermo, más un brote de viruela en la ciudad les obligó a desviarse a Messina, antigua colonia griega en Sicilia que controlaba el paso marino al que da nombre. Recorrieron la zona y se acercaron a Taormina, otra antigua urbe helena dotada de un magnífico teatro cuyas ruinas todavía se enseñorean, después a Catania, más al sur y por último a la gloriosa Siracusa, que curiosamente fue descrita por Juan de Dios como “decepcionante”. Poco más de la isla pudieron recorrer, pero lo registraron todo con detalle, adquiriendo algunas monedas, restos de terracotas y varios vasos griegos –incluyendo los ejemplares del Gabinete del Barón de Útica-. Pero como las cosas tienden a torcerse en el mejor de los momentos, aquí el viaje estuvo a punto de acabar. El dinero destinado a las dietas de la comisión y la compra de objetos estaba a punto de agotarse ya que el presupuesto debía sufragar también los víveres de la tripulación y el combustible. Afortunadamente el comandante de la nave, Don Ignacio García de Tudela, les prestó lo necesario para continuar con el viaje.

De la zona italiana pasaron rápidamente a la griega, arribando al puerto ateniense del Pireo el día 16 de julio. Gracias al Vicecónsul español Don Enrique Gaspar y a la generosidad del banquero Juan Bautista Serpieri, la comisión de Juan de Dios pudo cargar en el barco una buena cantidad de objetos interesantes: vaciados de yeso del Partenón, esculturas de mármol, terracotas y casi 60 vasos griegos de diferentes estilos desde el Geométrico (s. VIII-VII a. C.). Estos tesoros se acompañaron de dibujos, fotografías y descripciones de la capital griega, elaborados en los seis días de permanencia. De la zona del Ática pasaron a Besika, en Asia Menor, con la constante mengua del dinero y del carbón para las calderas y de allí a la zona norte de Asia Menor.

La siguiente parada era obligada. Ni más ni menos que un yacimiento descubierto el año anterior y cuya repercusión había conmovido el mundo de la Historia: Troya. Juan de Dios relató cómo tuvieron que desplazarse en una barca, remando ellos mismos y poniendo el pie en las húmedas arenas cercanas a la colina de Hissarlik. Era la primera vez que unos españoles llegaban a una de las ciudades más famosas de la Antigüedad. Después de recoger algunas piezas arquitectónicas –imagino que de forma legal-. El día 26 el barco llegó a Chanal-Kalen, pero debido al Tratado de París (1814) los buques de guerra no podían traspasar ese punto. Notificada la situación a la misión diplomática española en Estambul, recibieron la visita del Vicecónsul Don Francisco Carabeli, que se personó en un trasporte con víveres, dinero y 225 toneladas de carbón para las calderas del barco. También les ofreció llevarles hasta la antigua capital de la Pars Orientis del Imperio. Una vez allí recorrieron la ciudad y describieron sus monumentos, entre ellos los custodiados en el Museo Imperial, aprovechando para solicitar fondos, vía telegrama, al director del Museo Arqueológico Nacional. Tristemente la ayuda fue rechazada.

La recta final

El día 9 de agosto zarparon rumbo a Mitilene, en Asia Menor, donde examinaron también un museo que no impresionó a Juan de Dios. Más al Sur, en Smirna, el cónsul de Suecia y Noruega –por aquél entonces formaban un solo país-, el señor Spieglthal, les guió por la zona, dándoles oportunidad de adquirir una cierta cantidad de piezas que aumentaron aún más la deuda que tenían con el capitán de la nave. Los “trofeos” de la expedición eran muy suculentos pero sin ayudas económicas y con casi medio viaje todavía pendiente –y eso sin contar con el regreso- el periplo tuvo que recortarse. Visitando fugazmente las islas de Scio –una de las supuestas patrias de Homero-, Samos y Rodas y pasando de largo de Éfeso llegaron a Chipre, tierra riquísima en lugares de interés histórico. No obstante el problema financiero les dejó un amargo sabor de boca al no poder adquirir ninguno de los objetos que se les presentaron. Solamente gracias a la generosidad de un comerciante italiano, de nombre Colucci, pudieron cargar en el barco 30 piezas cerámicas y varios fragmentos escultóricos.

Finiquitada la aventura helénica llegaron al puerto de Beirut el 25 de Agosto. Allí el señor Tyan, de la embajada española, les sirvió de cicerone, llevándoles a Damasco, descrita por Juan de Dios como una réplica de su Almería natal. La escasez de fondos no representó quizá un problema tan agudo en esta zona, dado que los integrantes eran cristianos y la visita a los Santos Lugares les sirvió de “consuelo”. Lo peor estaba por llegar.

El día 4 de septiembre la fragata arribaba, con no poca suerte, en el puerto de Alejandría. Es posible que en este punto la comisión sintiera más profundamente la falta de ayuda de su propio museo. Sin dinero para compras y con unos víveres y combustible racionados, apenas se pudieron aventurar más allá de la ciudad, sin llegar siquiera a El Cairo o a otros puntos de interés. Con algo de apoyo, quién sabe los objetos que podrían haber traído –aunque los pocos que consiguieron fueron de lo más apreciados- y las concesiones para excavaciones arqueológicas que se podrían haber conseguido. Incluso el mismo capitán Tudela telegrafió al Ministerio de Marina pidiendo socorros, pues el viaje de vuelta no ofrecía muchas esperanzas de ser llevado a buen puerto. Finalmente y tras echar un vistazo al reciente Canal de Suez (1869), el día 7 de septiembre emprendieron el camino de vuelta, arribando en Malta ocho días más tarde. Allí pudieron reabastecerse gracias a la ayuda que llegó de España.

Balance de la aventura

El día 22 de septiembre la fragata echaba el ancla en el puerto de Cartagena, permaneciendo todos en el navío durante tres días por motivos sanitarios. Los casi 90 días de viaje rentaron 22 cajones cargados de objetos de gran valor y una enorme cantidad de fotografías, dibujos y descripciones de yacimientos y ciudades del Mediterráneo central y oriental. El mismo líder y artífice de la expedición, Juan de Dios de la Rada y Delgado expuso, ante los miembros del M.A.N. y las autoridades científicas del país, todas las aventuras y desventuras de semejante experimento, llegando a escribir un libro sobre ello: “Viaje a Oriente de la Fragata Arapiles”. Lamentablemente la experiencia no sentó cátedra y esta empresa quedó como uno de los episodios más curiosos y anecdóticos de la historia de nuestro gran museo.

martes, 29 de diciembre de 2009

Los Maiale. Torpedos Humanos

El ingenio y valentía que fueron capaces de demostrar algunas personas durante la II Guerra Mundial no deja de sorprenderme. Este episodio es muy poco conocido, tal vez por ser sus protagonistas Italianos y por tanto vencidos, pero que por la inteligencia y audacia demostrada merece ser recordado.

Esta proeza la realizaron los componentes de un comando secreto de la marina Italiana lamado “Xa Mas” . Su misión consitía en sabotear buques de las fuerzas aliadas que estuvieran atracados en puertos. Para ello utilizaron tres sistemas:

Las lanchas cargadas de explosivos. En donde una persona que iba en la lancha, encaraba el objetivo y cuando estaba próximo al impacto se arrojaba al agua. El metodo es simple, aunque hacen falta bastantes redaños.

Otro metodo consistía en adherir al casco de los barcos minas explosivas. Aquí desarrollaron unas bombas que no explotaban hasta que el barco no se ponía en marcha y navegaba unas cuantas millas por lo que lograban crear las dudas sobre el motivo de la explosión y de este modo ellos podían seguir operando en el mismo puerto sin levantar sospechas. Pero el principal problema que se les planteaba eran las burbujas de aire que soltaban los todavía incipientes equipos de inmersión y que ponían al descubierto su posición. Aquí es donde interviene el ingenio y para ello desarrollaron un sistema de respiración. En vez de aire a presión usaban una pequeña bombona de oxígeno puro que no produce tantas burbujas y además el oxigeno respirado y convertido en monóxido de carbono era purificado através de un filtro de cal creando así un sistema de respiración cerrado. Su autonomía duraba hasta que el filtro de cal se saturaba. Hoy se sabe que el oxígeno puro afecta al sistema nervioso y puede provocar episodios epilépticos pero ninguno de ellos sufrió nada de esto, seguramente porque el oxígeno no era 100% puro. Sólo tuvieron algunos problemas ocasionados por la profundidad y es que sólo podían bajar hasta 15 mtrs. de profundidad y se conoce que en ocasiones llegaron a mas de 30.

Pero el invento más espectacular fueron “los Maiale” (Cerdos en Italiano) Eran unos torpedos modificados para poder llevar en él a dos personas sumergidas. De este modo, dos “locos” montados sobre 300 kg de explosivos, podían hacerlo maniobrar para sortear todas las defensas(minas, obstáculos) que flanqueaban los puertos y que para cualquier submarino normal le resultaría imposible. Una vez en puerto enfilaban el torpedo contra el barco elegido y ellos regresaban buceando y utilizando, claro, su particular sistema de respiración para no ser descubiertos. Los “Maiale” eran “lanzados” desde submarinos o desde un petrolero modificado(El Olterra) que usaban los Xa Mas para sus sabotajes.

De este modo consiguieron hundir numerosos barcos por puertos de todo el mundo como en el de Alejandría, Malta o Gibraltar. Concretamente Gibraltar fue uno de los puertos donde más actuaron. y es que un Italiano casado con una española, consiguió montar en su casa junto al mar, en Algeciras, un centro de operaciones de los Xa Mas que se llamó “Villa Carmela” y desde allí se realizaron incursiones en las que hundieron cientos de miles de toneladas en navíos de todo tipo, mercantes y de guerra. Fue también en Gibraltar, en 1942, donde fue interceptado una incursión de los Xa Mas y de los tres “maiale” que salieron sólo uno logró su objetivo y murieron tres de los buceadores.

Sin duda alguna, los hombres que formaron los Xa Mas, dieron muestras de un arrojo increible. Seguramente, si los protagonistas de esto hubieran sido alguno der los vencedores, todo el mundo habría oído hablar de ellos alguna vez. Y es que, reconozcámoslo, valientes y cobardes los hay en todos los bandos.

Más:

Página de la “Regia Marina Italiana”

http://www.regiamarina.net/

LAS NUEVAS TECNOLOGÍAS



Próximo Oriente. 1500 años antes de nuestra era. Unos avances revolucionarios parecían destinados a cambiar el mundo. Dos nuevas tecnologías estaban a punto, listas para revolucionar la cultura, la economía y la industria. Por un lado, en Asia Menor, los artesanos hititas habían descubierto la forma de obtener y trabajar un nuevo material: el hierro. Este metal, mucho más duro y flexible que el bronce, iba a permitir herramientas y armas de una calidad nunca vista. Un poco más al sur, en la franja siriopalestina, los cananeos empezaban a experimentar con una nueva forma de escritura: el alfabeto, un método sencillo y práctico que supondría un avance en la transmisión cultural, en el almacenamiento e intercambio de información, impresionante.


Teniendo en cuenta que aquellos pueblos que antes dominaran estas nuevas tecnologías iban a gozar de una gran ventaja, tanto económica como militar, sobre sus rivales, parecía solo cuestión de tiempo que ambos avances se extendieran por toda el área. Pero el tiempo pasó y no pasó nada. Transcurrieron años, luego décadas y finalmente siglos, y las herramientas seguían siendo de bronce. En los templos y en los palacios los escribas continuaban usando los jeroglíficos y la escritura cuneiforme, mientras que las letras fenicias eran desconocidas. ¿Qué había sucedido?


Lo que pasó fue la inercia. Aquella era una tierra antigua. Hace 35 siglos había ciudades en Oriente Próximo que ya tenían más de 35 siglos a sus espaldas. Cuando una profesión, clase social o institución lleva tanto tiempo haciendo las cosas a su manera suele ser bastante complicado convencer a sus integrantes de que existe una nueva forma de hacerlas.



El bronce era un material sobre el que existía una gran demanda y que requería una gran especialización. Los artesanos que lo trabajaban vivían en las ciudades bajo la protección del Palacio y gozaban de un nivel social bastante elevado. Además, las materias primas necesarias, cobre y estaño, eran escasas. Chipre era el principal exportador de cobre, aunque también existían minas en Anatolia, los montes Zagros y la península del Sinaí, mientras que el estaño procedía en su mayor parte del país de Elam. Esta situación hacía necesaria la existencia de una extensa red comercial y, en un mundo donde el medio de transporte era el burro y los territorios entre ciudades estaban habitados por nómadas especialistas en saquear caravanas, una red comercial segura necesitaba contar con el apoyo del estado para mantenerse en funcionamiento.


El caso del hierro era muy distinto. Una vez conocida la técnica, su fabricación era más sencilla que la del bronce por lo que no era necesaria una gran inversión para formar forjadores. Además, aunque los yacimientos de hierro eran más pequeños que los de cobre, eran mucho más abundantes y estaban repartidos por toda la zona. La fabricación de útiles de hierro podía ser desarrollada a escala local, sin el apoyo del palacio y sin la necesidad de ricos comerciantes que financiaran las caravanas. Las ventajas del hierro frente al bronce, aun sin tener en cuenta su mayor resistencia, parecían evidentes. El problema era que para un reducido porcentaje de la población estas ventajas eran más bien inconvenientes. Un buen número de comerciantes, funcionarios y artesanos estaban destinados a desaparecer si el hierro sustituía al bronce. Puesto que estas minorías gozaban del favor del Palacio, cuando no formaban parte del mismo, el bronce continuó siendo el material empleado pese a las desventajas que presentaba con respecto al hierro.


En esa misma época, en torno a la mitad del segundo milenio, el alfabeto ya era conocido por los comerciantes cananeos. Era un método mucho más sencillo y práctico para escribir una lengua que el cuneiforme o los jeroglíficos. Gracias al alfabeto, la capacidad de leer y escribir dejaba de ser una profesión altamente especializada para convertirse en una habilidad que cualquier persona podía aprender. Es cierto que, incluso tras la expansión de la escritura alfabética, la gente analfabeta seguía siendo la mayoría mientras que la enseñanza de la letras se reservaba para las clases sociales con recursos, los comerciantes y el clero. Pero aún con estas reservas el alfabeto suponía un gran avance con respecto a la situación anterior.


Los jeroglíficos y la escritura cuneiforme estaban reservados para aquellos que habían estudiado la profesión de escriba, que constituían una élite social en si mismos. Ni siquiera entre las clases más altas era común leer. En las estelas donde se recogían los logros de los reyes, el saber leer era una hazaña que se situaba al lado de las victorias militares. Y muy pocos reyes tenían esa habilidad listada en su estela.


Los escribas y sus escuelas dependían directamente del Palacio o del Templo. La función del escriba era estar ahí cuando fuera necesario redactar un tratado, un código legal, una estela o un contrato, y llevar a cabo su trabajo con fidelidad y exactitud. Su profesión era la mejor considerada y el acceso a la misma estaba reservado a las élites. Eran tan escasos que constituían un artículo de lujo: en las cartas que los reyes se mandaban unos a otros solicitando oro o princesas casaderas, los escribas eran un bien muy demandado, aunque siempre como préstamo. La principal preocupación de un rey cuando mandaba sus escribas a un país extranjero era que éstos no volvieran nunca.



Escritura cuneiforme.


Los escribas eran guardianes de la cultura y la historia. Ellos eran los que se encargaban de fijar en piedra los hechos más importantes de un determinado reinado y solo ellos estaban capacitados para leer estas crónicas a los demás. Las tablillas de arcilla almacenadas en las bibliotecas reales, con sus textos litúrgicos, sus archivos comerciales, sus cartas entre soberanos, etc., eran administradas directamente por los escribas. Es difícil hoy en día hacernos una idea del poder que tenían los escribas. Y todo ese poder desaparecería de la noche a la mañana si el alfabeto se popularizaba.


Y el alfabeto no se popularizó. Muchos siglos después de su descubrimiento, los escribas seguían manteniendo su monopolio y la lengua acadia escrita en cuneiforme continuaba siendo la lengua franca. Los restos que tenemos de escritura alfabética en ese periodo se limitan a la franja siriopalestina y son, sobre todo, marcas de propiedad sobre objetos y un tipo de expresión literaria completamente nuevo: los graffiti. Los graffiti eran algo impensable con los sistemas de escritura anteriores. Grabar en una roca “¡Sargón mamón!” en cuneiforme o “Sinuhé estuvo aquí” en jeroglífico no tenía mucho sentido, además de ser algo demasiado difícil de hacer para que tuviera gracia.


Los textos oficiales, religiosos, comerciales o las composiciones literarias siguieron siendo monopolio de los escribas durante muchos siglos. Eso de las letras era demasiado peligroso. Nada bueno podía salir de un sistema que permitía a cualquier indocumentado hacer copias de las aventuras de Gilgamesh o, ¡peor aún!, hacer sus propias versiones. ¿Quién iba a garantizar la pureza de los textos si cualquiera podía escribirlos? El alfabeto pondría a los escribas a la altura de simples músicos o actores. La élite de las élites al nivel de vulgares artistas. Era intolerable.





LOS PUEBLOS DEL MAR

Por supuesto, la mayoría de historiadores coincidirán en que establecer un paralelismo entre una situación actual y otra de hace milenios es completamente descabellado. Absurdo. Pero, si algún lector piensa, como yo mismo, que el ser humano ha sido básicamente el mismo a lo largo de toda su historia, con los mismos problemas, las mismas inquietudes y los mismos desafíos a los que enfrentarse, es posible que llegue a la siguiente conclusión: finalmente el hierro desbancó al bronce y los poderosos escribas sucumbieron ante la popularización del alfabeto, así que no hay problema. Quizá la historia nos enseñe cómo vencer la inercia social y abrir las puertas de par en par a las nuevas tecnologías...


"Batalla del Delta". Egipto contra los Pueblos del Mar.




En efecto, el hierro y el alfabeto se impusieron finalmente, pero la forma en que esto sucedió es de complicada aplicación en la actualidad. Durante el siglo XII las sociedades de Oriente Próximo vivían inmersas en una grave crisis. El endeudamiento de las clases bajas y el enriquecimiento desmesurado de los palacios habían conducido al despoblamiento de las ciudades. Cuando alguien no podía hacer frente a sus deudas, la única salida que le quedaba era entregar a sus hijos, a su mujer o a si mismo al acreedor como esclavos. O bien, abandonar la ciudad, unirse a los clanes nómadas y dedicarse al saqueo y el pillaje. Esto llevó a una crisis demográfica y económica sin precedentes. Y, precisamente, en este momento de debilidad, aparecieron los invasores.


Poco sabemos de ellos, aparte del nombre de algunos de los pueblos que los formaban. Sus contemporáneos los llamaban simplemente “Pueblos del Mar”, pues por mar llegaron. Nadie sabe de donde salieron. Quizá fueran egeos, o a lo mejor eran grupos de piratas formados por la gente que había abandonado las ciudades huyendo de las deudas. No lo sabemos y hay pocas esperanzas de que lo sepamos algún día. Lo que sí sabemos es que los Pueblos del Mar arrasaron con todo lo que encontraron a su paso. Las ciudades, con sus palacios, fueron reducidas a cenizas. Los reinos cayeron y la antigua clase gobernante, con sus funcionarios y su modelo económico, desapareció por completo. Los grandes imperios se tambalearon y algunos, como el poderoso Imperio Hitita, fueron borrados del mapa por completo. Egipto consiguió aguantar aunque perdió todas sus posesiones en Asia y nunca volvió a recuperarlas. Los faraones vieron como su reino era reducido a su núcleo tradicional en el valle del Nilo y para el resto del mundo dejaron de ser una potencia a tener en cuenta para convertirse otra vez en “ese reino aislado de gente rara y dioses extraños con el que no conviene relacionarse”.


Con el paso del tiempo, sobre las cenizas de las antiguas ciudades se levantaron otras nuevas. Nuevos palacios, nuevas administraciones y nuevos funcionarios surgieron en una sociedad distinta. Y esta sociedad, sin nada que la atara a su pasado, no tuvo ningún reparo en adoptar el hierro y el alfabeto. Desde el nuevo mundo que nació del desastre, las nuevas tecnologías se extendieron a a aquellas zonas que, alejadas del mar, se habían visto menos afectadas por los Pueblos del Mar, como Asiria o Babilonia. El hierro sustituyó al bronce y la lengua escrita aramea (alfabética) reemplazó al acadio escrito en cuneiforme como lengua universal. Cuanto más a salvo de las invasiones y más aislado estaba un reino, más complicado le resultó aceptar los avances. Por ejemplo, Egipto siguió usando el bronce y los jeroglíficos hasta un milenio después del ataque de los Pueblos del Mar.


La historia nos enseña que si queremos que determinadas clases sociales sean conscientes del cambio que supone una tecnología revolucionaria y lo acepten sin reservas solo es necesario que una confederación de pueblos alienígenas aparezca de repente, arrase la mayor parte de la Tierra, destruya los gobiernos y acabe con los antiguos modelos culturales. Es posible que de las cenizas surja una nueva sociedad que comprenda las consecuencias de un avance como una red de intercambio de información libre y mundial. No hay que perder la esperanza.


EPÍLOGO: CARTAS DESDE UGARIT

Si hay un testimonio que refleja lo que supuso la llegada de los Pueblos del Mar son las cartas de los soberanos de la ciudad de Ugarit en las que piden ayuda a sus vecinos. Resulta estremecedor comprobar como unas cartas escritas hace miles de años pueden reflejar un sentimiento de desesperación semejante. En las últimas de estas cartas, el rey de Ugarit pide ayuda hasta a sus tradicionales enemigos: los egipcios. En la última afirma que sus barcos han sido hundidos, sus tropas salieron a defender el Imperio Hitita y nunca regresaron, las ciudades vecinas han sido destruidas y el enemigo se encuentra ante sus puertas. Las cartas hacen pensar en un soldado rodeado de enemigos, pidiendo ayuda por radio sin saber que al otro lado ya no queda nadie escuchando. Poco después de mandar su última carta, Ugarit fue reducida a cenizas y desapareció para siempre.

A pesar de que en Ugarit se conocía el alfabeto desde cuatro siglos antes, las cartas estaban escritas en cuneiforme.

La Flota de Castilla Invade Inglaterra.


Nao con el pendón de Castilla.

Al leer el título y desde una perspectiva actual, no se sabe que es más chocante. Si lo de “flota de Castilla“, región que en la actualidad tiene su costa más cercana a varios kilómetros de distancia o lo de “invadir Inglaterra“, algo que solamente ha ocurrido en nuestros sueños más heroicos.

Sin embargo, poniéndonos en el momento y la época adecuada, el asunto no sólo deja de sonar extraño sino que además resulta ser totalmente verídico.

Para poder situarnos tenemos que retroceder unos pocos años en la historia, exactamente unos setecientos, cuando la Corona de Castilla abarca aproximadamente la mitad de la península de la ibérica.

Corona de Castilla a principios del s.XV

Por aquel entonces Castilla no sólo tenía una flota, sino que además era una de las más poderosas del momento y además entre sus oficiales contaba con uno de los más intrépidos marinos, Fernando Sánchez de Tovar.

El suceso en cuestión ocurre en el siglo XIV dentro del marco de La Guerra de los Cien años. Cuando el rey castellano, Enrique de Trastamara, se alía con Carlos V de Francia para combatir al común enemigo inglés. Franceses y castellanos juntaron una potente armada formada por 50 galeras, más de 5.000 hombres preparados para el desembarco y colocando al frente de la misma a Sanchez de Tovar.

Ilustración de la galera del Adelantado Mayor de Castilla, puesto que ocupó Sánchez de Tovar. (Imagen: Todo a Babor)

Fueron varios meses de luchas y hostigamiento en la costa inglesa donde la flota saqueó la isla de Wight, (Dos veces. A la ida y a la vuelta) y los puertos del sur de Inglaterra de Rye, Rottingdean, Lewes, Folkestone, Plymouth, Portsmouth yHastings.


Después de este repaso y de hacer una pequeña pausa para saquear los lugares y pertrechar convenientemente de nuevo sus naves (Hicieron un “break” que dirían los ingleses :-D ) enfilaron la desembocadura del Támesis y pusieron sus proas rumbo a Londres. Quemaron varios poblados costeros que caían de camino y arrasaron la ciudad de Gravesend, muy muy cerquita de Londres.


Así de cerquita quedaron de Londres. (Ver en Google Maps)

Las crónicas de la época dan cuenta de lo inusual del hecho.

Ficieron gran guerra este año por la mar, e entraron por el río Artemisa [Támesis] fasta cerca de la cibdad de Londres, a do galeas de enemigos nunca entraron.

Pero finalmente la gran meta no se logró. No está muy claro el motivo de su vuelta estando tan cerca del objetivo. Posiblemente la razón fue que el rey Castellano tenía también sus más y sus menos con el rey de Portugal y precisó la presencia de la flota para asediar Lisboa.

Fernado Sánchez de Tovar murió en este asedio. Su cuerpo fue trasladado hasta Sevilla y enterrado en la catedral. En un epitafio, hoy desaparecido, se podía leer.

Aquí yace el bueno e honrado cavallero D. Ferrant Sanchez de Tobar, Almirante de Castilla que Dios perdone, e finó sobre Lisboa en el año de MCCCLXXXIV, e mandole fazer esta sepultura Juan de Tobar su viznieto, en el año de MCCCCXXXVI.

…Caballero que mojó la oreja al perro inglés

Hubiera añadido yo. ;-)

Más en:

Fernando Sánchez de Tovar. (Wiki)

Fernado Sánchez de Tovar. (Wiki inglés)

El mapa de Vinland es auténtico… según un experto


Vinland_Maps

El célebre y polémico mapa de Vinland, un mapamundi supuestamente realizado en el siglo XV que sería la primera representación de parte de América, realizada antes del descubrimiento de Colón, es finalmente auténtico. Al menos, así lo asegura Rene Larsen, rector de la Escuela de Conservación en la Academia Real Danesa de Bellas Artes. La pieza salió a la luz a finales de la década de los 50 del siglo pasado –unida a una obra considerada auténtica, la Hystoria Tartarorum (Historia de los Tártaros)–, y desde el primer momento generó numerosas dudas entre los expertos, pues muchos de ellos creían que se trataba de una pieza falsificada para probar que los vikingos fueron los primeros europeos en descubrir el continente americano.

Aparentemente, el mapa dataría del siglo XV, pero reproduciría uno más antiguo del siglo XIII, y en él aparecen representados Europa, Asia y parte de África, además de una masa de tierra al Oeste de Groenlandia, en el Atlántico, que es denominada Vinilanda Insula. Este territorio no sería otro que Terranova, a donde habría llegado el explorador vikingo Leif Erikkson en torno al año 1000. De hecho, el mapa muestra un párrafo de texto junto a la representación de Vinland en el que puede leeerse: “Por la voluntad de Dios, después de un largo viaje desde la isla de Groenlandia hacia el Sur y las partes más distantes del océano occidental, navegando a través del hielo, los compañeros Bjarni y Leif Riksson descubrieron una nueva tierra, extremadamente fértil y que incluso tenía vides… que llamaron Vinland”.

Las dudas sobre la autenticidad del mapa aumentaron en la década de los 70, cuando se descubrió en la pieza una sustancia conocida como anatasa –un derivado del dióxido de titanio–, que es prácticamente imposible encontrar en forma natural, por lo que se pensó que aquello demostraba que el mapa era una falsificación. Ya en la década de los 90 se realizaron nuevos estudios, entre ellos una prueba de datación por Carbono 14 que arrojó una fecha aproximada –para el pergamino– entre 1423 y 1455. De forma paralela, los análisis sobre la tinta realizados por el doctor Robin Clark, profesor de química de la University College de Londres, determinaron que ésta había sido creada en fechas muy recientes, aproximadamente en torno al año 1923.

Detalle del Mapa de Vinland. A la izquierda, la Insula Vinlandia.

Detalle del mapa. A la izquierda, la Vinilanda Insula. Crédito: Universidad de Yale / Wikimedia Commons.

Los hallazgos de los últimos estudios sobre el mapa parecían concluyentes pero hace apenas unos días, en julio de 2009, Rene Larsen aseguró durante una ponencia en la Conferencia Internacional de Historia de la Cartografía de Copenhague que él y su equipo habían realizado numerosos estudios sobre el polémico objeto, llegando a una conclusión diferente. “Todas las pruebas que hemos hecho en los últimos cinco años –sobre los materiales y otros aspectos– no muestran signos de falsificación”, explicó Larsen. El experto aseguró haber realizado análisis sobre la tinta, la escritura, los remiendos e incluso las agresiones sufridas por insectos en el pergamino. De hecho, Larsen precisó que los daños causados por estos insectos en el mapa parecían coincidir con los existentes en la Hystoria Tartororum, el libro en el que apareció el mapa, y cuya autenticidad está fuera de toda duda. Además, el investigador danés señaló que la afirmación de que la tinta es reciente debido a que contiene atanasa puede desecharse, pues en otros mapas medievales se ha hallado la misma sustancia, que probablemente procede de haber utilizado arena para secar la tinta húmeda.

En realidad, la autenticidad del mapa –que se custodia en la Universidad de Yale, en EE.UU.– no afecta a la llegada de los vikingos a América antes de Colón, pues excavaciones arqueológicas realizadas en las décadas de los años 60 del siglo XX por la arqueóloga Anne Stine Ingstad parecen confirmar este hecho. Sin embargo, el valor histórico y económico del mapa serían muy diferentes si se confirmase o desmintiese su autenticidad. Por el momento, las afirmaciones de Larsen sólo constituyen un capítulo más en la polémica y agitada historia del llamado Mapa de Vinland y, mientras sus resultados no sean presentados en publicaciones científicas, y por lo tanto revisados y debatidos por otros expertos, las sospechas de fraude siguen siendo muy fuertes.

Fuente: Vinland Map of America no forgery, expert says (Yahoo News / Reuters)

Más información: Vinland map (Entrada inglesa de la Wikipedia, con enlaces a los trabajos científicos publicados hasta la fecha).

Ciudades subterráneas en el desierto


Vista exterior de la ciudad subterránea Sietch Nevada.

Los asistentes a la convención Innovative Technologies and arid climates (Tecnologías Innovadoras y climas áridos), celebrada el pasado mes de octubre en Toronto (Canadá) quedaron sorprendidos por una singular propuesta de ciudad del futuro.

El “prototipo”, bautizado como Sietch Nevada, propone nada más y nada menos que un nuevo modelo de ciudad subterránea que se ubicaría en el desierto de Nevada (EE.UU.). Los fans de la ciencia-ficción apreciaron especialmente la propuesta pues, como explica el propio informe del proyecto, Sietch Nevada se inspira de forma directa en la novela Dune, escrita por Frank Herbert en 1965.

La novela presenta un planeta que ha sufrido los terribles efectos de la desertización, y en el que los habitantes han tenido que refugiarse en el subsuelo, donde el agua se ha convertido en el producto más preciado.

Los autores de Sietch Nevada han planteado este sorprendente prototipo de ciudad futura teniendo en cuenta las poco tranquilizadoras previsiones de futuro respecto a los recursos hídricos en buena parte del planeta.

Vista interior de Sietch Nevada.

Vista interior de Sietch Nevada.

“Nuestro proyecto plantea el almacenamiento masivo de agua como el factor fundamental en la infraestructura urbana del futuro en el sudoeste de EE.UU. Sietch Nevada es un prototipo que hace del almacenamiento, la recolección y el uso del agua el elemento esencial para la creación y desarrollo de la vida urbana. Invirtiendo el estereotipo actual de los patrones urbanos del sudoeste, dipersos y a cielo abierto, Sietch es una comunidad densa y subterránea, provista de una red de canales de abastecimiento de agua”, señala el informe.

No sabemos si finalmente será necesario construir ciudades como las que proponen estos “visionarios”, pero de lo que no hay duda es que las imágenes que acompañan al informe son realmente sugerentes.

Fuente: Underground city envisioned in Nevada (LiveScience)

Crédito fotografías: Andrew Kudless (diseño), Nenad Katic (visualización), Tan Nguyen, Pia-Jacqlyn Malinis, Jafe Meltesen-Lee, Benjamin Barragan.

* Curioso artículo este , ¿será este el futuro que queremos?