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jueves, 13 de enero de 2011

Hallan posible naufragio de cuatro siglos

Soriano. Un hecho fortuito llevó a encontrar elementos que abren una nueva puerta a la historia

Aún no puede afirmarse fehacientemente, pero los científicos estudian los restos de un posible naufragio que, a su vez, podría dar pistas sobre una ciudad perdida.

Aldo Roque Difilippo l MERCEDES
Restos. Estas cadenas están siendo analizadas para datar su antigüedad.
Restos. Estas cadenas están siendo analizadas para datar su antigüedad.
Buceando. Por vía subacuática se encontraron los primeros restos y se sigue investigando.
Buceando. Por vía subacuática se encontraron los primeros restos y se sigue investigando.
 
Un hecho fortuito, la búsqueda de un cuchillo caído al agua, derivó en el hallazgo de lo que podría presumirse un naufragio de hace algunos cientos de años. Aunque todavía los elementos encontrados no permiten aventurar fehacientemente que las cerámicas, restos de botellas, clavos e incluso lastres de piedra y de metal correspondan a un barco que naufragó en esa zona, se abre para los técnicos, una posibilidad importante de investigación y de exploración.
El hallazgo se produjo en un lugar clave de Soriano, la desembocadura del arroyo Espinillo con el río San Salvador, donde en 1527 Sebastián Gaboto estableció un puerto o fuerte del San Salvador, primera incursión española en tierra firme. Un año después, en 1528, allí se realizó la primera plantación de trigo en América. Años más tarde por esa zona también estuvo la Ciudad Zaratina, de la cual se tienen solamente registros escritos pero ninguna referencia física.
La Comisión Nacional de Patrimonio dispuso que tres técnicos, especialistas en arqueología submarina, llegaran hasta el lugar y realizaran la exploración de la zona, acompañados de técnicos locales y de autoridades departamentales. En una primera exploración pudieron encontrarse restos de cerámica europea, botellas de vidrio soplado (lo que estaría dando una aproximación histórica del hallazgo), algunos clavos, cadenas y un par de lastres, lo que haría presumir que se trata de un naufragio.
Uno de esos lastres es un lingote de metal y el otro es un enorme granito que por su característica no corresponde a material geológico de la zona. Además se encontró una especie de polea o trozo mecánico que podría corresponder a una pieza de un barco de principios del siglo XX, por lo que los técnicos se encuentran abocados a clasificar y datar el material para poder determinar fehacientemente a qué etapa corresponde cada uno.
Paralelo a ello se iniciaron los trabajos de conservación del material encontrado, especialmente los hierros, para evitar su degradación al tomar contacto con el aire. En posteriores exploraciones en esa zona los buzos intentarán determinar si debajo del lastre encontrado existen vestigios de madera, lo que sería un indicio fehaciente de que se trata de un naufragio.
Aunque un comunicado emitido por la Intendencia de Soriano se aventuró a afirmar que se trata de "hallazgo de barcos históricos de fines del siglo XVII y principios del XVIII", el arqueólogo Aparicio Arcaus prefirió no fijar ninguna fecha hasta no continuar con los trabajos exploratorios de esa zona y de terminar de relevar y chequear el material recogido. Lo cierto es que se trata de un significativo hallazgo para esa zona del departamento, que pauta la presencia europea en los años de la conquista española.

El hallazgo

El arqueólogo Aparicio Arcaus del Museo Paleontológico Alejandro C. Berro de Mercedes comentó a LA REPUBLICA las características de este hallazgo y las perspectivas de investigación que se abren.

­¿Qué características tiene este hallazgo?
-Fue casual, por parte de dos buzos de Dolores, Alfonso Quian y José Luis Gómez, que buscando un cuchillo se tiraron a bucear en el arroyo Espinillo y después en el San Salvador, y realizaron un hallazgo interesante de material colonial, en general, que fue lo que derivó en nuestra presencia en toda la zona.

­Se encontraron metales, cerámica y algún indicio, ¿de que podría tratarse? ¿de un naufragio?
­Sí apareció cerámica, claramente de torno, que corresponde a la traída por los europeos; no es de aquí. También algunos restos de vidrio y de metales de elementos domésticos y de uso cotidiano. Después, probablemente, y subrayo esto, aparecieron algunos elementos que darían el indicio a un posible naufragio. Pero esto está en una etapa de evaluación superprimaria. No se puede ser concluyente.

­El Ministerio de Educación y Cultura mandó tres técnicos para trabajar en la zona. ¿Se va a recibir apoyo económico para seguir con la investigación?
­El Ministerio, sobre todo a través de la Comisión de Patrimonio, nos envió los técnicos. Entre las tres instituciones participantes, la Intendencia, Prefectura y la Comisión de Patrimonio, estamos desarrollando un plan de trabajo y viendo de dónde van a venir los recursos para continuar con la investigación.

­¿Cuál será el destino de estos materiales?
­La voluntad de las personas que lo encontraron es que queden en el Museo Lacan- Guazú de Dolores. A partir de eso desde el Museo Berro y desde la Comisión de Patrimonio se les va a brindar el asesoramiento técnico en cuanto a catalogación, inventario, conservación y exhibición de los materiales.

­Hay un viejo proyecto en Dolores de dar con un indicio de lo que fue la Ciudad Zaratina. ¿Esta podría ser una de las puntas para llegar a ubicarla?
­Hay una iniciativa de gente vinculada a la historia de hacer una puesta en valor de lo que fue el fuerte San Salvador y la Ciudad Zaratina. Hay que recordar que por el año 1986 u 87, ese lugar fue objeto de excavaciones realizadas por el arqueólogo Arturo Toscano, que recabó materiales y realizó una publicación que refieren a la posible ubicación del fuerte San Salvador. Es un lugar que tiene mucha historia, con un potencial enorme si se lograra profundizar un poco más en las investigaciones, porque sería el primer asentamiento español en nuestra zona. Nuestra intención es integrar todo el proyecto en ese plan de trabajo: lo del fuerte San Salvador con la arqueología subacuática.

­Por el movimiento del río en el correr de los años, ¿podría aventurarse que este descubrimiento corresponda a un asentamiento humano?
­Justamente, las etapas posteriores que estamos iniciando ahora son el estudio de la evolución del paisaje, lo que nos va a permitir ver ese tipo de cosas. No es de descartar que las costas se muevan, más en un río tan meándrico como el San Salvador. No es de descartar que eso en algún momento haya estado seco. Pero esos temas se resuelven con aproximaciones de fotografía aérea y estudios de aproximación del paisaje, que es lo que estamos encarando ahora.

-Alguno de los materiales encontrados serían del siglo XX.
­Sí, en el sitio tenemos lo que se llama un palimpsesto, una mezcla de materiales de distintas cronologías, que por la dinámica del propio sitio es muy factible que se hayan mezclado. Lo que vamos a intentar en las próximas intervenciones es acotar cronológicamente cada uno de los materiales.

­En un hallazgo de estas características, es decir menores a 500 años, ¿qué margen de error puede llegar a tener la datación de estos materiales?
­El Carbono 14, que es la técnica que se utiliza más comúnmente en fechas tan recientes, tiene un margen de error importante, porque no llega a medir bien los materiales históricos, pero hay otras técnicas como la dendrocronología, en el caso de que apareciera alguna madera, con que se puede estudiar la edad. La cerámica también se puede datar mediante otras técnicas.

Fuente: http://www.larepublica.com.uy/comunidad/437769-hallan-posible-naufragio-de-cuatro-siglos

martes, 23 de noviembre de 2010

Un fantasma llamado Arna

El lado oscuro de Almería

El Arna es un buque mercante, cuya estructura metálica descansa en el fondo del mar Mediterráneo situado a poco más de una milla frente al Cabo de Gata cerca de la 'Media Luna' 

José Ángel Pérez / Periodista | Actualizado 01.11.2010
 
zoom
EL caso del "Arna" no es sumamente conocido de forma generalizada, aunque es bastante familiar para las gentes de la mar. Algunos arriesgados submarinistas han logrado   
fotografiar al pecio que de alguna manera se ha convertido en una especie de faro submarino frente al paraje natural del Cabo de Gata-Nijar. Curiosamente, la gente de la mar para referirse a este pecio, lo llama coloquialmente "el vapor".

El "Arna" se encuentra en la posición 36º 42' 701N y 2º 12' 302W con rumbo 280º frente al faro de Cabo de Gata. La proa está a 41 metros, la popa a 40 metros de profundidad y la parte mas alta de la cubierta del buque a tan solo 28 metros.

Estas apreciaciones pudieron conocerse después de que en el año 1956 se confeccionaran nuevas cartas náuticas del litoral almeriense. Existe total acuerdo en que no hubo que lamentarse desgracias personales pese a que el barco tardó poco tiempo en hundirse dada la posición en que aún permanece sumergido.

Aunque las circunstancias de su hundimiento no se conocen de forma rotunda lo que parece claro es que el "Arna" naufragó al colisionar un lateral del buque con la Laja, una piedra que surge del mar y se alza unos cinco metros sobre la superficie cuando trataba de refugiarse cerca de la costa de un fuerte temporal de poniente.. El violento impacto originó una fuerte brecha en la línea de flotación del buque inundándose rápidamente la bodega.

Los datos acerca de este naufragio fue recogido de forma breve por los diarios locales de Almería. El buque, de origen checoslovaco y matriculado en Praga, se hundió sobre las cinco y media de la tarde del 16 de febrero de 1928. Dada la rapidez en que el buque fue engullido por el mar, ni el capitán ni el resto de la tripulación- treinta y tres hombres- pudieron llevarse consigo sus pertenencias u objetos de valor e incluso darles tiempos de arrojar por la borda los botes salvavidas. Los tripulantes, tuvieron que nadar contra corriente como consecuencia del fuerte oleaje hasta poder llegar sanos y salvos y ganar la orilla de la ensenada de San Francisco o del Corralete. Los treinta y cuatro hombres, dos días mas tarde embarcaron en el buque Roberto R. con destino a Barcelona. El Arna salió del puerto de Bona con un cargamento de mineral de hierro y en su hoja de ruta figuraba como destino el puerto de Middlesbrough. El barco tenia una póliza de seguros con la compañía Reunione Adriática Maritime con base en la localidad italiana de Trieste y pertenecía a la naviera A. Zdenkovic siendo construido a principio de siglo en los astilleros ingleses de Northumberland S.B and Company. Registraba 3.049 toneladas. Su eslora es de 325 pies, 48 de manga y de 21´8 de calado. El buque estaba propulsado por una maquina alternativa de triple expansión de 593 caballos nominales. Estos datos, recogidos en la prensa local se pueden ver en la pagina web naufragios.net del especialista en este tipo de temas Francisco José García.

Si bien se han extraído anclas, cadenotes, galeotes y algún que otro elemento, el buque se encuentra prácticamente entero. Aunque está en posición de navegación, lleva ochenta y dos años en reposo. Este buque hundido, como todo pecio (denominación que se le da a los barcos hundidos), ha dado lugar a una explosión de vida submarina ya que su estructura sirve de refugio y soporte para innumerables especies sensibles: esponjas y espirógrafos entre otros. Los peces que se pueden ver bajo las aguas son también numerosos: Dentones, sargos, corvas, abadejos, meros, congrios, morenas y un sin fin de esepcies tipicas del Mediterráneo.

En las aguas de la provincia existen otros importantes yacimientos arqueológicos como el denominado "Pecio Gandolfo", restos de un barco romano que se encuentra sumergido a unos diez metros de profundidad y muy cubierto por la arena, frente a la playa de San Miguel, al Sur del Faro del Sabinal, a la altura de Punta Entinas.

Está constituido por el maderamen de una embarcación antigua y la casi totalidad de su cargamento, consistente en gran cantidad de ánforas de diversos tipos y tamaños, la mayoría de las cuales se encontraron en excelente estado de conservación Entre los yacimientos documentados junto al pecio Gandolfo, está la Laja de Cabo de Gata, en donde existen restos de un barco medieval.
 

jueves, 21 de octubre de 2010

Arqueólogos submarinos extraerán más piezas para el museo de Baiona

Los expertos confían en encontrar abundantes restos por tratarse de un área cercana a la playa de Ribeira
La Xunta contrata una excavación en el área de dragado del futuro emplazamiento de la réplica de La Pinta
Autor:Alejandro Martínez
Fecha de publicación:
13/10/2010
Localidad:baiona/la voz.
 
Una segunda excavación arqueológica subacuática permitirá al Concello de Baiona seguir descubriendo su pasado e incrementar los fondos de su futuro museo de la navegación. La Xunta ha contratado este trabajo a Archeonáutica, dirigida por el arqueólogo y submarinista Miguel San Claudio Santa Cruz, que ya descubrió hace dos años el yacimiento bajo el mar más importante de Galicia durante las obras del dragado del área de ampliación del puerto pesquero. La nueva investigación es posible gracias a que el futuro emplazamiento de la réplica de la Carabela Pinta hace necesario realizar un nuevo dragado.
La nave se encuentra actualmente a 200 metros de distancia del paseo marítimo, pero el objetivo de Portos de Galicia, dentro de sus planes de reordenación, es acortar el pantalán un centenar de metros para dejar más espacio libre dentro de la bahía. Lo que ocurre es que a esa distancia de tierra no existe el calado suficiente para poder amarrar la réplica. Se hace necesario practicar una excavación en un área de 20 metros de largo por seis de ancho para aumentar en dos metros la profundidad de la zona.
Superficie
La superficie de actuación será menor, puesto que el dragado estará ajustado a las dimensiones de la embarcación, pero las expectativas de encontrar hallazgos son muy buenas porque se trata de un área frente a la playa Ribeira en el que han fondeado las embarcaciones desde los tiempos más remotos.
Los trabajos se llevarán a cabo con lentitud porque los arqueólogos examinarán minuciosamente todos los materiales que vayan saliendo a la superficie. Los objetos que encuentren permitirán seguir reconstruyendo la historia marítima de la Real Villa a partir de los objetos que con el paso de los siglos fueron a parar al fondo del mar. La Xunta ha adjudicado ya las obras, por lo que está previsto que comiencen en un plazo breve de tiempo, en cumplimiento con los compromisos adquiridos el año pasado por el presidente de Portos en una visita a Baiona.


Algunas de las piezas que aparecieron con la ampliación del muelle
Réplica de la Santa María.

El proyecto museístico estará a cargo del mismo equipo

 
La misma empresa que hace dos años descubrió el mayor yacimiento submarino de Galicia en el puerto pesquero y que ahora afronta el reto de seguir desentrañando los tesoros del pasado de la Real Villa será la encargada de dotar de contenido a la recientemente restaurada Casa Carbajal, en la plaza de Pedro de Castro. La Xunta ha adjudicado a Archeonáutica, de Miguel San Claudio, el proyecto del futuro museo de la navegación de Baiona.
Los vecinos y visitantes podrán así apreciar las piezas más interesantes que durante siglos han permanecido ocultas en el fondo del mar. Los especialistas recuperaron miles de piezas de cerámica de las más exóticas procedencias, ánforas e incluso piezas de cañones de hace más de 300 años de antigüedad, durante el dragado que permitió la ampliación del muelle de Baiona.

domingo, 11 de julio de 2010

El Centro de Arqueología Subacuática ha documentado en Sevilla dos grandes zonas con yacimientos anegados, una en un pantano de Écija y otra a orillas del río Guadalquivir

Historia sumergida de la provincia 

Hundidos. En el Guadalquivir se han documentado 11 pecios.
  
La detallada elaboración de un catálogo de yacimientos subacuáticos, por parte del Centro de Arqueología Subacuática de Andalucía, ha permitido a los historiadores certificar que también tierra adentro, en provincias como Jaén, Sevilla y Córdoba, existen yacimientos de este tipo que deben ser protegidos. En concreto, en el caso de Sevilla este joven centro, creado en 1997 por la Consejería de Cultura de la Junta, ha documentado la existencia de dos grandes zonas con yacimientos sumergidos: la primera se encuentra en el Embalse del Judío, en las inmediaciones de Écija, y la segunda en el fondo de las aguas del río Guadalquivir.

Ambas áreas arqueológicas tienen características y orígenes bien diferentes. Así, en el caso del Embalse del Judío, el yacimiento data del siglo IV antes de Cristo, mientras que los restos que reposan en aguas del Guadalquivir habría que fecharlos primordialmente en la Edad Moderna, es decir, en plena efervescencia de la Carrera de Indias. Además, el Centro de Arqueología Subacuática sí tiene localizado con exactitud el yacimiento astigitano, mientras que de los materiales hundidos en el cauce del río no se sabe su ubicación concreta, ya que tan sólo se tienen fuentes documentales y no materiales de los mismos.

El yacimiento astigitano se encuentra repartido en la orillas derecha, izquierda y en la parte sur del Embalse del Judío. Se trata de un asentamiento romano, cuyo uso perduró hasta época medieval, que fue anegado por el agua a raíz de la construcción de esta obra hidráulica.

En la actualidad, como informa la investigadora Milagros Alzaga desde el Centro de Arqueología Subacuática de Andalucía, se encuentra totalmente cubierto por el agua.

Las primeras noticias del yacimiento datan de 1986 y, desde entonces, el centro no ha encontrado más información al respecto. "Estamos pendientes de hacer una visita", explica esta experta en la materia.
El caso del área arqueológica acotada en el Guadalquivir es completamente diferente. El yacimiento posee una gran extensión, ya que va desde la desembocadura del río en Sanlúcar de Barrameda hasta la ciudad de Sevilla, y cronológicamente ocupa desde la época romana a la Edad Moderna. En concreto, el Centro de Arqueología Subacuática presupone la existencia de al menos 11 pecios hundidos en los siglos XVI, XVII y XVIII, es decir, en los años en los que Sevilla era la Puerta de América y por aguas del Guadalquivir navegaban barcos cargados de mercancías con destino al Nuevo Mundo.

Sin embargo, no se conoce con seguridad la localización de cada uno de ellos, ya que este organismo tan sólo tiene noticias escritas y no hallazgos físicos de ellos. A modo de ejemplo, Alzaga cita dos pecios hundidos cerca de Sevilla capital. La nao San Bartolomé, que sucumbió en 1553 en Coria del Río, y la nao San Antonio, desaparecida en San Juan de Aznalfarache en 1561. Ambos navíos llegaban o partían del puerto cargados de mercancías y acabaron su viaje al tocar fondo.

En cualquier caso, señala Alzaga, los buscadores de tesoros, en la hipotética situación de que pudiesen hallar la ubicación exacta de los pecios, no encontrarían, previsiblemente, grandes riquezas en su interior, ya que los propios armadores de los barcos se preocuparon de rescatar del fondo todas aquellas mercancías de valor.
La Carta de Arqueología Subacuática se está elaborando con el objetivo principal de preservar el patrimonio histórico y cultural de Andalucía. "Hemos delimitado zonas arqueológicas de forma cautelar para anticiparnos a cualquier posible intervención que pudiese dañarlas", explica esta investigadora. Ése podría ser el caso del anunciado dragado del Guadalquivir. "En el caso de que se llevase a cabo, tendrían que tener en cuenta estas medidas cautelares", insiste Alzaga.

En la actualidad, la Carta Arqueológica de Andalucía recoge la existencia de 79 yacimientos, de los cuales 43 están en Cádiz, 13 en Huelva, 11 en Málaga, 8 en Almería y uno en Jaén, Córdoba, Granada y Sevilla (el de Écija). Asimismo, este centro de la Consejería de Cultura, cuya sede está instalada en Cádiz, tiene noticias de 168 yacimientos más, aún pendientes de confirmación, entre los que está el del río Guadalquivir. Como informó la consejera Rosa Torres en una intervención parlamentaria, ya se ha hecho un primer diagnóstico de estos yacimientos, sobre los que había, hasta el momento, "un escasísimo nivel de conocimiento", aunque se había recogido alguna información en la década de los ochenta.

Fuente: http://www.ciberecija.com/

viernes, 30 de abril de 2010

EL YACIMIENTO SUBMARINO DE LA ALBUFERETA

Artículo publicado por Rubén

En mayo de 2002 unos submarinistas aficionados tuvieron la suerte y el privilegio de vivir un momento mágico y emocionante. Hallaron los restos de un barco hundido en la bahía de Alicante, y decidieron comunicarlo a las autoridades. El descubrimiento de este tesoro fue el primer paso en una cadena de investigaciones hasta que, en el año 2005, el Taller de Imagen de la Universidad de Alicante editó este reportaje audiovisual realizado sobre los apasionantes trabajos de arqueología submarina realizados en un barco romano hundido a escasos 800 metros de la Playa de la Albufereta.

Recreación de naves romanas.

Esta excavación tuvo que realizarse con suma cautela, para evitar el expolio de estos restos por parte de cazatesoros y submarinistas desaprensivos con nuestra historia y patrimonio. La localización exacta nunca se publicó, y se mantuvo bajo un necesario control para evitar un desastre.
Todas las piezas se encontraban en un estado de conservación muy favorable, por lo que constituyó un importante resto arqueológico con el que comprender el funcionamiento del puerto comercial que existió en la albufera natural que existió junto a la ciudad de Lucentum y el Cerro de las Balsas.

Como bien se contó en este artículo sobre el origen de las poblaciones, es probable que Lucentum se ubicara precisamente en el Tossal de Manises de la Albufereta por su condición privilegiada, junto a un manantial de agua dulce que afloraba de la Serra Grossa, protegidos por la montaña, ubicados en lo alto para ver llegar al enemigo, junto a una fértil huerta, y especialmente, por estar junto a una laguna salada con comunicación directa con el mar, que por su profundidad, permitía la entrada segura de los barcos para amarrarlos en los muelles, y poder comerciar de un modo seguro (gracias a que nunca se urbanizó el barranco, los restos de este puerto aparecieron hace pocos años durante las últimas obras del encauzamiento del barranco de Orgegia-Juncaret en la desembocadura de la Albufereta).

Asímismo, en las rocas ubicadas junto al actual edifico Alfín y el Puerto Deportivo de la Albufereta, se crearon unos muelles de piedra para navíos de mayor porte que no podían entrar en la albufera.









Fotografías de la zona de rocas entre la Playa de la Albufereta y el Puerto Deportivo, en las que se aprecian los restos de rocas extraídas por la mano del hombre, y primitivas construcciones como muelles para embarcaciones. Este conjunto está totalmente abandonado, y pese a estar sometido a la erosión de las olas del mar durante miles de años, permanece todavía de un modo reconocible. Actualmente es un lugar idílico desde el que uno se puede sentar a ver la puesta del sol tras la ciudad, contemplando la bahía sentado junto al agua.


Mapa del Siglo XIX de la Albufereta, donde podemos ver a la derecha el Cabo de las Huertas y a la izquierda la Serra Grossa. En el centro, la albufera natural que se desecó al iniciarse el Siglo XX, y que sirvió de puerto natural para los barcos mercantes romanos. Los restos de los muelles primitivos se encontraron en las obras del encauzamiento del Barranco de la Albufereta hace pocos años.
Este puerto natural fue motor de crecimiento del municipio lucentino y sus predecesores íberos hasta que la laguna se fue colmatando de lodos provenientes de las avenidas periódicas de agua, que arrastraban grandes cantidades de sedimentos provenientes del interior, y que limitaron el calado de los barcos hasta impedir que entraran.
Quizá este momento fue parejo con la crisis económica y la caída del Imperio Romano, que conllevó el traslado de la ciudad a las faldas del Benacantil, y el uso de la Playa del Baver como puerto y fondeadero de barcos mercantes hasta la creación del Puerto de Alicante.

Se tiene constancia de la existencia de la laguna durante el Siglo XIX como zona pantanosa y lacustre, similar a los humedales que encontramos en la Vega Baja, y ésta fue desecada al iniciar el Siglo XX para evitar la aparición de epidemias por el agua estancada.

Imaginemos el puerto de aquel municipio romano, fortificado y ubicado junto al mediterráneo, al que llegaban los barcos cargados de mercancías y materias primas, y desde el que salían los productos elaborados en nuestra huerta. Junto a los productos elaborados, llegaban la cultura, los conocimientos y las noticias del exterior. Fueron siglos y siglos, en los que durante la Antigua Roma y el Imperio, se extendió el comercio, la cultura, la lengua, la religión... y la vía de comunicación más importante y efectiva, a pesar de las importantes calzadas romanas, era la que aportaban las rutas marítimas.







Ejemplos de navíos mercantes y militares romanos.

Uno de aquellos barcos, cuya eslora se estima en 12 metros con una manga de 4 metros, un día cualquiera del Siglo I d.C. naufragó en una tfrente al embarcadero de la costa del paraje hoy conocido como Albufereta. Quizá arribando a puerto, quizá justo al partir... Seguro que aquél desastre no tuvo la trascendencia que aquellos cuyos ojos fueron testigos, pudieron imaginar. En aquél momento, el problema fue económico, y seguro que algún mercader perdió importantes sumas, por no hablar del destino del responsable del barco.
Pero aquello pasó, y el paso de los siglos fue haciendo que desapareciera del recuerdo...

Dos milenios después, la casualidad hizo que aparecieran sus restos, y aquél barco, congelado en el tiempo, llegó al futuro a contar esta historia a todos los alicantinos.




En 2003, tras la primera fase de extracción, los especialistas del COPHIAM, determinaron que se halla en un óptimo estado de conservación. La actuación arqueológica, según Pablo Rosser, permitió extraer la totalidad del mercante romano, que sesenta vasijas, varias de cenas de ánforas de aceite, parte de la bomba de achique, cestería, cordajes, redes, anzuelos y once lingotes de cobre, con un peso de 70 kilos. Además, se estimó que la posible causa del naufragio fuera una tormenta. Rosser confió en que su estudio de forma detallada permita descubrir nuevos datos sobre la vida en Lucentum hace 2.000 años.
También dijo que "es la primera vez que se realiza un estudio de este tipo en la Comunidad Valenciana porque nunca se ha excavado tan a fondo un barco romano. De hecho es la primera vez que se ha conseguido recuperar la carga que llevaba un pecio de estas características".




Navíos romanos grabados en monedas de la época. La importancia de los viajes en mar era tan grande que las naves desataban pasión y orgullo. Los largos viajes de las grandes rutas marítimas duraban años, y la sociedad de las ciudades costeras como Lucentum siempre tenía población viajando por el mar. Muchos de ellos nunca regresaban...

El Guanche tuvo que tener un aspecto similar al de estos barcos romanos.


Los restos de El Guanche, nombre con el que se bautizó al pecio del siglo I que se dedicaba al comercio entre La Bética y la costa alicantina, se encuentran sumergidos y protegidos para evitar su deterioro. No obstante, Rosser afirmó que se va a realizar en breve una nueva prospección «para confirmar unos datos en torno a la estructura del maderamen». Dicho proyecto, que ya ha recibido el permiso de Patrimonio, lo llevará a cabo el Centro de Arqueología Subacuática con la coordinación del COPHIAM gracias a fondos europeos. «Más que excavación estaríamos hablando de una toma de datos», destacó el arqueólogo.

Probablemente, en el futuro estos restos puedan ser expuestos para que todos podamos imaginar ese Alicante de hace 2000 años en el MARQ de Alicante. Gracias a que gran parte de la superficie del casco del barco (se conserva una superficie de 8,60m x 2,70m) se quedó enterrado en arenas fangosas con un bajo nivel de oxígeno, podría recuperarse esta madera, siendo tratada previamente, para ubicarlo en el museo.

Asímismo, en la zona se ha determinado que existe un auténtico parque arqueológico submarino, ya que con las prospecciones para instalar el nuevo emisario submarino, se han hallado restos fechados entre el siglo IV a. C. y el V d. C.
Las sospechas sobre la riqueza arqueológica que esconden las aguas de la bahía de la Albufereta se subestimaron, y con los últimos estudios subacuáticos desarrollado por la Consellería en 2005, se probó que el puerto de Lucentum fue el más importante que existió en Alicante desde el siglo II antes de Cristo hasta el final del Imperio Romano.
Tras las excavaciones que se hicieron en 2002 en el pecio "El Guanche", y los muelles portuarios de Lucentum que aparecieron tras las obras de acondicionamiento del barranco en 2005, se sabía que en las profundidades de estas aguas podía encontrarse más material portuario. Pero en ninguna de las cábalas que se hicieron, se esperaba un tesoro submarino como el hallado.
Según el arqueólogo que dirigió los trabajos de prospección, Carlos de Juan, "todas las rutas comerciales de la antigüedad hicieron parada en el puerto que se situaba en la Albufereta". El yacimiento submarino que posee más de 40 hectáreas y en el que se han hallado piezas fechadas desde el siglo IV antes de Cristo hasta el V d. C. En definitiva, un total de nueve siglos de historia portuaria.

Entre los centenares de piezas (que está catalogando el MARQ y la Consellería) se encuentra un fragmento de vasija griega inscrita del siglo IV antes de Cristo, prueba fehaciente de que en época del comercio griego este puerto alicantino tenía mucha importancia. También se han hallado ánforas grecoitálicas, provenientes de la zona sur de Italia (siglo III antes de Cristo); fragmentos de ánforas de la Roma republicana, denominadas Dressel Uno, y otras del Alto Imperio. A esto se le unen restos de vajillas de cocina tanto de Italia como del África Romana (Túnez).

Asimismo, según el arqueólogo alicantino, existen indicios de nuevos naufragios que se deducen por el encuentro de clavos de hierro. Esto se debe a que cuando la madera no queda protegida bajo tierra, la madera la devoraban los xilófagos, dejando sólo los clavos como testigos. Además se hallaron restos de la comida de los barcos que atracaban en la Albufereta, que permiten arrojar datos sobre las dietas del momento.
Todos estos hallazgos, fruto de 150 catas de sondeo, prueban que la Albufereta era un puerto donde se comerciaba, se reparaba, se abastecía y se realizaban paradas de descanso.
Muchas naves buscaron en la playa alicantina refugio por las buenas condiciones del mar que ofrecía el lugar, aunque algunas, llegaban demasiado dañadas y antes de arribar, se hundían en las proximidades.

En la zona se han hallado más de 80 monedas de plata y vellón, y una posible de oro, con la impresión IMP CONTANTINI AUG, con la efigie del empereador laureado, y varios modelos de reversos, siendo el de mayor abundancia el de Genio Populi Romani (Genio con patera haciendo una libación)

Incluso siglos después, en la misma zona se produjeron hundimientos en los barcos que partían desde Alicante o se dirigían hacia su puerto. En el mismo 2005, se hallaron dos nuevos pecios (de los siglos XV y XIX) en la costa del Cabo de las Huertas (uno de ellos el primer barco lapidario hundido del que se tiene constancia hasta el momento en toda la Comunidad Valenciana).

Esto es una evidencia más de que los fondos marinos de la bahía de la Albufereta, son un gran yacimiento arqueológico que debería protegerse y vigilarse de un modo especial ante la posibilidad del expolio.

El descubridor de los dos navíos (lo que le da el derecho de ponerles nombre) fue Jorge Mora, un profesor asociado de la UA y aficionado al buceo. Fue el pasado abril cuando en el transcurso de una sesión de submarinismo en la zona se topó con los restos de ambos naufragios, que no se encuentran a mucha distancia entre sí, según explicaron a este diario los miembros del equipo multidisciplinar encargado de la excavación subacuática.
Mora dio rápidamente parte del hallazgo a la Guardia Civil, cuyo grupo de buzos se desplazó al lugar y balizó la zona, y también lo comunicó a la Conselleria de Cultura, quien a su vez se puso en contacto con el MARQ ofreciéndole tomar las riendas de la investigación. Los responsables del museo pensaron enseguida en el Taller de Imagen de la UA para el trabajo de reconstrucción virtual del barco.

El pecio del Siglo XIX transportaba láminas de pizarra, y el del Siglo X, transportaba sillares de piedra. Ambos estarían vinculados con la construcción.

En el barco medieval se encontraron diversos fragmentos de cerámica, como una perolita de cocina de pasta rojiza y con esmalte interno, aunque la carga principal del barco, y probablemente la clave del naufragio, son dieciséis grandes piedras sillares de formas no homogéneas (una mala colocación de la carga, exceso de peso, corrimiento de las piedras, o quizás por un temporal...).
El yacimiento se encuentra a unos ocho metros de profundidad, muy cercano al litoral y justo enfrente de lo que siglos atrás fue una cantera en la que todavía hoy quedan huellas de aquella actividad. Tras la investigación, se propuso la realización de un trabajo de investigación urbana para conocer qué edificio histórico de Alicante presenta en su construcción la misma técnica de piedra labrada y que fue, por lo tanto, el frustrado destinatario de esa carga hundida.

La antigua cantera del Cabo de las Huertas, de la que se extraían las rocas calizas y se cargaban directamente en los barcos que fondeaban en cerca, para transportarlas a las ciudades cercanas. Probablemente utilizarían los actuales salientes de roca a modo de muelles. Puedes localizarla en nuestro Mapa de Panoramio.

El barco, de 14 metros de eslora y un peso cercano a las 20 toneladas, transportaba un cargamento que no era para una gran travesía sino para una zona próxima.

Para poder acceder al maderamen del barco y excavarlo (está enterrado en un 90%), los buzos utilizaron grandes globos hinchables de 500 kg cada uno para desplazar los sillares unos centímetros, con una operación muy delicada (pues pueden hacer efecto ventosa con lo que esté debajo de los mismos.

Independientemente de si los restos podrán exponerse o no, la reconstrucción virtual sí que fue posible gracias al excelente trabajo del Taller de Imagen de la Universidad de Alicante, que montó una animación a partir de 400 fotografías digitales.

El proceso de excavación comienza con la delimitación y montaje del yacimiento. Primero, limpiando la arena que cubre los restos mediante unos tubos que, gracias a una motobomba, actúan a modo de aspiradora. Esta tarea se tiene que repetir al inicio de cada jornada de trabajo si la noche anterior ha habido viento. El siguiente paso es la fijación de un bastidor rectangular que, en su parte superior, posee unas cuadrículas que dividen visualmente los restos por cada metro cuadrado. De este modo se puede configurar un fotomosaico digital que da una visión completa del aspecto del yacimiento, ya que bajo el mar no se tiene la misma perspectiva de conjunto.

Hoy en día, en las aguas de la costa española, se calcula que hay más de 3000 barcos naufragados de todas las épocas. Este tesoro sumergido es de un incalculable valor, y se encuentra ante el peligro del expolio de los coleccionistas y de las empresas caza-tesoros, que buscan hacer negocio con el patrimonio de todos. Si pudiéramos lograr que se invirtiera en la recuperación de estos restos, podríamos escribir mucho mejor nuestra historia, y admirar los restos de estos navíos en museos de arqueología naval.
Fuentes:Bajo el Agua
Ancient Ships: the ships of antiquity
Galleria Navale
Commentariola Hispaniae

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Fuente: /http://www.alicantevivo.org

viernes, 23 de abril de 2010

«Los piratas no se están quietos»

Claudio Bonifacio dejó su trabajo hace un cuarto de siglo para dedicarse a su gran pasión: la arqueología submarina. Investigador impenitente, tiene fichados cerca de un millar de galeones hundidos
PEPE ORTEGA  Claudio Bonifacio, en su despacho sevillano
PEPE ORTEGA Claudio Bonifacio, en su despacho sevillano
15-8-2005 03:28:24

CLAUDIO BONIFACIO buscador de tesoros

TEXTO: ALFREDO VALENZUELA

SEVILLA. Claudio Bonifacio lleva 24 años buscando tesoros. De origen italiano y 57 años, vivía en Canarias y se dedicaba al comercio internacional cuando, por afición histórica, absorbió el veneno de los galeones hundidos. Ha leído 9.000 legajos, de una media de 1.200 páginas, de la época colonial, principalmente en el Archivo de Indias. Tiene fichados 800 barcos hundidos que contienen 800 toneladas de oro y 1.200 toneladas de plata. Aunque habla cinco idiomas, le cuesta dar detalles de su trabajo.

-¿En qué se parece a un pirata?

-Me parezco en que ellos tenían un código ético, y yo también tengo el mío y soy leal con los inversores. Eso sí, mientras que inviertan...

-¿Le gustaría pasar a la historia como el Cousteau de los tesoros?

-No pretendo pasar a la historia. Sólo tengo un anhelo, tiempo para escribir libros. Tengo mucho material, aparte de mis vivencias personales también sobre historia, navegación, comercio, piratas...

-¿Cuánto dinero ha ganado buscando tesoros?

-Muy poco. Trabajé para la empresa cubana Carisub, que sacó el galeón «Rosario», pero a mí sólo me pagaron mi trabajo, no fui a un porcentaje ni nada. Fue interesante porque hasta entonces había trabajado para millonarios norteamericanos y me pasé al otro lado, aunque los cubanos pagaban puntualmente y en dólares.

-¿Con qué ha ganado más dinero, buscando tesoros o con su anterior trabajo?

-Con mi anterior profesión...

-De modo que no hace esto por dinero.

-Sí, por dinero, y por pasión.

-¿Hay quien piense que sea usted un saqueador como Erick El Belga?

-Nunca. Todo lo contrario. Colaboro con universidades americanas.

-Ah, ¿pero se lleva bien con los historiadores?

-Imagino que están esperando a que publique algo. ¡Pero yo soy un caso perdido! Me llevo bien con todos. Tengo muy buenos amigos, como el profesor Romero Tallafigo, que me enseñó paleografía. Y les he dado muchos datos, y han dejado constancia en los agradecimientos de sus libros.

-Si no busca la posteridad, ¿por qué no juega a la lotería?

-Porque no creo en la suerte. La suerte se la forja uno mismo a base de lucha, perseverancia y fe.

-¿Sigue topándose con el «muro administrativo»?

-Lo que se considera cultura también tiene un factor económico, porque si se encuentran cuatro millones de monedas de a ocho, todas esas monedas, que son exactamente iguales, no son patrimonio cultural. Y si hay cuatro mil lingotes de plata, como en el «Atocha», que son iguales, no todo es patrimonio cultural.

-¿Así que no es partidario de la conservación preventiva o dejarlo como está para que se conserve solo?

-Ese es el mayor de todos los disparates. En Galicia tengo localizados 180 barcos hundidos de la época colonial ¿Cuántos se habrá cargado el «Prestige»? Eso no se recuperará nunca. Eso es una excusa de los arqueólogos, que carecen de medios para trabajar. Y los piratas no se están quietos.

-Pero en España no hay piratas y además está la Guardia Civil.

-Piratas hay en todas partes y la Guardia Civil no tiene patrulleras para toda la costa.

-¿Tampoco le gusta el Centro de Arqueología Subacuática?

-No sé... En Inglaterra celebrarán Trafalgar ¿Qué van a celebrar aquí? Por qué no aprovechan la ocasión para sacar el «Trinidad», que está en Cabo Camarinal a cuarenta metros de profundidad... Lo que pasa es que cuesta más mantener las cosas que sacarlas a la superficie.

-¿Sabe bucear? ¿Ha visto algún galeón hundido?

-No soy profesional, pero buceo. He visto sumergido un submarino alemán, muy cerca de Tarifa

Fuente : http://www.abc.es/hemeroteca/

martes, 20 de abril de 2010

Rescatarán barco que naufragó en el siglo XVII en Juan Fernández

Un grupo chileno-francés iniciará una expedición arqueológica para rescatar partes de un buque hundido frente a la bahía de Cumberland, en la isla Robinson Crusoe, presuntamente a finales de 1600

Está bajo capas de corales, golpeado por piedras, enterrado en la arena, a casi 30 metros de profundidad. Ha estado allí por años. Se cree que al menos 300, época en la cual habría sido uno de los mayores navíos de la flota del Virrey del Perú y cuando su principal misión era ahuyentar a los corsarios y piratas que amenazaban las costas chilenas y peruanas.

Fue encontrado hace 13 años por una expedición chilena-francesa que buscaba ver qué patrimonio había en el archipiélago Juan Fernández. Desde entonces que se quiere rescatar sus restos, pues "hacen parte de la historia de la isla y del continente", y porque el (según diversos estudios) galeón español San Martín ha sido saqueado por personas que han buceado en la bahía de Cumberland.

"(Lo logramos) tras golpear puertas y de postular a fondos", cuenta Raimundo Bilbao, presidente de la Fundación Archipiélago Juan Fernández. Explica que, el próximo fin de semana, partirá la expedición preliminar que rescatará piezas del galeón e iniciará "el estudio científico de un yacimiento de gran interés arqueológico".

El director de Monumentos Nacionales, Oscar Acuña, cuenta sobre la expedición que, "durante los últimos años, hemos buscado darle importancia a ese tipo de actos".

Y agrega que es un "desafío de interés nacional y científico", por las consecuencias que podrían haber tras el estudio de las piezas.

Acuña sostiene que los artículos extraídos serán entregados a las autoridades chilenas y seguirán un proceso específico de conservación, gracias a la ayuda de un laboratorio francés. Los galos también tendrán una participación en la expedición: junto con buzos chilenos bajarán al navío, y para eso llevan días entrenándose en la costa de la V Región.

Vida en el barco
Uno de los líderes de la expedición, el buzo Arnaud Cazenave de la Roche, asegura que no sabe qué encontrarán, pues a fines del siglo XVII "se hacía toda la vida en el barco, no sólo la guerra", por lo que estima podrían descubrir utensilios personales, médicos o de cocina. Añade que todos los objetos que serán sustraídos podrán "inscribirse en una tipología y cronología del barco, y se podrá precisar su origen e historia.

Cazenave de la Roche agrega que están "entusiasmados", pues en la primera expedición encontraron, junto a la Armada chilena, dos anclas de casi cinco metros de largo, y alrededor de éstas habían "numerosos objetos muy concrecionados no identificables", según el informe de la excursión.

Para realizar la investigación, que se extenderá por un mes y cuyo costo es de $ 27 millones, los 20 profesionales irán con un vehículo submarino, además de sondas acústicas.

Y para darle la importancia "que merece", prepararán un documental y un libro.
Los organizadores aseguran que es primera vez que se realiza en el país una expedición arqueológica submarina de esta envergadura, por lo que necesitan la expertise de los franceses de la Sociedad de Estudios Arqueológicos Subacuáticos (Seas), una organización sin fines de lucro homologada por la Unesco.

Además, no descartan nuevas expediciones, pues con los primeros antecedentes, se podrán hacer planes precisos para la extracción de nuevos objetos y también se podrá avanzar en la conservación de éstos.

Avisé a todo el mundo de lo que estaba haciendo Odyssey

Claudio Bonifacio Cazatesoros - El buscador de galeones hundidos más famoso de España defiende que él encontró 'La Mercedes'

Claudio Bonifacio podría ser el protagonista perfecto de una buena novela de aventuras. En él, todo apunta al folletín. Por ejemplo: habla un andaluz mestizo y con acento italiano. Es cordial y ocurrente. Tiene carisma. Sabe que se le considera el cazatesoros más famoso de España, pero no le gusta la etiqueta. También intuye que, como a los buenos personajes, le acompaña un poso inevitable de ambigüedad moral, la sombra permanente de la sospecha. Lidia con eso. Es su pequeña tragedia cotidiana.

Ha dedicado su vida a buscar y rescatar galeones hundidos. Para muchos lectores de esa hipotética novela, Claudio será un héroe, un viejo lobo de mar experto en cartas de navegación, diarios perdidos, batallas y naufragios. Otros, a tenor de sus peripecias judiciales, pensarán que es simplemente un crápula. «No soy un pirata», advierte. «En todo caso, soy un corsario, porque siempre he trabajado dentro de la legalidad, con patente de corso». Ningún juez ha demostrado todavía lo contrario. «Nunca he pretendido llenarme los bolsillos, sino llenar los museos», se justifica. «Y eso no es delito».

En los últimos 30 años, Bonifacio ha trabajado para algunas de las empresas de localización de pecios más importantes del mundo, incluida Odyssey Marine. Ha escrito artículos científicos y tratados de referencia. Ha impartido cursos para especialistas y colaborado con la UNESCO. Ha localizado buques míticos en Portugal y en El Caribe. Pero también se ha visto relacionado con la Operación Tartesis contra el expolio del patrimonio sumergido («la causa se sobreseyó; aquel jaleo fue sólo una pompa de jabón»), y después en la 'Operación Bahía 2': «Ocurrirá lo mismo. Llevo cinco años esperando una resolución que ratifique lo que ya he gritado a los cuatro vientos: soy inocente».

Ahora, además de continuar con proyectos de sondeos y prospecciones en Latinoamérica («todos conveniados con los gobiernos de la zona»), acaba de embarcarse en un nuevo y complejo viaje: quiere aclarar las cosas, reivindicar su condición de investigador, limpiar su nombre.

-¿Cómo empieza uno a buscar galeones hundidos?

-En 1981 comencé a investigar, precisamente, el hundimiento de 'La Mercedes'. Yo vivía en Canarias. Mi suegro tenía familia en el Museo Histórico Provincial y fue él el que me introdujo en este mundo. Poco a poco se me fue metiendo en la cabeza el tema de los galeones, las batallas, los naufragios, los piratas. Me interesé por un tesoro que habían enterrado en 1804 en las Islas Salvajes, entre Canarias y Madeira. Me puse a investigar y me topé en Cádiz con documentación relativa a 'La Mercedes'. Hablé con unos amigos de Italia y montamos una expedición en aguas portuguesas, siempre con autorización oficial. Se supone que la encontramos, pero no pudimos confirmarlo porque nos retiraron los permisos.

-¿Y después? ¿En qué consistía exactamente su trabajo?

-Ecuador, Honduras, Perú, Cuba, España, Portugal. Yo documentaba la información histórica de los proyectos. En 1985, por ejemplo, presentamos uno a la Consejería de Cultura de la Junta para recuperar el 'San Francisco Javier', que está hundido en Cádiz. Siempre trabajé con el beneplácito de las autoridades competentes. Siempre. En 1986 presenté otra iniciativa para hacer prospecciones desde Ayamonte hasta Gibraltar con la mejor empresa de arqueología subacuática del mundo. Y queríamos hacerlo gratis. Pero fue rechazado. Que no se quejen ahora de que no saben cuál es la entidad del patrimonio sumergido de la costa atlántica porque entonces había gente dispuesta a invertir 140 millones de pesetas, sin ningún ánimo de lucro, para averiguarlo. Durante tres décadas he trabajado para compañías como Carisub, Ramal, Geomar, también para gobiernos como los de Portugal (durante el Quinto Centenario) e Italia, o universidades como la de North Carolina. Soy un tío transparente.

Una planta de oficinas

-¿A qué se debe entonces que su nombre se haya relacionado con algunos de los asuntos más polémicos ligados al expolio submarino de los últimos años: la 'Operación Tartesis', la 'Operación Bahía 2'.?

-A que me hice un prestigio. Y me lo hice porque soy muy eficaz: cuando yo digo que un barco está hundido 'aquí', es que está hundido 'aquí'. No fallo. Y claro, entonces surgieron intereses que pretendían desprestigiarme. Es como si yo te digo: 'Tú mataste a un pajarito, así que eres un asesino'. Y te acusan. Pero si de algo estoy orgulloso es de haber trabajado siempre dentro de la legalidad, difundiendo la cultura desde 1982. Mi trabajo era público, notorio, 'vox populi'.

-¿Qué estaba haciendo cuando Odyssey apareció por primera vez en la costa española?

-Trabajaba en Cuba. En 1998 la compañía llegó calladita, calladita, al Estrecho de Gibraltar. Calladita, calladita, insisto. Apareció justo en pleno follón de Sea Hunt por el 'Juno' y la 'Galga'. Qué casualidad. En 2002, supe que estaban de nuevo en aguas españolas. Me invitaron a verlos a Sotogrande. Un domingo de mayo me reuní con Greg Stemm, el propietario de la empresa. Tenían allí una planta entera de oficinas, un buen tinglado, con dos cocineros y un montón de personal. Lo primero que me dijo fue: 'Hemos jodido a Sea Hunt, las compañías pequeñas de búsqueda de tesoros ya no sirven para nada.' . Era muy presumido, muy prepotente. Quizá ahora lo sea menos. Me enseñó su barco de entonces, el Minibex, que estaba atracado en el muelle y que contaba con un despliegue técnico impresionante. A bordo de ese barco, doy fe de ello, había un oficial de la Armada española. Entonces Odyssey me encargó un trabajo frente a las costas de Florida, pero en alta mar, no en aguas territoriales. Investigué para Stemm, me pagaron y se acabó el tema...

-¿Y qué buscaba entonces Odyssey en aguas españolas?

-Un amigo de La Línea me dijo: 'Esto es muy raro. Dicen que están haciendo prospecciones, localizando un cable o no sé qué, pero llevan mucho tiempo aquí.'. Y nos pusimos a ahondar, a machacar: ¿Cómo era posible que su permiso procediera de Madrid, si eran aguas territoriales andaluzas y las competencias estaban ya transferidas? Poco a poco fuimos descubriendo ciertos detalles escabrosos. A raíz de ellos, decidí unirme a un grupo de patriotas (quiero que lo pongas así) como Luis Valero, Pipe Sarmiento, Luis Lafuente, ex vicedirector de Patrimonio Cultura, que se convirtió en una especie de equipo habitual de bombardeo contra Odyssey: todos los días les dábamos caña.

- Usted también ha trabajado en el Estrecho.

-Dio la casualidad que yo conocía a una empresa italiana que había hecho sondeos en la zona para la Red Eléctrica . Y les dije: «Oye, en seis meses mirando por ahí abajo, seguro que habéis encontrado el oro y el moro». Y me respondieron: «Hemos visto de todo, galeones, barcos de guerra, aviones.» «¿Y en estas coordenadas?», les pregunté. «Ahí hemos visto algo de unos 45 metros, que no es moderno». Por la zona pensé que podía ser el 'Suxxes'. Esa empresa italiana cedió los derechos de hallador a Luis Valero, así que lo que nosotros estábamos buscando lo hacíamos con permisos reglamentarios, todo dentro de lo legal. Nada que ver.

-¿Denunció públicamente que lo que estaba haciendo Odyssey era, cuando menos, irregular?

-Claro que sí. Fui el enemigo número uno de Odyssey. Entre noviembre de 2005 y febrero de 2006, por ejemplo, se lo dije a todo el que quiso escucharme. Ellos insistían en que tenían permiso de la Junta, pero la Junta lo desmintió. La pregunta es: ¿Cómo es posible que durante once meses, unos señores, en un barco de 75 metros de eslora, estuvieran dando vueltas por el Estrecho de Gibraltar, campando a sus anchas, sin que la Guardia Civil, la Junta de Andalucía o el Ministerio de Cultura dijeran nada? ¿Quiénes son los verdaderos responsables del desastre? En las diligencias previas de Bahía 2 queda claro: la Guardia Civil estaba al tanto de que 'Odyssey' estaba aquí, de que no tenían permisos legales. ¿Entonces por qué no actuó? Recibieron órdenes de no hacer nada.

-Y las instituciones, según usted, no se dieron por enteradas porque no quisieron.

-Lo que hubo fue un despelote, un chanchullo. Creo que Chaves no quería. Pero Asuntos Exteriores, sí, desde el principio. En serio, es surrealista: Asuntos Exteriores les da un permiso, y a los dos días Cultura lo desmiente. El resultado: casi un año fondeando en aguas españolas sin un papel válido. Habrán encontrado el oro y el moro. Para mí que lo que han declarado es una migaja de lo que hallaron de verdad. Once meses, sin que nadie los moleste, dan para mucho. Ellos mismos dijeron que habían localizado unos 400 pecios. ¿Qué no habrán sacado de ahí?

-¿Lo que encontró Odyssey era 'La Mercedes'?

-Es raro que Portugal haya montado un cacao por un tema como el de la campana de Colón y no haya dicho nada porque hayan sacado de sus aguas el cargamento de un barco.

-¿Quiere decir que el barco que encontró Odyssey estaba bajo jurisdicción portuguesa?

-Todos los datos náuticos demuestran que 'La Mercedes' está en aguas portuguesas, no en aguas internacionales, que nadie me venga con lo contrario. Y la encontré yo, en el 82, y luego un arqueólogo portugués, en el 96. Así que yo dudo hasta de que el tesoro que encontró Odyssey proceda de 'La Mercedes'.

-¿Quedan muchos tesoros en aguas andaluzas?

-Unas 800 toneladas de oro y otras 12.000 de plata. Por lo menos...





«La 'Operación Bahía 2' sirvió para quitarnos de en medio»

-¿Por qué cree que la 'Operación Bahía 2', en la que aparece como imputado, fue una maniobra para quitarles de en medio por sus denuncias?

-Está más claro que el agua. Teníamos una autorización de la Dirección General de Costas que nos permitía hacer sondeos y sacar muestras. Firmamos un acuerdo con una compañía americana, de Texas, en la que quedaba claro que todo sería legal. Estuvimos un mes haciendo prospecciones, con medios electrónicos, sin tocar nada. Entonces Luis Valero me dijo: 'Esta gente no me gusta. No me cuadra'. A mí tampoco. Yo soy muy intuitivo. Para empezar, el barco que traían, el famoso 'Luisa', era una chatarra. Nosotros en marzo de 2005 rompimos con esa empresa, también legalmente, con finiquito incluido. Ya no pintábamos nada. Pero una de las personas que comenzó en el asunto con nosotros, decidió seguir con los americanos, consiguió otro permiso de Costas, y entonces es cuando se desató todo. Los buzos reconocieron que habían estado sacando cosas, por su cuenta, los fines de semana.

A mí, un amigo de la Armada americana me confirmó que los tipos seguían trabajando por libre. Pero nosotros ya estábamos desligados del proyecto. De hecho, Luis Valero avisó a todas las autoridades pertinentes, al CAS de Cádiz, a la Guardia Civil, a Cultura en Madrid. De eso hay constancia, ¿eh? Hay documentos, fax, llamadas telefónicas. Ésa es la verdad del Bahía 2. Es curioso que muchos de los 'imputados' tengamos en común haber presentado batalla a Odyssey descaradamente. Demasiada casualidad, ¿no te parece, cuando menos, sospechoso? En las diligencias previas afirman que lo hicimos para quitarnos de encima competidores. O sea, que yo para atracar un banco, aviso antes a la Policía... Si nosotros nos dedicáramos a expoliar no íbamos a ser tan idiotas de advertir a todo el mundo.
 fuente : http://www.sensaciones.org

miércoles, 10 de marzo de 2010

La misteriosa flota del Mar Negro.

Cita Iniciado por jorgeY Ver Mensaje
La increible historia de la 30a. Flotilla
O el dia que los U-Boote salieron a pasear por las Autobahnen

El 9 de Febrero de 2008 el ingeniero turco Selcuk Kolay anuncio haber encontrado los restos de 3 U-Boote alemanes frente la costa de Turquia. La historia me intereso, pero no imaginaba lo increible que terminaría siendo.

Rudolf Arendt, que fuera comandante de uno de los U-Boote de la flotilla del Mar Negro cuenta que a Hitler se le ocurrió una idea para lograr tener submarinos en operaciones en el Mar Negro. La idea era ofrecerle a Turquía submarinos de la flota del Mediterráneo a cambio de submarinos turcos del Mar Negro. La operación no se llevó adelante. La neutralidad de Turquía era más importante que el objetivo a lograr con el cambio. La neutralidad de Turquía mantenía "a los rusos adentro y los ingleses afuera" (del Mar Negro).

Pero en el verano de 1942 se presenciaron extrañas escenas en Alemania. Como alternativa al plan canje con Turquía se organizó una operación de logística gigantesca. Se tomaron seis U-Boote de la clase B II, un tipo de submarino usado en instrucción y patrullaje costero. Los submarinos fueron llevados de su base del Báltico, los puertos de Pilau y Gotenhafen (Gdingen) primero a Kiel, donde fueron desarmados parcialmente para alivianarlos. Se le restaron asi 140ton. de su desplazamiento original de 414 ton. Además se los tumbó de lado para facilitar su transporte.

Luego a través del canal Báltico-Mar del Norte fueron llevados a Hamburgo. Desde ahi remolcados flotando en el Elba llegaron a Dresden.

En Dresden la Autobahn cruza el Elba. Ahi fueron entonces subidos a sendos transportes con 32 ruedas macizas cada uno. Arrastrados por hasta cuatro camiones enganchados juntos los subieron por una calle especialmente construida hasta la rampa de ingreso Dresden-Neustadt en la Autobahn. Ya sobre la Autobahn, cerrada a ese efecto, con solo 8 km/h viajaron los 300km hasta Ingolstadt.

La operación era por supuesto secreta, y parece increíble que se haya podido mantener asi, pero según cuentan los testigos, ¿quién podía imaginar que bajo las lonas se escondían submarinos? ¿Quién lo podía creer? Y si alguien preguntaba bastaba contestar "Geheimwaffen" (armas secretas). Una respuesta que muchos incluso seguramente deseaban creer.

Las dificultades del transporte continuaron en la forma de codos de ríos, puentes medievales, etc. Hay que ver que un B II tenia una eslora de 42,7m y una manga de 4,08m!

Finalmente en Linz y en Viena se los rearmó parcialmente y al recuperar la navegabilidad ya en parte por sus propios medios siguieron viaje por el Danubio aguas abajo hasta el Mar Negro. En el puerto rumano de Galatz se completo su armado.

El primer miembro de la Flota Alemana del Mar Negro en entrar en operaciones fue el U-24, que el 27 de octubre de 1942 zarpó de Konstanza (Rumania) de patrulla. Lo siguieron el U-9, U-18, U-19, U-20, U-23 y el U-24. Los informes oficiales dan cuenta de que en los siguientes 23 meses hundieron en total 26 barcos rusos, con un total de más de 45.000 toneladas.

El final de la historia llegó con el avance de la ofensiva rusa del Ejército Rojo del verano de 1944. El 24 de agosto los tanques rusos llegaban a Konstanza. Y con ello la 30a. Flotilla quedaba atrapada en el Mar Negro.

El U-9 fue alcanzado por bombas soviéticas, los U-18 y 24 que no estaban en condiciones de combate alcanzaron a abandonar el puerto y fueron hundidos por sus tripulaciones. Los U-20 y U-23 estaban intactos, el U-19 levemente dañado. Pero no tenían base. El U-23 lanzó tres torpedos hacia los muelles de su propio puerto luego de recibir la orden de disparar a todos los barcos en su base.

Su comandante, Arendt, propone navegar a través del Bósforo y los Dardanelos y llegar al Mediterráneo. Pero según cuenta, el Admirante Dönitz le niega el permiso. En un último intento de salvar las naves se realizan contactos con Turquía con la intención de vendérselas. Las autoridades turcas no estaban interesadas en comprar, estaban esperando quedarse con los submarinos gratis. Calculaban que no les quedaba otra opción que entrar a un puerto turco.

Pero las tripulaciones deciden hundir los submarinos cerca de la costa turca y tratar de alcanzar la costa mediterránea por tierra en pequeños grupos. Decidieron además, mantener en secreto los puntos de hundimiento para evitar que la marina turca los rescatara y reparara.

Fueron atrapados casi inmediatamente, pero nunca revelaron la ubicación de las naves. Asi nació la leyenda de la flota perdida de Hitler.

El U-20 según informes de testigos ya fue encontrado e identificado hace tiempo. Lo que se sería un descubrimiento sería confirmar que Selcuk Kolay encontró el U-19 y el U-23. El sostiene que encontró (o reencontró) el U-20 a dos millas de la costa turca frente al puerto de Agva, en unos 22 metros de profundidad. Dice además que encontró el U-23 en 40m. Por otra parte sostiene que el U-19 se encuentra a 3 millas frente a Zonguldak, a unos 500m de profundidad. No pude encontrar una confirmación definitiva de los hallazgos.

Jorge Yantorno
marzo 2010

Fotos Spiegel Online, Gerd Enders









fuente: http://www.sensaciones.org/