Académicos de la Universidad Autónoma de Yucatán (UADY), expertos en arqueología subacuática, realizarán un recorrido más amplio en un cenote donde recientemente fueron descubiertas osamentas de animales, cuya antiguedad data de más de 11 mil 300 años.
El 4 de noviembre pasado se dio a conocer el hallazgo de cráneos de cuatro osos, acontecimiento que podría modificar la historia de esta especie del género Arctotherium, correspondiente al Pleistoceno.
En entrevista, el líder del grupo de arqueólogos subacuáticos de la UADY, Guillermo de Anda Alanís, precisó que el descubrimiento ûentre 2007 y 2008- se realizó en un cenote ubicado en la región centro del estado, a una profundidad de 45 metros.
El académico informó que se sometió a consideración del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH) un proyecto para realizar un registro exhaustivo para la búsqueda de más elementos óseos de animales.
El objetivo es preservar y proteger esos descubrimientos, subrayó el académico, quien recordó que el hallazgo fue producto del proyecto 'El culto a los cenotes', iniciado hace dos años en la Facultad de Ciencias Antropológicas de la UADY.
'Este es un proyecto y hallazgo 100 por ciento de la UADY, pues nunca antes en la historia de la península se había registrado un evento de esta naturaleza', subrayó.
Después de destacar la preservación de los restos de los animales, apuntó que los estudios ayudarán a entender mejor los procesos climáticos y ecológicos, y la formación de cuevas y cenotes en la región.
Además, subrayó que el tema brinda la pauta para la generación de nuevas líneas de investigación, y agregó que los estudiantes de biología de la universidad local ya manifestaron interés por formar parte de los estudios.
'Esta es una oportunidad maravillosa para ver in situ a estos elementos que han permanecido en ese lugar durante 10, 11 o 12 mil años. Ese contacto físico es formidable, no es igual a ver los restos en un museo o en los libros', agregó.
Los trabajos, exigidos por la Consejería de Cultura de la Junta de Andalucía como paso previo a la aprobación del proyecto, tendrán un plazo de dos semanas
Los buzos ya trabajan en el río Guadalete en busca de posibles restos arqueológicos.
En el día de ayer comenzaban a ejecutarse los sondeos arqueológicos en el fondo del río Guadalete, unos sondeos ordenados por la Consejería de Cultura de la Junta de Andalucía como paso previo a la aprobación definitiva del proyecto de construcción del puente urbano que unirá las dos márgenes. El alcalde, Enrique Moresco, explica que ya se está ejecutando el denominado Proyecto de Intervención Arqueológica, dentro del proyecto de construcción del nuevo puente urbano que discurrirá sobre el río Guadalete.
El plazo de ejecución de estos sondeos arqueológicos se ha establecido entre 10 y 15 días y en este tiempo se realizarán comprobaciones en las zonas de colocación del apoyo del futuro puente. La empresa encargada de realizar los trabajos es Arqueología Subacuática y Terrestre, S.L.
La metodología empleada en el trabajo de campo tendrá el problema de la escasa o nula visibilidad del fondo, lo que unido al material que se levantará del mismo durante la ejecución de los trabajos, hará imposible la visibilidad en las partes más profundas, por lo que se trabajará más guiándose por el tacto que por la visibilidad.
El procedimiento de toma de datos será el mismo que el empleado en tierra y consistirá en ir tomando referencias espaciales de cada objeto, si se hallasen, definiendo la posición exacta de los mismos en sus tres dimensiones.
Para toda la intervención, aparezcan o no restos arqueológicos, se utilizará la extracción manual, empleando el sistema de registro de E. Harris, complementándola con fichas de las unidades estratigráficas y la elaboración de planos en planta y sección.
El alcalde recuerda que el proyecto de construcción del puente ya cuenta con el visto bueno de la Consejería de Medio Ambiente de la Junta de Andalucía y, una vez que se concluyan los sondeos, la Consejería de Cultura emitirá el informe definitivo que permitirá iniciar el proceso de adjudicación de las obras del nuevo puente urbano sobre el río Guadalete.
Recientemente el Ayuntamiento procedía también al derribo de los dos primeros bloques del grupo de viviendas de las Pescadería que habían sido desalojados en los meses previos, de manera que una vez que comience la construcción del nuevo puente (que partirá de la antigua Cofradía de Pescadores y se prolongará hasta la rotonda del muelle comercial, a la altura del centro de ocio Bahía Mar) las edificaciones no impidan el enlace del puente con el entramado urbano existente. No obstante, de cara al futuro la intención municipal es crear una gran plaza pública en el ámbito que hoy ocupan todos los bloques de la Pescadería, aunque antes habrá de emprenderse un proceso negociador con cada uno de los propietarios de las viviendas que se prevé que pueda durar aún bastante tiempo.
El Ministerio de Defensa deja sin fecha la expedición que había proyectado para localizar el el Santo Cristo de Maracaibo, el galeón hundido supuestamente frente a Cíes el 5 de noviembre de 1702. Algunos historiadores aseguran que este barco se llevó al fondo parte del valioso cargamento de la Flota de Indias, pero hasta la fecha no existen pruebas que avalen esta teoría. El departamento de Carme Chacón en colaboración con el Ministerio de Cultura buscaba desentrañar el enigma del Santo Cristo basándose en la documentación recopilada en la última misión al pecio, organizada en la década de los 90 por la Sociedad Estatal Quinto Centenario. Defensa aprovecharía esta nueva prospección en aguas gallegas para completar la elaboración de la cata arqueológica que inició hace unos meses en la bahía de Cádiz. Ambos ministerios, sin embargo, han metido en un cajón el rastreo subacuático en Vigo ante el escaso interés mostrado por la Xunta.
"La iniciativa tiene que partir del gobierno autonómico, y no se produjo", alegan desde Defensa. Este ministerio había seleccionado la misión al Santo Cristo de Maracaibo "por su gran interés histórico", la misma razón que llevó a varias empresas cazatesoros a merodear por la zona en los últimos años. El plan inicial de la Armada incluía enviar a la misión viguesa los buques M31-Segura y Neptuno, en la actualidad destinados en Cádiz, donde están cosechando "muy buenos resultados", según fuentes militares.
La apuesta de la Xunta en lo que se refiere a arqueología subacuática no es el Santo Cristo. "La prioridad es la investigación de los pecios de Rande", alegan desde la consellería de Roberto Varela. Para ello acaba de firmar con el Ministerio de Cultura un convenio que le permitirá completar la investigación sobre los pecios que yacen muy cerca del emblemático puente. Este acuerdo compromete al ministerio a aportar 60.000 euros, y 15.000 a Cultura de la Xunta, aunque este departamento autonómico repartirá la totalidad de ese presupuesto entre la prospección en Rande, y otras en la Ría de Corcubión y en la costa de Lugo.
Director del Arqua. Xavier Nieto asistió a la inauguración del Museo Nacional de Arqueología Subacuática en 1982
El nuevo director del Arqua, en el Museo.
Foto: PEDRO MARTÍNEZ
MAR GÓMEZ Xavier Nieto nació en Madrid en 1948 y a los pocos días se trasladó a Petrel, en Alicante, donde pasó 24 años. Estudió en la Universidad de Murcia, en la Facultad de Geografía e Historia, y se trasladó a la Universidad Autónoma de Barcelona a cursar el segundo ciclo de la carrera. Allí se quedó. Desde 1981 ha dirigido el Centro de Arqueología Subacuática de Barcelona. Además, es asesor de la Unesco y ha trabajado en numerosos proyectos europeos. También imparte clases como profesor de Arqueología Náutica en la Universidad de Barcelona. Su nombramiento como director del Arqua le ha obligado a abandonar la docencia. Este alicantino de sentimientos no ha dudado a la hora de hacer la maleta y establecerse en Cartagena para dirigir el rumbo del Arqua.
¿Cuáles son sus principales objetivos?
Cartagena se ha dotado de una infraestructura cultural y turística de primer orden con el Teatro Romano, los yacimientos, el Auditorio y por supuesto el Arqua. Mi primer objetivo es poner el museo al servicio de la ciudad desde el plano cultural y turístico, siempre sin olvidar que el Arqua es un museo nacional, con lo que puede incorporar muchos puntos y matices a la imagen de la ciudad. También es muy importante para mí proyectar el Arqua desde Cartagena a nivel internacional.
¿Cómo lo va a hacer?
Dándole el papel que se merece tanto a nivel de exposición museográfica como centro de investigación.
¿Tiene previsto remodelar la exposición museográfica?
Esta exposición es muy joven y todavía se necesita un tiempo para rentabilizarla. La vamos a mantener, aunque
quizás se introduzcan algunas cosas más. Lo que sí vamos a hacer es trabajar especialmente en el ámbito de las exposiciones temporales, que pueden complementar a la principal.
¿Y cómo potenciará al Arqua como centro de investigación?
Queremos que sea un centro de formación para los nuevos arqueólogos y un centro de investigación a nivel nacional e internacional. España tiene un patrimonio cultural importantísimo en aguas extranjeras, y hay que potenciarlo y estudiarlo. El día 1 de diciembre la ministra firmó un convenio con el Gobierno americano para colaborar en la protección y en el estudio de los barcos españoles hundidos en aguas extranjeras.
¿Esto evitará situaciones como la del Odyssey?
Este convenio es un punto para proteger los barcos españoles en aguas extranjeras. El Odyssey está pendiente de los juzgados.
¿Vendrán el tesoro de Nuestra Señora de las Mercedes hallado por el Odyssey al Arqua?
En este momento lo importante es que llegue a España. Obviamente deberían pasar por el Arqua, aunque también sería importante que circularan por otros museos nacionales.
Luchar contra la piratería parece algo complicado en alta mar.
La convención de la Unesco de 2001 trata de poner freno a la piratería, pero es algo muy difícil ya que el mar es un espacio geográfico difícil de controlar. Para luchar contra este mal hay que adoptar medidas legales, que ya se ha hecho, y en segundo lugar hay que sensibilizar a la sociedad. La conservación del medio ambiente es algo que ya
está asumido por la sociedad y dentro de eso se incluye la arqueología.
Los jóvenes son el futuro y quizás por eso también es importante concienciarlos a ellos. ¿Qué se va a hacer desde Arqua para conseguirlo?
Tenemos en marcha un proyecto de visitas de escuelas al museo que funciona muy bien. Nuestra intención es potenciarlo todavía más en Cartagena y ampliarlo para llevarlo a toda la Región y a provincias limítrofes.
El museo también ha puesto en marcha proyecciones sobre arqueología subacuática.
Sí y han funcionado muy bien. Por eso he pensado que estaría bien celebrar en Cartagena un festival internacional de cine de arqueología subacuática.
¿Qué deficiencias tiene el Arqua?
Necesitamos más personal con formación específica en arqueología subacuática. Me ha sorprendido gratamente al llegar el personal tan notable que tiene este centro, perro necesitamos un incremento de técnicos especializados en historia marítima y arqueología naval. Esto daría al museo más nivel.
Usted ha sido nombrado tras el cese de Iván Negueruela, que había sido restituido en su puesto hace apenas un año por orden judicial. De hecho, Negueruela anunció que recurriría su nuevo cese ¿Qué le parece esta situación?
Yo no hablo nunca de otras personas. Ni en mi vida privada lo hago. Cada uno es muy libre de hacer lo que quiera y yo lo respeto. Iván Negueruela es compañero mío desde hace veinte años.
El Gobierno de la nación ha puesto en marcha, a partir de ayer, medidas tendentes a incrementar, potenciar y catalogar el patrimonio subacuático en la zona de la Bahía de Cádiz y Estrecho de Gibraltar, gracias al convenio firmado entre los ministerios de Defensa y Cultura y la Junta de Andalucía han dado comienzo. En este sentido, el diputado nacional del Partido Popular, el algecireño José Ignacio Landaluce, ha mostrado su satisfacción “porque hemos encauzado buena parte de nuestros esfuerzos por solicitar al Gobierno y la comunidad autónoma todas las medidas necesarias para velar por el patrimonio sumergido”.
En la memoria de todos está el conocido como caso Odyssey, que dejó al descubierto las fisuras que en torno a la protección de los restos arqueológicos sumergido existían, lo que hizo que el Gobierno comenzara a mover los hilos para establecer medidas.
Así, la ministra de Cultura, González-Sinde, en su primera comparecencia ante la Comisión de Cultura del Congreso de los Diputados en mayo del pasado año anunció su compromiso electoral de modificar la Ley de Patrimonio Histórico con la finalidad de articular una mejor coordinación con las diversas normas de patrimonio que las comunidades autónomas han ido promulgando desde 1985 hasta la actualidad, así como por la aparición de nuevas dimensiones del patrimonio no contempladas en la ley de 1985, como es el patrimonio inmaterial, el patrimonio subacuático o el patrimonio digital.
E informó de lo que calificó como tres importantes avances respecto al Plan nacional de protección del patrimonio arqueológico subacuático:
El anuncio de que se haría público el Libro Verde de la arqueología subacuática en España que describe en todas sus dimensiones la situación de este patrimonio en España.
Un convenio de colaboración con el Ministerio de Defensa para actuar conjuntamente en el desarrollo cuya firma está prevista en breve.
Y un acuerdo con la Guardia Civil para aplicar el SIVE, Sistema Integral de Vigilancia Exterior, en la protección de las zonas de alto potencial arqueológico en nuestro litoral.
De esta forma, Landaluce señala que “se trata, sin duda, de las actuaciones necesarias e imprescindibles para la protección del patrimonio que el PP comparte pero inquieta su efectiva puesta en marcha, que se viene haciendo por partes, lo que motivó la presentación de un Proposición No de Ley en el Congreso instando al cumplimiento de los compromisos adoptados”.
“Es necesario impulsar con carácter urgente el Plan de Protección de Patrimonio Subacuático y los acuerdos mencionados, a la vista de las nefastas consecuencias que la descoordinación y la dejación de funciones trajo en el asunto todavía pendiente que se sigue ante los juzgados de Tampa (Florida) de expoliación de Odyssey Marine Explorer, sobre el pecio Nuestra Señora de las Mercedes”, concluye Landaluce.
Un catedrático de la UJI participa en calidad de experto jurídico en la comisión científica que propone y evalúa acciones a nivel estatal
El Centro de Arqueología actualiza el inventario autonómico
18 de mayo de 2007. Odyssey Marine Exploration, empresa estadounidense dedicada a la explotación de los restos de hundimientos, anuncia el hallazgo de un buque hundido con un importante botín, una vez que éste se encontraba en suelo de los Estados Unidos, a donde fue transportado con un Boeing 757 desde Gibraltar dos días antes.
El buque hundido no era otro que el navío español Nuestra Señora de las Mercedes, que se había hundido en octubre de 1804 frente a las costas gaditanas sepultando bajo el mar un botín formado por unas 17 toneladas de monedas de plata y oro, valoradas en 370 millones de euros.
La polémica por aquel expolio marcó un antes y un después en la puesta en valor del patrimonio subacuático, al que hasta entonces en cierta medida las autoridades le habían dado la espalda. En noviembre de aquel 2007 se aprobó el Plan Nacional para la Protección del Patrimonio Cultural Subacuático Español y hace un mes se presentó del Libro Verde que propone las acciones prioritarias a realizar.
El catedrático de la Universitat Jaume I Mariano Aznar participa como experto jurídico en la comisión científica de seguimiento del plan nacional, cuya reunión de constitución se celebró a finales de junio, y en la que también participa Asunción Fernández, directora del Centro de Arqueología Subacuática de la Comunitat, con sede en Burriana. «La misión principal de la comisión será la informar y ayudar al Ministerio de Cultura o a otras administraciones sobre decisiones relativas al plan nacional», explicó Aznar.
Además, propondrá y evaluará programas de actuación en investigación, educación, formación y difusión sobre este tipo patrimonio o desarrollos legislativos.
En este sentido, el catedrático en Derecho Internacional Público advirtió de que «las grandes amenazas al patrimonio subacuático no se ciñen al robo de ánforas sino que se encuentran en actividades humanas tan normales como la pesca de arrastre o la creación de un parque eólico marino».
Aznar valoró que el paso fundamental es «completar las cartas arqueológicas». Alguno de los pecios localizados frente a la costa castellonenses son uno romano de Benafelí (40 d. C.), aparecido tras unos fuertes temporales en la década de los 80 con un cargamento de ánforas de vino de la Tarraconense, lingotes y barras de hierro dulce y crisoles.
El pecio Silvino (1808) situado en la playa de Els Terrers, también excavado. El material recuperado (un cañón de hierro, culebrina, balas de cañón, etc) se exponen en el Museu de Castellón. Y el pecio Francés de Torre la Sal, en la Ribera de Cabanes, también perteneciente a la Guerra de la Independencia.
En estos momentos, el Centro de Arqueología Subacuática está trabajando en la actualización del patrimonio autonómico para poner en valor los tesoros que se esconden bajo el mar.
Fuente: Ayuntamiento de San Javier. Foto: Murcia.com
Los expertos lo han calificado como el yacimiento subacuático más importante del Mediterráneo
La alcaldesa de San Javier Pepa García ha anunciado esta mañana junto al delegado del Gobierno en Murcia, Rafael González Tovar la apertura de un Centro de Interpretación sobre el yacimiento de arquelogía subacuática del Bajo de la Campana, junto a la isla Grossa, en La Manga, tras la visita que han realizado al yacimiento que responde a un proyecto de investigación sobre un barco fenicio hundido con un importante cargamento sobre el 620 antes de Cristo que se inició en 2007 por el Institute Nautical of Archeology (INA) de la Universidd A&M de Texas y el Ministerio de Cultura de España con el patrocinio, entre otros, de Nacional Geographic.
El Centro de Interpretación promovido por la Asociación Española de Amigos de la Arqueología Subacuática en colaboración con el ayuntamiento de San Javier estará ubicado en un local cedido por el Ayuntamiento en la galería Los Flamencos, y mostrará exposiciones fotográficas, además de ofrecer charlas y conferencias así como talleres didácticos, entre otras actividades "que fomenten la concienciación general sobre este yacimiento, el más importante del Mediterráneo, que nos permitirá reconstruir la historia poco conocida del pueblo fenicio", señaló la Alcaldesa.
Juan Pinedo codirector del proyecto explicó tras la visita en barco a la zona donde se localiza el pecio, que la embarcación fenicia, a la que se han calculado unos 20metros de eslora, es la más grande de las descubiertas hasta ahora en el Mediterráneo. A lo que se suma la importancia del cargamento, del que ya se ha extraído una parte, que incluye colmillos de elefante, algunos con inscripciones, y materias primas como lingotes de estaño, cobre y mineral de galena.
El barco portaba asimismo una completa colección de cerámica fenicia, y otros objetos como un pedestal, restos de una cama fenicia, un cuchillo ritual de marfil, que los especialistas han relacionado con materiales funerarios destinados a la élite local. Otros elementos han permitido documentar la vida bordo. "Sabemos, por ejemplo que iban pescando o que comían piñones", explicó Juan Pinedo que agradeció la colaboración del Museo Nacional de Arqueología Subacuática, ARQUA, de Cartagena, que colabora técnicamente, y acoge y restaura todos los restos extraídos de las excavaciones.
Los trabajos realizados hasta ahora se centran en el barco fenicio, aunque el yacimiento consta otros tres barcos, dos romanos y otro contemporáneo hundidos en una zona de naufragios habituales, frente a la costa de La Manga. Juan Pinedo que codirige junto a Mark. E. Polzer, un equipo de arqueólogos voluntarios de España, Estados Unidos, Grecia, Holanda, Australia, Italia, Francia y Turquía, señaló que "la importancia de lo encontrado nos da una idea muy certera de cómo eran las relaciones comerciales del pueblo fenicio, y nos permite descifrar cosas que intuíamos por los textos y que ahora podemos documentar".
El proyecto de investigación, que se ha desarrollado desde 2007, durante los 3 meses de verano, finalizaría el próximo año cuando vence el convenio que lo ha hecho posible, aunque sus responsables confían en poder continuarlo "varios años más". La alcaldesa de San Javier Pepa García destacó la importancia de este yacimiento "que sitúa a San Javier en un lugar destacado de la arqueología subacuática mundial" y coincidió con el delegado del Gobierno, Rafael González Tovar en fomentar su continuidad, y en hacer un llamamiento general contra el expolio de pecios como éste, vigilado durante el verano por Capitanía Marítima, y a cuya preservación contribuirá el SIVE, según anunció el delegado del Gobierno en Murcia.
Extraen parte del cargamento del pecio de Isla Grosa para mostrarlo en un centro de interpretación que abrirá en La Manga
LAS CLAVES
Hallazgo. Cuatro barcos. Dos romanos, uno moderno y otro fenicio.
Dónde. En el yacimiento subacuático del Bajo de la Campana. En el entorno de Isla Grosa y la isla del Farallón, frente a la costa de La Manga.
Investigación. Los arqueólogos se centran en estudiar el pecio fenicio que data del siglo VII antes de cristo.
Cargamento. Colmillos de elefante, lingotes de estaño y cobre, nódulos de galena argentífera, una muestra completa de cerámica y elementos suntuarios como un pedestal de piedra decorado.
Hace más de 2.600 años, los fenicios navegaron por lo que ahora se conoce como La Manga del Mar Menor. La mayoría de los barcos que fondearon en esas aguas eran comerciales que se dirigían a puerto con un gran cargamento de pescado y objetos varios con los que hacer negocio. Seguro que más de un navío se perdería en el Mediterráneo antes de llegar a su destino. Pero hay uno en concreto, el más grande que hasta ahora se ha hallado, que se hundió cerca de Isla Grosa, en el Bajo de la Campana, en San Javier. Siglos después, un grupo de arqueólogos está consiguiendo unir los eslabones que faltaban para cerrar la cadena histórica fenicia.
Los expertos que trabajan en Isla Grosa proceden de once países diferentes. Éste es el cuarto año que bucean en esa zona del Mediterráneo para recuperar las partes del pecio fenicio del siglo VII antes de Cristo, que está sepultado en la arena del yacimiento del Bajo de la Campana. Los restos que los arqueólogos están sacando del fondo marino se expondrán al público en un centro de interpretación en La Manga.
Las excavaciones fueron visitadas ayer por la mañana por los expertos, la alcaldesa de San Javier, Pepa García, y el delegado del Gobierno en la Región, Rafael González Tovar. En Isla Grosa, la alcaldesa de San Javier confirmó que durante lo que queda de verano la galería Flamenco, situada detrás del Zoco, en La Manga, se convertirá en un pequeño centro de interpretación en donde se mostrará al visitante lo que los arqueólogos subacuáticos han encontrado. «Esto es más que nada para concienciar a la gente de la importancia que tiene este yacimiento», explicó Pepa García.
La relevancia del hallazgo viene dada por el excepcional cargamento localizado y del que ya se han extraído varias piezas. A varios metros de profundidad, los buceadores han encontrado más de mil piezas fenicias. Entre ellas, abundan los colmillos de elefantes africanos. «Asombrosamente, hay muchos que se han conservado muy bien y están enteros», asegura el director español de la campaña, Juan Pinedo. El experto arqueólogo admitió también que hasta ahora el pecio fenicio contiene el mayor cargamento de marfil que se ha encontrado en un barco de estas características.
Sepultados en el yacimiento el Bajo de la Campana también había elementos suntuarios que se portaban para comerciar con la elite del momento. «Hemos sacado un pedestal de piedra decorado que debía soportar una estatua de proporciones bastante considerables, varias piedras de bronce de una posible cama de marfil, un mango de cuchillo del mismo material y mucho más que seguro que hay ahí abajo. Por eso esperamos seguir excavando», apuntó Pinedo.
Comían piñones
El pecio de Isla Grosa es el más grande que hasta ahora se ha localizado en el Mediterráneo. Los investigadores indicaron que el navío mide veinte metros de eslora, el doble que los que se encontraron en Mazarrón. Asimismo, al acercarse al lugar donde el grupo de buceadores extranjeros se sumerge para continuar con su tarea, al director de la expedición se le iluminaba la cara de pensar en el tesoro submarino hallado. «Es un cargamento muy especial porque nos informa de las relaciones comerciales que se mantenían en la época fenicia».
Aparte de eso, les ha permitido unir eslabones de la cadena histórica de la civilización fenicia. Ya tienen datos de cómo vivían los marinos del siglo 600 A. C. «Lo que sabemos por ahora es que iban pescando y que comían piñones», comentó el buceador y arqueólogo Juan Pinedo. Les queda un mes de trabajo pero ahora los arqueólogos submarinos se afanan en su tarea para descubrir más secretos de la civilización fenicia.
Los alumnos de posgrado de arqueología subacuática de la Universitat de València hacen sus prácticas en los fondos marinos del litoral xabienc
Las prácticas se realizan en un falso pecio. Levante-EMV
ALFONS PADILLA XÀBIA
El litoral de Xàbia oculta tesoros todavía por descubrir. Tal es su riqueza arqueológica que la Universitat de València lo ha elegido para que los alumnos de posgrado de arqueología subacuática realicen aquí sus prácticas. Los fondos marinos de Xàbia se han convertido así en un aula sumergida.
Aunque su riqueza arqueológica está confirmada (son numerosos los hallazgos, sobre todo los de época romana), para este curso se ha preferido ir sobre seguro. De ahí que los trabajos y enseñanzas se hayan desarrollado en un "falso pecio". La excavación subacuática ficticia se ha realizado en el lecho marino del cabo de Sant Antoni.
El curso lo ha organizado el Departamento de Prehistoria y Arqueología de la Universitat de València y ha contado con el patrocinio del Ayuntamiento de Xàbia, el Ministerio de Cultura, la Dirección General de Patrimonio Cultural y el Centro de Arqueología Subacuática de la Comunitat Valenciana.
Para las prácticas se optó por la bahía de Xàbia por su riqueza arqueológica y la belleza de sus fondos marinos. Han participado 23 alumnos, todos ellos licenciados. La mayor parte eran de la Comunitat Valenciana, pero también acudieron de otros universidades del Estado e incluso se inscribieron dos arqueólogas de Cerdeña.
Tanto el museo de Dénia como el de Xàbia tienen importantes colecciones de arqueología subacuática. Los hallazgos son a menudo casuales. Los arqueólogos piden desde hace años que se efectúen prospecciones en el litoral, pero su coste económico es muy elevado.
En mayo de 2002 unos submarinistas aficionados tuvieron la suerte y el privilegio de vivir un momento mágico y emocionante. Hallaron los restos de un barco hundido en la bahía de Alicante, y decidieron comunicarlo a las autoridades. El descubrimiento de este tesoro fue el primer paso en una cadena de investigaciones hasta que, en el año 2005, el Taller de Imagen de la Universidad de Alicante editó este reportaje audiovisual realizado sobre los apasionantes trabajos de arqueología submarina realizados en un barco romano hundido a escasos 800 metros de la Playa de la Albufereta.
Recreación de naves romanas.
Esta excavación tuvo que realizarse con suma cautela, para evitar el expolio de estos restos por parte de cazatesoros y submarinistas desaprensivos con nuestra historia y patrimonio. La localización exacta nunca se publicó, y se mantuvo bajo un necesario control para evitar un desastre.
Todas las piezas se encontraban en un estado de conservación muy favorable, por lo que constituyó un importante resto arqueológico con el que comprender el funcionamiento del puerto comercial que existió en la albufera natural que existió junto a la ciudad de Lucentum y el Cerro de las Balsas.
Como bien se contó en este artículo sobre el origen de las poblaciones, es probable que Lucentum se ubicara precisamente en el Tossal de Manises de la Albufereta por su condición privilegiada, junto a un manantial de agua dulce que afloraba de la Serra Grossa, protegidos por la montaña, ubicados en lo alto para ver llegar al enemigo, junto a una fértil huerta, y especialmente, por estar junto a una laguna salada con comunicación directa con el mar, que por su profundidad, permitía la entrada segura de los barcos para amarrarlos en los muelles, y poder comerciar de un modo seguro (gracias a que nunca se urbanizó el barranco, los restos de este puerto aparecieron hace pocos años durante las últimas obras del encauzamiento del barranco de Orgegia-Juncaret en la desembocadura de la Albufereta).
Asímismo, en las rocas ubicadas junto al actual edifico Alfín y el Puerto Deportivo de la Albufereta, se crearon unos muelles de piedra para navíos de mayor porte que no podían entrar en la albufera.
Fotografías de la zona de rocas entre la Playa de la Albufereta y el Puerto Deportivo, en las que se aprecian los restos de rocas extraídas por la mano del hombre, y primitivas construcciones como muelles para embarcaciones. Este conjunto está totalmente abandonado, y pese a estar sometido a la erosión de las olas del mar durante miles de años, permanece todavía de un modo reconocible. Actualmente es un lugar idílico desde el que uno se puede sentar a ver la puesta del sol tras la ciudad, contemplando la bahía sentado junto al agua.
Mapa del Siglo XIX de la Albufereta, donde podemos ver a la derecha el Cabo de las Huertas y a la izquierda la Serra Grossa. En el centro, la albufera natural que se desecó al iniciarse el Siglo XX, y que sirvió de puerto natural para los barcos mercantes romanos. Los restos de los muelles primitivos se encontraron en las obras del encauzamiento del Barranco de la Albufereta hace pocos años.
Este puerto natural fue motor de crecimiento del municipio lucentino y sus predecesores íberos hasta que la laguna se fue colmatando de lodos provenientes de las avenidas periódicas de agua, que arrastraban grandes cantidades de sedimentos provenientes del interior, y que limitaron el calado de los barcos hasta impedir que entraran.
Quizá este momento fue parejo con la crisis económica y la caída del Imperio Romano, que conllevó el traslado de la ciudad a las faldas del Benacantil, y el uso de la Playa del Baver como puerto y fondeadero de barcos mercantes hasta la creación del Puerto de Alicante.
Se tiene constancia de la existencia de la laguna durante el Siglo XIX como zona pantanosa y lacustre, similar a los humedales que encontramos en la Vega Baja, y ésta fue desecada al iniciar el Siglo XX para evitar la aparición de epidemias por el agua estancada.
Imaginemos el puerto de aquel municipio romano, fortificado y ubicado junto al mediterráneo, al que llegaban los barcos cargados de mercancías y materias primas, y desde el que salían los productos elaborados en nuestra huerta. Junto a los productos elaborados, llegaban la cultura, los conocimientos y las noticias del exterior. Fueron siglos y siglos, en los que durante la Antigua Roma y el Imperio, se extendió el comercio, la cultura, la lengua, la religión... y la vía de comunicación más importante y efectiva, a pesar de las importantes calzadas romanas, era la que aportaban las rutas marítimas.
Ejemplos de navíos mercantes y militares romanos.
Uno de aquellos barcos, cuya eslora se estima en 12 metros con una manga de 4 metros, un día cualquiera del Siglo I d.C. naufragó en una tfrente al embarcadero de la costa del paraje hoy conocido como Albufereta. Quizá arribando a puerto, quizá justo al partir... Seguro que aquél desastre no tuvo la trascendencia que aquellos cuyos ojos fueron testigos, pudieron imaginar. En aquél momento, el problema fue económico, y seguro que algún mercader perdió importantes sumas, por no hablar del destino del responsable del barco.
Pero aquello pasó, y el paso de los siglos fue haciendo que desapareciera del recuerdo...
Dos milenios después, la casualidad hizo que aparecieran sus restos, y aquél barco, congelado en el tiempo, llegó al futuro a contar esta historia a todos los alicantinos.
En 2003, tras la primera fase de extracción, los especialistas del COPHIAM, determinaron que se halla en un óptimo estado de conservación. La actuación arqueológica, según Pablo Rosser, permitió extraer la totalidad del mercante romano, que sesenta vasijas, varias de cenas de ánforas de aceite, parte de la bomba de achique, cestería, cordajes, redes, anzuelos y once lingotes de cobre, con un peso de 70 kilos. Además, se estimó que la posible causa del naufragio fuera una tormenta. Rosser confió en que su estudio de forma detallada permita descubrir nuevos datos sobre la vida en Lucentum hace 2.000 años.
También dijo que "es la primera vez que se realiza un estudio de este tipo en la Comunidad Valenciana porque nunca se ha excavado tan a fondo un barco romano. De hecho es la primera vez que se ha conseguido recuperar la carga que llevaba un pecio de estas características".
Navíos romanos grabados en monedas de la época.La importancia de los viajes en mar era tan grande que las naves desataban pasión y orgullo. Los largos viajes de las grandes rutas marítimas duraban años, y la sociedad de las ciudades costeras como Lucentum siempre tenía población viajando por el mar. Muchos de ellos nunca regresaban...
El Guanche tuvo que tener un aspecto similar al de estos barcos romanos.
Los restos de El Guanche, nombre con el que se bautizó al pecio del siglo I que se dedicaba al comercio entre La Bética y la costa alicantina, se encuentran sumergidos y protegidos para evitar su deterioro. No obstante, Rosser afirmó que se va a realizar en breve una nueva prospección «para confirmar unos datos en torno a la estructura del maderamen». Dicho proyecto, que ya ha recibido el permiso de Patrimonio, lo llevará a cabo el Centro de Arqueología Subacuática con la coordinación del COPHIAM gracias a fondos europeos. «Más que excavación estaríamos hablando de una toma de datos», destacó el arqueólogo.
Probablemente, en el futuro estos restos puedan ser expuestos para que todos podamos imaginar ese Alicante de hace 2000 años en el MARQ de Alicante. Gracias a que gran parte de la superficie del casco del barco (se conserva una superficie de 8,60m x 2,70m) se quedó enterrado en arenas fangosas con un bajo nivel de oxígeno, podría recuperarse esta madera, siendo tratada previamente, para ubicarlo en el museo.
Asímismo, en la zona se ha determinado que existe un auténtico parque arqueológico submarino, ya que con las prospecciones para instalar el nuevo emisario submarino, se han hallado restos fechados entre el siglo IV a. C. y el V d. C.
Las sospechas sobre la riqueza arqueológica que esconden las aguas de la bahía de la Albufereta se subestimaron, y con los últimos estudios subacuáticos desarrollado por la Consellería en 2005, se probó que el puerto de Lucentum fue el más importante que existió en Alicante desde el siglo II antes de Cristo hasta el final del Imperio Romano.
Tras las excavaciones que se hicieron en 2002 en el pecio "El Guanche", y los muelles portuarios de Lucentum que aparecieron tras las obras de acondicionamiento del barranco en 2005, se sabía que en las profundidades de estas aguas podía encontrarse más material portuario. Pero en ninguna de las cábalas que se hicieron, se esperaba un tesoro submarino como el hallado.
Según el arqueólogo que dirigió los trabajos de prospección, Carlos de Juan, "todas las rutas comerciales de la antigüedad hicieron parada en el puerto que se situaba en la Albufereta". El yacimiento submarino que posee más de 40 hectáreas y en el que se han hallado piezas fechadas desde el siglo IV antes de Cristo hasta el V d. C. En definitiva, un total de nueve siglos de historia portuaria.
Entre los centenares de piezas (que está catalogando el MARQ y la Consellería) se encuentra un fragmento de vasija griega inscrita del siglo IV antes de Cristo, prueba fehaciente de que en época del comercio griego este puerto alicantino tenía mucha importancia. También se han hallado ánforas grecoitálicas, provenientes de la zona sur de Italia (siglo III antes de Cristo); fragmentos de ánforas de la Roma republicana, denominadas Dressel Uno, y otras del Alto Imperio. A esto se le unen restos de vajillas de cocina tanto de Italia como del África Romana (Túnez).
Asimismo, según el arqueólogo alicantino, existen indicios de nuevos naufragios que se deducen por el encuentro de clavos de hierro. Esto se debe a que cuando la madera no queda protegida bajo tierra, la madera la devoraban los xilófagos, dejando sólo los clavos como testigos. Además se hallaron restos de la comida de los barcos que atracaban en la Albufereta, que permiten arrojar datos sobre las dietas del momento.
Todos estos hallazgos, fruto de 150 catas de sondeo, prueban que la Albufereta era un puerto donde se comerciaba, se reparaba, se abastecía y se realizaban paradas de descanso.
Muchas naves buscaron en la playa alicantina refugio por las buenas condiciones del mar que ofrecía el lugar, aunque algunas, llegaban demasiado dañadas y antes de arribar, se hundían en las proximidades.
En la zona se han hallado más de 80 monedas de plata y vellón, y una posible de oro, con la impresión IMP CONTANTINI AUG, con la efigie del empereador laureado, y varios modelos de reversos, siendo el de mayor abundancia el de Genio Populi Romani (Genio con patera haciendo una libación)
Incluso siglos después, en la misma zona se produjeron hundimientos en los barcos que partían desde Alicante o se dirigían hacia su puerto. En el mismo 2005, se hallaron dos nuevos pecios (de los siglos XV y XIX) en la costa del Cabo de las Huertas (uno de ellos el primer barco lapidario hundido del que se tiene constancia hasta el momento en toda la Comunidad Valenciana).
Esto es una evidencia más de que los fondos marinos de la bahía de la Albufereta, son un gran yacimiento arqueológico que debería protegerse y vigilarse de un modo especial ante la posibilidad del expolio.
El descubridor de los dos navíos (lo que le da el derecho de ponerles nombre) fue Jorge Mora, un profesor asociado de la UA y aficionado al buceo. Fue el pasado abril cuando en el transcurso de una sesión de submarinismo en la zona se topó con los restos de ambos naufragios, que no se encuentran a mucha distancia entre sí, según explicaron a este diario los miembros del equipo multidisciplinar encargado de la excavación subacuática.
Mora dio rápidamente parte del hallazgo a la Guardia Civil, cuyo grupo de buzos se desplazó al lugar y balizó la zona, y también lo comunicó a la Conselleria de Cultura, quien a su vez se puso en contacto con el MARQ ofreciéndole tomar las riendas de la investigación. Los responsables del museo pensaron enseguida en el Taller de Imagen de la UA para el trabajo de reconstrucción virtual del barco.
El pecio del Siglo XIX transportaba láminas de pizarra, y el del Siglo X, transportaba sillares de piedra. Ambos estarían vinculados con la construcción.
En el barco medieval se encontraron diversos fragmentos de cerámica, como una perolita de cocina de pasta rojiza y con esmalte interno, aunque la carga principal del barco, y probablemente la clave del naufragio, son dieciséis grandes piedras sillares de formas no homogéneas (una mala colocación de la carga, exceso de peso, corrimiento de las piedras, o quizás por un temporal...).
El yacimiento se encuentra a unos ocho metros de profundidad, muy cercano al litoral y justo enfrente de lo que siglos atrás fue una cantera en la que todavía hoy quedan huellas de aquella actividad. Tras la investigación, se propuso la realización de un trabajo de investigación urbana para conocer qué edificio histórico de Alicante presenta en su construcción la misma técnica de piedra labrada y que fue, por lo tanto, el frustrado destinatario de esa carga hundida.
La antigua cantera del Cabo de las Huertas, de la que se extraían las rocas calizas y se cargaban directamente en los barcos que fondeaban en cerca, para transportarlas a las ciudades cercanas. Probablemente utilizarían los actuales salientes de roca a modo de muelles. Puedes localizarla en nuestro Mapa de Panoramio.
El barco, de 14 metros de eslora y un peso cercano a las 20 toneladas, transportaba un cargamento que no era para una gran travesía sino para una zona próxima.
Para poder acceder al maderamen del barco y excavarlo (está enterrado en un 90%), los buzos utilizaron grandes globos hinchables de 500 kg cada uno para desplazar los sillares unos centímetros, con una operación muy delicada (pues pueden hacer efecto ventosa con lo que esté debajo de los mismos.
Independientemente de si los restos podrán exponerse o no, la reconstrucción virtual sí que fue posible gracias al excelente trabajo del Taller de Imagen de la Universidad de Alicante, que montó una animación a partir de 400 fotografías digitales.
El proceso de excavación comienza con la delimitación y montaje del yacimiento. Primero, limpiando la arena que cubre los restos mediante unos tubos que, gracias a una motobomba, actúan a modo de aspiradora. Esta tarea se tiene que repetir al inicio de cada jornada de trabajo si la noche anterior ha habido viento. El siguiente paso es la fijación de un bastidor rectangular que, en su parte superior, posee unas cuadrículas que dividen visualmente los restos por cada metro cuadrado. De este modo se puede configurar un fotomosaico digital que da una visión completa del aspecto del yacimiento, ya que bajo el mar no se tiene la misma perspectiva de conjunto.
Hoy en día, en las aguas de la costa española, se calcula que hay más de 3000 barcos naufragados de todas las épocas. Este tesoro sumergido es de un incalculable valor, y se encuentra ante el peligro del expolio de los coleccionistas y de las empresas caza-tesoros, que buscan hacer negocio con el patrimonio de todos. Si pudiéramos lograr que se invirtiera en la recuperación de estos restos, podríamos escribir mucho mejor nuestra historia, y admirar los restos de estos navíos en museos de arqueología naval. Fuentes:Bajo el Agua Ancient Ships: the ships of antiquity Galleria Navale Commentariola Hispaniae
Se reúnen cinco siglos de historia de las rutas de navegación en el mar Caribe
CIUDAD DE MÉXICO.-Un avance de 90 por ciento en el registro de los 68 sitios donde se han hallado vestigios de pecios de los siglos XVI al XXI, y que conforman parte del patrimonio cultural sumergido, han logrado efectuar especialistas en arqueología subacuática.
Esos expertos pertenecen al Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH-Conaculta) y su trabajo lo han llevado a cabo en la barrera arrecifal de Banco Chinchorro, en Quintana Roo.
En días pasados, especialistas adscritos a la Subdirección de Arqueología Subacuática (SAS) del INAH, concluyeron la más reciente temporada de exploraciones en esta porción del mar Caribe.
Allí, además de llevar a cabo el monitoreo de los sitios, se registró el hallazgo de un timón moderno, cuya antigüedad se calculó de mediados del siglo XX.
La arqueóloga subacuática Laura Carrillo Márquez, directora del proyecto Inventario y Diagnóstico del Patrimonio Arqueológico Sumergido en la Biósfera de Banco Chinchorro, informó que este hallazgo se suma al registro que desde 2006 se lleva a cabo en este lugar.
"Se trata de una pieza de 3.8 metros de diámetro acompañado de un cable de acero con una extensión aproximada de 4.5 metros, que concluye en la bita o poste del barco que sirvió para sujetarlo al muelle", agregó.
"Hemos deducido que este timón fungía como refacción y era parte de un cargamento de un navío contemporáneo", abundó la experta al referir que este reciente hallazgo -hecho a 20 pies de profundidad- complementa los trabajos de temporadas anteriores en las que se habían contabilizado 67 sitios arqueológicos.
En dicho número de espacios sumergidos se reúnen cinco siglos de historia de las rutas de navegación en el mar Caribe, representados en objetos aislados como anclas, timones, piezas de artillería, cerámica, y piedras de lastre, hasta restos de embarcaciones hundidas.
La elaboración de este inventario, puntualizó Carrillo Márquez, también permite dimensionar el valor histórico de este patrimonio sumergido, así como las acciones para su protección y conservación.
Así como el desprendimiento de estudios sobre el desarrollo histórico de la construcción naval, y los cambios en el diseño de embarcaciones a partir de restos de pecios de origen ruso, español, inglés, chino y estadounidense.
Entre otras de las labores realizadas en la reciente temporada de exploraciones en Banco Chinchorro, se hizo el registro fotográfico de los restos del navío Cuarenta cañones (siglo XVIII).
Así como la toma de muestras de materiales que servirán para monitorear los cambios morfológicos y factores de degradación, la erosión marina o la explotación turística del lugar, abundó Carrillo Márquez.
Mediante diversas inmersiones se realizó el registro subacuático, consistente en un levantamiento gráfico de cada uno de los 68 sitios sumergidos, a través de un croquis dibujado en el fondo marino sobre papel herculene o poliester, y su posterior procesamiento de información para la comparación de los datos obtenidos en anteriores temporadas.
En la exploración subacuática en Banco Chinchorro, con duración de 10 días, participaron las arqueólogas Vera Moya y Lisset Pedroza de la SAS; el historiador de la UNAM, Rafael Reigtcherde; el camarógrafo y fotógrafo Jerónimo Avilés y el arquitecto Octavio del Río, ambos del INAH.
Ellos, durante las inmersiones realizaron actividades específicas para el registro del inventario.
Además se contó con el apoyo del guardaparque Felipe Fonseca y el capitán José Enríquez, encargados de la operación del campamento ubicado en Cayo Centro, y la transportación marítima, ambos adscritos a la Comisión Nacional de Areas Naturales Protegidas (Conanp).
Los planos permiten referenciar de forma directa los sitios, los elementos que los integran (anclas, balas, cerámica, entre otros), para su consulta e interpretación por parte de los especialistas.
Entre los levantamientos gráficos elaborados se encuentran los de las áreas conocidas como El Angel, Clavazones del sur, Cuarenta cañones, La Anclita, Emily II, El Imposible, Ocho almas y El olvidado, entre otros.
A partir de los datos obtenidos, los especialistas de la SAS darán paso al seguimiento a formulación de cédulas, ordenamiento de base de datos y fotografías, búsqueda de información bibliográfica, así como la integración de expedientes al Sistema de Información Geográfica.
El inventario permite contar con un sistema de información actualizado sobre el patrimonio cultural sumergido, y sustentar el Programa de Manejo de Recursos Culturales Sumergidos, a cargo de la arqueóloga Adriana Velázquez, directora del Centro INAH-Quintana Roo.
La Reserva de la Biosfera de Banco Chinchorro, cuenta con una extensión de 144 mil 360 hectáreas; es un parque natural basado en el desarrollo sustentable y la conservación a cargo de la Conanp. Tiene una forma elíptica y presenta una gran laguna arrecifal en su interior, que incluye un banco arenoso de 46 kilómetros.
Cultura supervisa una veintena de zonas arqueológicas en el litoral malagueño y declara seis BIC para preservar el patrimonio subacuático - Yacimientos y pecios se incorporan al catálogo autonómico de bienes protegidos
El litoral malagueño ha sido surcado durante siglos por las distintas civilizaciones que se han asentado en este territorio. Los fenicios, procedentes de la costa libanesa, fueron los primeros grandes navegantes del Mediterráneo. Llegaron hasta Málaga, Cádiz y Huelva, entre otros enclaves andaluces, para fundar ciudades. Después cartagineses y romanos mantuvieron una fluida relación marítima entre la metrópoli y sus colonias. Batallas y tempestades enviaron al fondo del mar a muchas de aquellas naves. Acontecimientos incluso más recientes, como la guerra civil, han incrementado el material que se acumula en el fondo del Mediterráneo. Restos que han despertado el interés de los científicos y la codicia de los expoliadores.
Las autoridades tenían una cuenta pendiente con este patrimonio sumergido. Y 2009 ha sido su año. Después de muchos estudios, informes y proyectos, por fin se ha hecho realidad la esperada protección de los restos arqueológicos que se encuentran bajo el agua. En total, la Consejería de Cultura ha declarado 42 espacios definidos en las aguas continentales e interiores de Andalucía, mar territorial y plataforma continental ribereña de Andalucía como Zonas de Servidumbre Arqueológica.
Esta figura de protección se utiliza para ámbitos en los que se presume fundadamente la existencia de restos arqueológicos y se considera necesario adoptar medidas precautorias. Esto significa que los espacios aquí declarados no han sido todavía objeto de estudios arqueológicos detallados que permitan valorar con exactitud los restos arqueológicos y su estado de conservación.
En el litoral malagueño han sido 19 las zonas incluidas en esta figura de protección. Esto significa que cualquier intervención que se desarrolle en ellos tendrá que tener en cuenta la más que probable existencia de patrimonio arqueológico y tomar medidas al respecto. Será obligatoria la comunicación previa antes de realizar estas actividades a la Delegación de Cultura, que valorará cuáles son las medidas que se deben tomar para no dañar ese patrimonio.
Ríos y ensenada de Málaga
Dentro de estas zonas de servidumbre, las más destacadas corresponden a las desembocaduras de los principales ríos de la provincia, así como la ensenada de Málaga. En la desembocadura del Guadalhorce se ha localizado material cerámico de época fenicia y romana. Los restos fenicios se relacionan con la primera de las colonias que establecieron en la costa, Cerro del Villar, que se encontraba en una antigua isla situada en el centro del estuario, hoy ya desaparecida.
En la ensenada de Málaga son numerosas las noticias sobre naufragios, relacionados tanto con la actividad propia del puerto como por los episodios navales acontecidos a lo largo de la Historia.
En el río Vélez se ubicó un embarcadero fenicio. De esta época se tienen noticias de la existencia de un pecio, cuyos restos se encuentran a una profundidad de 31 metros. También en el río Algarrobo hay evidencias de un fondeadero y de la existencia de un tráfico intenso desde la antigüedad, por lo que es presumible la existencia de navío hundidos.
De época romana es la villa de Torrox, donde se conservan factorías de salazones, necrópolis y hornos. En esta zona se recuperaron materiales constructivos romanos y se extrajeron piezas de artillería.
En la costa occidental, en la desembocadura del Guadalmina aparecieron fragmentos de ánforas. Otras zonas de servidumbre arqueológica son el Fondeadero del Cristo, con un posible pecio de época medieval; El Padrón, donde se han localizado bloques de mármol tallados; Los Cañones, con restos de artillería; Puerto Banús, también con ocho cañones; Laja Bermeja, con cepos, ánforas y un pecio de época romana; Punta Chullera; la Rada de Estepona -donde encalló y se hundió el navío francés 'Marie Magdaleine' cuando era acosado por buques ingleses- y la desembocadura del río Guadalmina, entre otros.
Sanción económica y penal
Además, en el litoral malagueño se han declarado un total de seis BIC. Se diferencian de los anteriores en
que han sido localizados de forma fehaciente. Se trata pues de un patrimonio cultural que, por su ubicación y características, sufre grandes problemas de expolio difíciles de controlar por el medio en que se hallan. Con esta protección cualquier expolio o atentado contra estos restos arqueológicos será objeto de fuertes sanciones económicas, sin descartar la vía penal.
Como BIC están catalogados dos yacimientos y cuatro pecios. El yacimiento subacuático Caños del Saladillo está compuesto por distintas agrupaciones de cañones y bolas de munición. Y en el Faro de Calaburras se han documentado los pecios de las Columnas y de los Holandeses, así como varios cañones.
Entre los pecios, se encuentran el 'Isabella' (conocido como pecio de los Santos), una nave inglesa cargada de esculturas y columnas de mármol que encalló cerca de Torrequebrada en 1855; el pecio de la corbeta de crucero alemana 'Gneisenau', un barco escuela alemán que se hundió cerca del puerto de Málaga en 1900; el pecio de la Mezquita, un mercante de época púnica que transportaba una carga de ánforas y el pecio de los Mármoles, un yacimiento compuesto de unos 43 bloques de mármol de diversas formas.