domingo, 1 de agosto de 2010

Vacaciones arqueológicas

Rubén P. Atienza   01/08/2010
El campo de trabajo organizado por los responsables del Ecomuseu Cap de Cavalleria recibe durante la temporada turística a decenas de alumnos interesados en excavar el pasado de la Isla.



Alumnos. El grupo posa sobre la base de la casa romana que está excavando actualmente - Rubén 
Unas vacaciones diferentes en una Menorca diferente; una Menorca que está ahí, pero que por lo general no se suele vender muy bien fuera de la Isla. Se trata de un turismo vinculado a la vertiente cultural pero que no está etiquetado. Referirse a él como “turismo universitario” no sería acertado del todo, pero es la definición que más se aproxima para una oferta que existe desde 1996 en torno al Ecomuseu Cap de Cavalleria y que está directamente relacionada con el mundo arqueológico. La iniciativa arrancó con un modelo próximo al del campo de trabajo convencional con alumnos nacionales. En tres años llegaron a pasar alrededor de 400 personas, según explica el director del programa y máximo responsable del museo, Fernando Contreras. Tras un paréntesis de unos años dedicados a la investigación, el programa regresó en 2004, abriéndose la oferta al extranjero, en gran parte gracias al contacto con universidades americanas, y enganchando cada vez más últimamente con turistas-estudiantes europeos.

Durante estos días se encuentran disfrutando de la experiencia un grupo de procedencias y edades de lo más variado. El formato resulta atractivo por ser más académico que otros proyectos similares, pero principalmente por combinar formación y ocio. Hay clases teóricas y prácticas, horas de laboratorio y conferencias... pero también escapadas para ir a la playa y excursiones organizadas. Lo curioso del proyecto es que está abierto a todo el mundo, y en él participan tanto estudiantes de arqueología, como profesionales del medio o personas que jamás han tenido contacto alguno con el mundo arqueológico.

Un día compartiendo las actividades con todos ellos ha servido para averiguar, por ejemplo, por qué un estudiante es capaz de invertir el dinero de unas vacaciones en recorrer 7.000 kilómetros para excavar en un yacimiento romano una media de cuatro horas al día a pleno sol y con temperaturas que rondan los 30 grados. Ese es el caso de Henry, de 20 años y estudiante de la Universidad de Chicago. A él lo de la arqueología le viene de tradición, ya que su abuelo se dedicó a dicha ciencia. Uno de los motivos por los que ha decidido venir este verano es para perfeccionar un castellano que ya habla muy bien, pero principalmente porque el curso que está realizando se convalida como créditos académicos para la carrera de Historia que cursa. Explica, mientras se afana en limpiar de barro los restos de cerámica recogidos en la jornada anterior, que excavar en Estados Unidos, dadas las condiciones y la historia del país, resulta “muy complicado”.

Paraíso arqueológico

Sin embargo, Menorca es un paraíso para quien pretenda formarse en ese campo. Durante la dominación romana, la Isla contaba con tres ciudades importantes: las de Maó y Ciutadella a un nivel, y por detrás de ellas Sanitja, que ahora es la única que se puede excavar. Y según cuentan hay trabajo para otros cien años más... “Más o menos para cuando España haya conseguido su cuarto campeonato del mundo de fútbol”, bromea Contreras.

Cristina, una alemana de 51 años que vive en Londres y trabaja como profesora de idiomas, es una gran aficionada a la arqueología. La de Menorca es su segunda experiencia en ese campo, después de haber participado en un proyecto similar, “aunque menos académico”, en la Toscana italiana. Explica que la visita le ha servido para comprobar con sus ojos que “Menorca es mucho más que sus playas”, y en ese sentido lamenta que en su país no se promocione la Isla vendiendo otros atractivos que tiene, como el cultural.

Pero en realidad el espíritu del proyecto no pretende limitarse a recibir alumnos de fuera. “También nos interesa hacer cantera aquí y que la gente se implique”, explica Contreras, quien sostiene que otro de los objetivos que se persigue es “que la gente valore su patrimonio e identidad cultural”. Es por ello que a los menorquines se les ofrece la posibilidad de realizar el curso entero (20 días) de forma gratuita, aunque se trata de una oferta sujeta a que haya plazas disponibles. No obstante, son pocos los lugareños que se han apuntado al proyecto.

Entre los participantes de la sexta sesión de esta temporada (habrá diez) se encuentran también arqueólogos interesados en seguir formándose, o mejor dicho, interesados en conocer metodologías diferentes de trabajo, como es el caso de Patricia Martínez, una mejicana de 41 años residente en D.F. Explica la arqueóloga que pese a que el país azteca es un auténtico paraíso para excavar el pasado, a veces no resulta tan fácil. Como en el caso del resto de alumnos, Martínez conoció el proyecto de Sanitja a través de internet cuando buscaba la forma de añadir “horas de campo” a su currículum con nuevas experiencias.

Pero además de la red, otra de las vías que mejor funciona para publicitar el Archaeological Field School at Sanisera Roman City es el boca a boca. Resulta fácil entre las personas interesadas en un mismo sector compartir información, y en ese sentido las universidades se convierten en un foro perfecto. Algunas tan prestigiosas como la de Oxford, donde Fergus, de 18 años, estudia Ciencias Clásicas. Para él, aparte de los créditos académicos que obtiene, supone una forma diferente de conocer un lugar, aprender, y además formarse. Por su parte, Caterina, una noruega de 17 años, aún no ha decidido qué estudiará en la universidad, pero se ha embarcado en esta aventura ya que siempre se ha sentido atraída por la arqueología.

Menorca al detalle

La jornada comienza para los estudiantes a las 9 de la mañana, hora a la que abandonan su residencia en Ciutadella para desplazarse en microbús hasta el Cap de Cavalleria, “un enclave  que a buen seguro muchos de los turistas tradicionales se pierden”, confiesa Cristina,  entre ellos sus propios compatriotas, al optar por no salir de las urbanizaciones turísticas. La profesora de idiomas añade que conocer “un país con detalle” requiere a veces un esfuerzo que se recompensa con creces, como en su caso fue el de disfrutar de las fiestas patronales de los pueblos. Y es que los participantes en el campo de trabajo saben mejor que nadie que para conseguir lo que se quiere hay que profundizar un poquito y a veces escarbar bastante.

Fuente: http://www.menorca.info/

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